El preludio interminable

minion

 

A muchos de ellos les parece emocionante. El foco de atención, reunión aquí, reunión allá, sin parar de cobrar hagan lo que hagan. Políticamente hablando, es un paradigma. Digo la frase, “políticamente hablando”.

Porque políticamente hablando engloba todo aquello que no sigue la lógica común de las cosas sencillas. Alude a esa complejidad que sólo está al alcance de los que se entienden, políticamente hablando. Son las leyes de la levitación, de la bula para obviar lo importante, lo que es de cajón, para entrar en el reino de lo que no es de cajón sino de pliegue, de faltriquera, de escondrijo y bajo piedra.

La aberración que vivimos, la falta de generosidad que nos inunda, sólo se entiende políticamente hablando. Esta expresión es la desconexión segura de lo que está vivo y el seguro de vida de lo parasitario. “Políticamente hablando” configura el espacio insondable del preludio interminable, esa antesala del aire fresco de los optimistas, ese purgatorio de los que querrían querer creer, analogizando a Sabina, o ese infierno de los que piensan que el preludio no es tal, sino una condición permanente.

La expresión “políticamente hablando” es la que amputa el sentido de urgencia que mueve una vocación genuinamente política, de servicio público, y forra de moqueta la conciencia hasta insonorizarla por completo. Es lo que te lleva al Candy Crash en cualquier lugar de trabajo, ya sea la cámara baja, el chiscón, la mesa o el coche patrulla. Porque cuando uno esgrime la razón “políticamente hablando”, la relatividad absoluta valida lo invalidable y uniformiza lo más sublime con la máxima vileza.

“Políticamente hablando” nos lleva a unas terceras elecciones que prorrogan una recuperación urgente del maltrecho tejido social español. Pero al señor Sánchez no le parece que aporte nada positivo su abstención. Esa sobredosis política que ciega por completo al señor Sánchez y le aleja por completo de la realidad, es la que perpetúa una situación francamente indeseable para el conjunto de la ciudadanía.

Miren, Napoleón no era un demócrata como tampoco lo fue Lincoln. Tampoco creo que lo sea Rajoy, ni Rivera, ni Iglesias, ni Sánchez. Porque ser demócrata implica aceptar tu disconformidad con la mayoría con elegancia y generosidad, llegado el caso. Y hay muy poquitos seres humanos que estén en disposición de afirmar la cosa. No es nada fácil ser demócrata. Por tanto, asumimos ‘democráticamente’ una representación en el ejercicio de lo público sobre la que tenemos poquísimo control. Pero oigan, ni aceptando pulpo como animal de compañía podemos evitar que un bebé encorbatado se permita el lujo de ponerse cabezón, mientras millones de españoles sueñan con tener un trabajo que les permita llevar una vida digna.

 

jaime trabuchelli

Elecciones en España: el bufet del infierno

A medida que uno reflexiona sobre el tiempo político que nos ha tocado vivir en este país maravilloso que habitamos, se da cuenta de que lo que ve es exactamente lo que parece: una danza infernal de personajes desorientadísimos acerca de lo que está bien y lo que está mal. Y eso en el mejor de los casos; muchos ni siquiera consideran que haya unas cosas que estén bien y otras que estén mal, sino que se limitan a considerar lo que sirve a sus intereses y lo que no, sin plantearse siquiera la conveniencia de analizar si esos sus intereses son éticamente limpios o no.

Bienvenidos al bufet del infierno. Pueden ustedes elegir cuatro menús diferentes, principalmente. Lo siento, pero no podemos atender especialidades alimentarias, ni alimentos sin gluten ni siquiera exentos de alérgenos según. Verán, son menús cerrados y los alimentos vienen sin etiqueta, sin denominaciones de origen ni trazabilidad alguna.

Menú número 1: Pollo con Patatas (PP)

El pollo esta pasado de fecha, lo sentimos. Muchas de las papas están podridas. Es decir, sabemos que le va a sentar mal, que le va a producir vómitos, diarrea, fiebre y erupciones cutáneas. Pero en fin, lo más probable es que sobreviva; al fin y al cabo ya lo ha comido tantas veces que se ha familiarizado con los síntomas y hasta los ha llegado a considerar normales. Es un menú muy popular, por extraño que parezca.

