Leadercare

A menudo, en los tiempos antiguos, los líderes de la tribu eran elegidos por haber demostrado a lo largo de un tiempo prolongado un espíritu de servicio constante, un deseo de beneficiar a la comunidad a prueba de intereses personales. Este liderazgo es, como todas las cosas grandes y benéficas, algo sencillo y difícil de encontrar en las comunidades humanas.

Pero cada vez más nos encontramos una sensibilidad  creciente hacia este tipo de actitudes y un número cada vez mayor de personas que desde sus puestos de responsabilidad buscan nutrir, apoyar y acompañar a las personas que dirigen hacia una plenitud mayor en lo personal y en lo profesional. Está ocurriendo.

Es un efecto positivo de la ley de la competencia – alguno tenía que tener en términos estrictamente humanistas – el hecho de que al final se busque con ahínco un mejor resultado a largo plazo. Y es que no queda más remedio que tratar bien a un ser humano para conseguir que dé lo mejor de sí. El quid de la cuestión es en qué consiste “tratar bien a un ser humano”, cómo se materializan en el ámbito del trabajo en el que ahora nos centramos, los principios de respeto, amor, apoyo y fortalecimiento.

Las exigencias del trabajo son muchas. Invertimos muchas horas, muchos esfuerzos, ponemos nuestras capacidades en juego y renunciamos a muchas cosas en nuestra vida en pos de entregarnos a la tarea laboral. De todas estas cosas, el nuevo líder que emerge, es consciente en cierta medida, y partiendo de esta visión de la persona como ser inteligente y sensible, como un igual en todos los términos esenciales, es capaz de establecer una relación auténtica y de crecimiento, un compromiso de colaboración real, que supera a todas las formas tradicionales si no desde el punto de vista personal, sí desde el profesional y formal. Y es que cuando se conjugan todos los ceros de las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento acumulado en las últimas décadas con el uno primordial de la ética profunda e intemporal del corazón, obtenemos un escenario en el que los frutos son exponencialmente superiores a los obtenidos de cualquier otra manera vista antes. Todos esos ceros del avance en el conocimiento científico quedan inútiles, sin valor real, si no incorporamos, a su izquierda el gran uno del respeto básico, enraizado en la sublime conciencia de igualdad entre los seres humanos. Los complejos de superioridad en inferioridad, la sensación de alienación y separación que vienen de abandonar esta conciencia de igualdad, están en la base de toda infelicidad, y en el ámbito laboral, de toda ineficiencia.

Es por eso que la espiritualidad, la filosofía más elevada, son lo más importante también en el mundo de la empresa y las organizaciones. No hay cultura empresarial, clima laboral que prosperen y sean genuinamente buenos sin unos principios básicos enfocados a nutrir a la persona de manera integral. Todo esto tiene un sinfín de implicaciones estratégicas en el mundo de las organizaciones y se materializa en “artefactos” que a la larga se convierten en símbolos de una nueva cultura empresarial que regirá la vida laboral de muchas generaciones futuras.

leadercare

Lo que se consigue finalmente es que los productos y servicios de una compañía u organización que se rija por los principios de leadercare, serán productos y servicios con un valor añadido irresistible de calidad holística: productos y servicios buenos en todos los sentidos, surgidos de una compañía buena en todos los sentidos.

¿Líderes y empleados? Básicamente no. Evidentemente funciones distintas serán llevadas a cabo por personas distintas, con etiquetas diferentes. Pero lo más importante serán los principios y valores que inspiren a todos y cada uno de los trabajadores de tan loable organización.

Está ocurriendo.

 

jaime trabuchelli

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *