Identidad e igualdad

Kabir Sahib

Kabir Sahib con un discípulo

No hay filosofía más certera, más elevada y más sabia que la que propugna la conciencia de igualdad entre todos los seres humanos y en general, entre todo lo creado.

La igualdad trae paz, felicidad, solidaridad. Conlleva toda virtud, toda prosperidad, todo equilibrio. Muchos contradecirán este planteamiento argumentando que la igualdad puede traer miseria, abuso e infortunio. Aducirán que los totalitarismos han propugnado la igualdad en la miseria, acumulando unos pocos jerifaltes desprovistos de escrúpulos el bien que pertenece a todos. Otros dirán que la igualdad va contra la justicia, contra el beneficio del mérito, y que uno merece lo que su esfuerzo bien ha ganado, mientras que otros, arrastrados por la pereza no merecen más que lo que su inercia trae consigo: infortunio. Aun así, ¿quién no desea  benevolencia cuando comete errores, cosa de la que ninguno estamos exentos? ¿Qué sentido tiene toda tarea, todo progreso, si no va encaminado a enmendar todo posible error? Y, ¿qué tarea está al alcance de cada uno si no es la de mejorarse a uno mismo, dejando para todos los demás esa misma tarea? Conciencia de igualdad. No quieras para nadie lo que no quieras para ti mismo. La generosidad está en la raíz de todo progreso verdadero: nada es susceptible de verse transformado para bien si su impulso inicial no está impregnado hasta el tuétano de la maravillosa virtud de la generosidad. Todo ser humano posee esta capacidad, este tesoro, que es muy real y no una entelequia de la boca de charlatanes.

Armados de esta base sólida, que aporta confianza, convicción y claridad al discurso de la igualdad, podemos afirmar que todo movimiento identitario restrictivo y excluyente no hace sino ir contra la naturaleza más benéfica del ser humano. Transitan estos movimientos las sendas de la desconfianza, de la crítica indiscriminada, del enfrentamiento, del odio y del egoísmo más ciego. Se visten de esperanza, proyectando siempre en un futuro lejano e idílico todas las supuestas virtudes y beneficios que jamás llegarán, puesto que el miedo, parte consustancial de su génesis, siempre acompaña, como el hedor a la putrefacción, a toda empresa que necesite el rechazo al otro como fuente de energía.

Sin embargo, ¿no es cierto que en la crianza y educación de los hijos, la renuncia al egoísmo y el aprendizaje de la generosidad, del respeto y el amor al otro, la convivencia y el espíritu de servicio son los cimientos fundacionales de la familia y la comunidad? Del mismo modo, combatir todo movimiento identitario excluyente no debe ser jamás una tarea movida por el odio y el desprecio, sino una lucha cimentada en el diálogo, la firmeza, la pedagogía y la profunda confianza en que lo benéfico acaba convenciendo por sí mismo cuando no se cae en la tentación de utilizar medios de distinta naturaleza a los fines que se persiguen. Jamás nadie limpió una encimera con una bayeta sucia, por mucho que gritase a los cuatro vientos que nadie limpia con más ahínco y constancia que él.

Sin reflexión, sin contemplar en profundidad cuáles son las raíces de nuestras acciones, las motivaciones de todo lo que emprendemos, vamos como pollos sin cabeza. Por este camino despreciaremos la autoindagación puesto que nos confrontará con el hecho de que todos nuestros esfuerzos podrían ser en vano, y que todos los kilómetros recorridos eran en la dirección incorrecta. La confianza ciega, irracional, en los caminos del ego, no hacen sino aumentar irresistiblemente el volumen de nuestro sufrimiento. Varias guerras mundiales muy recientes ilustran de manera trágica esta verdad. Pero no son sólo los hechos los que aportan sabiduría al que los contempla, sino la reflexión profunda y sincera en su significado, sin dar por hecho jamás su comprensión.

Así que no bastan, jamás bastaron los titulares para entender una noticia, jamás basto el título para entender un libro, y jamás bastó mirar alguien a la cara para conocer quién es y cómo siente. Tampoco basta un pensamiento aquí y otro allá para conocernos a nosotros mismos.

Viene a mi mente y a mi corazón la figura inmensa de Kabir Sahib, el poeta místico más venerado en la India, que vivió en el S XV. Criado en una familia musulmana, siempre huyó de la adscripción a una religión en concreto. Toda su vida fue una alabanza a la naturaleza perfecta de todo ser humano, a la igualdad más sublime, y el rechazo a todo sectarismo de cualquier signo. Cantó sin descanso la unidad esencial de todo y todos, con gran belleza. El pone el foco en la tarea esencial, aquella que constituye el mayor reto de todo ser humano:

“Sé fuerte y vuélvete a ti mismo. Ahí te hallarás en tierra firme. Considera esto, ¡oh, corazón mío! No te vayas a ninguna otra parte”.

Poner freno a la mente y ver con claridad el propio corazón es verdadero conocimiento. A nadie le está vedada esta tarea. Esto es reflexión, sabiduría. Si no, nos quedamos anclados en titulares sin sentido, en caras sin alma, en una vida vacía y desprovista de sentido. ¿Que no está de moda, que esto es una utopía? Craso error.

La moda tiene un irresistible atractivo por transmitir una sensación de novedad, de viveza, de belleza recién nacida. Eso está bien. Pero el origen de la moda, de la creatividad, está en el corazón de cada ser humano. Una vez que eliminas todo prejuicio de tu mente y te estableces en su pureza original – un derecho de todos y cada uno de nosotros – te conviertes en el creador más original: tú eres la moda. Tu opinión tiene valor, tus propuestas son genuinas y tu vida adquiere un brillo único, inefable, maravilloso. Esta limpieza de tu mente hace que el respeto a todo y a todos surja de manera espontánea, natural, de ti. En realidad es algo muy natural y sencillo, que puedes ver a diario en un bebé, en las personas que te rodean cuando tienen un buen gesto hacia ti, en la naturaleza, en las nubes que dejan caer la lluvia de manera desinteresada, nutriendo nuestra existencia.

La conciencia de igualdad, un maravilloso antídoto contra la estupidez.

Que tenga usted un día maravilloso.

 

jaime trabuchelli

 

2 thoughts on “Identidad e igualdad”

  1. Sublime Jaime, qué importante tener coraje para ser nosotr@s mism@s y hablar nuestra verdad aunque no guste, aunque se nos señale con el dedo o aunque se nos crucifique.

    Y qué importante perder el miedo a hablar de amor, de paz y de solidaridad, huir de la moda de la coraza, y si hay que establecer una moda, que sean las del libre pensamiento y la compasión.

    Un fuerte abrazo y gracias por compartir tus reflexiones 😊

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