Menú número 2: Pizza de Salami con Orégano y Espárragos (PSOE)

Es un menú raro. Los ingredientes de esta pizza no pegan ni con cola. Al principio parece que tiene buena pinta pero cuando le vas a hincar el diente está cruda, insípida y te quedas con hambre. El chef está muy orgulloso de su pizza, pero ni el maitre, ni los camareros ni la mayoría de los cocineros lo entienden. Cada vez lo piden menos.

Menú número 3: Potemos

Aquí no se trata de comer, sino de purgarse. En esta parte del bufet te dicen que este menú es para curarte si todos los demás menús te sientan mal, si eres intolerante a todo lo demás. Todos los alimentos son amargos a más no poder o muy picantes. Muchos están podridos pero como pican tanto no te das cuenta de entrada. Luego, cuando vas al baño, no sabes si te estás purgando o te has intoxicado nuevamente. El caso es que al final pierdes peso. Te ofrecen un postre – un final dulce lo llaman – pero lo cierto es que nunca queda.

Menú número 4: Castañas (C´s)

Muy completo el menú: de primero, sopa de castañas. De segundo, pollo con castañas – el pollo es del mismo proveedor que el primero -. De tercero, pizza de castañas – el secreto está en la masa -. De postre, un marrón glacé. Por cierto, son todas pilongas. Las buenas las esconden o las tiran a la basura.

Para beber, agua del manantial de antate, conocida como Agua Antate, distribuida por Esloquehay S.A.

Y eso que de la Escuela de Cocina patria salen unos cocineros magníficos. Pero en el lobby cerrado de los restaurantes del bufet, sólo llegan a chef los que no saben cocinar. Es extraño.

Los mejores doctores recetan resilientil, positivina y esperantina. La verdad es que a mí me van muy bien los tres. Conservo mi energía, mi mente está lúcida y no me siento pesado. Y, por cierto, desde que me llevo mi taper al restaurante me siento mucho mejor. Es lo que tiene haber trabajado ya en esas cocinas…

 

jaime trabuchelli

 

Identidad e igualdad

Kabir Sahib

Kabir Sahib con un discípulo

No hay filosofía más certera, más elevada y más sabia que la que propugna la conciencia de igualdad entre todos los seres humanos y en general, entre todo lo creado.

La igualdad trae paz, felicidad, solidaridad. Conlleva toda virtud, toda prosperidad, todo equilibrio. Muchos contradecirán este planteamiento argumentando que la igualdad puede traer miseria, abuso e infortunio. Aducirán que los totalitarismos han propugnado la igualdad en la miseria, acumulando unos pocos jerifaltes desprovistos de escrúpulos el bien que pertenece a todos. Otros dirán que la igualdad va contra la justicia, contra el beneficio del mérito, y que uno merece lo que su esfuerzo bien ha ganado, mientras que otros, arrastrados por la pereza no merecen más que lo que su inercia trae consigo: infortunio. Aun así, ¿quién no desea  benevolencia cuando comete errores, cosa de la que ninguno estamos exentos? ¿Qué sentido tiene toda tarea, todo progreso, si no va encaminado a enmendar todo posible error? Y, ¿qué tarea está al alcance de cada uno si no es la de mejorarse a uno mismo, dejando para todos los demás esa misma tarea? Conciencia de igualdad. No quieras para nadie lo que no quieras para ti mismo. La generosidad está en la raíz de todo progreso verdadero: nada es susceptible de verse transformado para bien si su impulso inicial no está impregnado hasta el tuétano de la maravillosa virtud de la generosidad. Todo ser humano posee esta capacidad, este tesoro, que es muy real y no una entelequia de la boca de charlatanes.

Armados de esta base sólida, que aporta confianza, convicción y claridad al discurso de la igualdad, podemos afirmar que todo movimiento identitario restrictivo y excluyente no hace sino ir contra la naturaleza más benéfica del ser humano. Transitan estos movimientos las sendas de la desconfianza, de la crítica indiscriminada, del enfrentamiento, del odio y del egoísmo más ciego. Se visten de esperanza, proyectando siempre en un futuro lejano e idílico todas las supuestas virtudes y beneficios que jamás llegarán, puesto que el miedo, parte consustancial de su génesis, siempre acompaña, como el hedor a la putrefacción, a toda empresa que necesite el rechazo al otro como fuente de energía.

