La antesala del pensamiento

Nuestra mente es un espacio infinito de libertad. Es tanta la libertad – toda – de la que disponemos a la hora de sembrar en ella – la mente – lo que queramos, que nos resulta realmente difícil asumirla.

Un niño crea incesantemente a voluntad todo aquello que su deseo espontáneo va generando. Su conexión emocional con el mundo es tan intensa que apenas distingue entre lo que está a un lado y otro de su mirada. La potencia de la experiencia de un niño es tan grande como la inmensidad que percibe más allá de su alcance.

Hemos creado una jaula de férreos barrotes desde la que observamos un mundo al que hemos cedido la mayor parte de nuestro poder.  De manera prácticamente inadvertida, hemos ido dando por hecho una serie de presupuestos limitadores, heredados la mayoría de ellos, y hemos depositado ese poder que nos pertenece dentro de los mismos, como si utilizásemos la mano propia para abofetearnos sin remedio.

Nos hemos conformado con tan poco… Vamos corriendo de un lado a otro constantemente, olvidando hasta el placer simple de respirar. Vamos saltando de un entretenimiento a otro, del teléfono móvil a la televisión, de la televisión al periódico, de la cháchara constante al agotamiento. Si paras en un parque a observar los árboles o el cielo, es probable que te consideren un loco o que simplemente piensen que esperas a alguien. No está de moda disfrutar de uno mismo.

Porque el mensaje subliminal que este mundo loco por consumir, por entretenerse, por huír del horror vacui, es que uno mismo no es suficiente. No basta ser. Poseer, tener, consumir, devorar, correr… La locura se ha normalizado.

Este es el problema, no hay otro. La falsa idea de que no basta con ser. La felicidad eternamente secuestrada.

La buena noticia es que esto es una gran mentira. Sólo ser es suficiente para la felicidad. El sabio del Tao Te Ching hace una poderosa pregunta: “¿Puedes disuadir a tu mente de su extravío y sostenerte en la unidad original?”. Una invitación en toda regla a recuperar tu propio poder y liberarte de las cadenas que uno mismo se pone.

La mente es un motor que funciona impulsado por ti mismo, guiado por ti mismo. El pensamiento es un poder que se nos otorga de nacimiento  y con el que jugamos la inmensa mayoría del tiempo como un bebé con un misil.

A lo largo de la historia ha habido millones de seres que han utilizado su pensamiento para liberarse de las cadenas, para sacudirse la limitación de sentirse pequeños y miserables. Casi sin excepción han sido tomados por locos.

Ciertamente la felicidad es nuestro estado natural. Detrás de cualquier atisbo de infelicidad se halla una noción limitante sobre nosotros mismos y el mundo. Y detrás de cualquier noción se halla nuestra libertad de elección, de pensamiento y acción. No hay excusa. Y es una grandísima noticia. Es un reto extraordinario que merece siempre la pena afrontar, día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo.

La experiencia de cualquier fenómeno no radica en el fenómeno en sí, sino en la interpretación que hagamos del mismo.

Desde lo más profundo de mi corazón, te deseo la felicidad más plena.

 

jaime trabuchelli

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