Sin embargo, ¿no es cierto que en la crianza y educación de los hijos, la renuncia al egoísmo y el aprendizaje de la generosidad, del respeto y el amor al otro, la convivencia y el espíritu de servicio son los cimientos fundacionales de la familia y la comunidad? Del mismo modo, combatir todo movimiento identitario excluyente no debe ser jamás una tarea movida por el odio y el desprecio, sino una lucha cimentada en el diálogo, la firmeza, la pedagogía y la profunda confianza en que lo benéfico acaba convenciendo por sí mismo cuando no se cae en la tentación de utilizar medios de distinta naturaleza a los fines que se persiguen. Jamás nadie limpió una encimera con una bayeta sucia, por mucho que gritase a los cuatro vientos que nadie limpia con más ahínco y constancia que él.

Sin reflexión, sin contemplar en profundidad cuáles son las raíces de nuestras acciones, las motivaciones de todo lo que emprendemos, vamos como pollos sin cabeza. Por este camino despreciaremos la autoindagación puesto que nos confrontará con el hecho de que todos nuestros esfuerzos podrían ser en vano, y que todos los kilómetros recorridos eran en la dirección incorrecta. La confianza ciega, irracional, en los caminos del ego, no hacen sino aumentar irresistiblemente el volumen de nuestro sufrimiento. Varias guerras mundiales muy recientes ilustran de manera trágica esta verdad. Pero no son sólo los hechos los que aportan sabiduría al que los contempla, sino la reflexión profunda y sincera en su significado, sin dar por hecho jamás su comprensión.

Así que no bastan, jamás bastaron los titulares para entender una noticia, jamás basto el título para entender un libro, y jamás bastó mirar alguien a la cara para conocer quién es y cómo siente. Tampoco basta un pensamiento aquí y otro allá para conocernos a nosotros mismos.

Viene a mi mente y a mi corazón la figura inmensa de Kabir Sahib, el poeta místico más venerado en la India, que vivió en el S XV. Criado en una familia musulmana, siempre huyó de la adscripción a una religión en concreto. Toda su vida fue una alabanza a la naturaleza perfecta de todo ser humano, a la igualdad más sublime, y el rechazo a todo sectarismo de cualquier signo. Cantó sin descanso la unidad esencial de todo y todos, con gran belleza. El pone el foco en la tarea esencial, aquella que constituye el mayor reto de todo ser humano:

“Sé fuerte y vuélvete a ti mismo. Ahí te hallarás en tierra firme. Considera esto, ¡oh, corazón mío! No te vayas a ninguna otra parte”.

Poner freno a la mente y ver con claridad el propio corazón es verdadero conocimiento. A nadie le está vedada esta tarea. Esto es reflexión, sabiduría. Si no, nos quedamos anclados en titulares sin sentido, en caras sin alma, en una vida vacía y desprovista de sentido. ¿Que no está de moda, que esto es una utopía? Craso error.

La moda tiene un irresistible atractivo por transmitir una sensación de novedad, de viveza, de belleza recién nacida. Eso está bien. Pero el origen de la moda, de la creatividad, está en el corazón de cada ser humano. Una vez que eliminas todo prejuicio de tu mente y te estableces en su pureza original – un derecho de todos y cada uno de nosotros – te conviertes en el creador más original: tú eres la moda. Tu opinión tiene valor, tus propuestas son genuinas y tu vida adquiere un brillo único, inefable, maravilloso. Esta limpieza de tu mente hace que el respeto a todo y a todos surja de manera espontánea, natural, de ti. En realidad es algo muy natural y sencillo, que puedes ver a diario en un bebé, en las personas que te rodean cuando tienen un buen gesto hacia ti, en la naturaleza, en las nubes que dejan caer la lluvia de manera desinteresada, nutriendo nuestra existencia.

La conciencia de igualdad, un maravilloso antídoto contra la estupidez.

Que tenga usted un día maravilloso.

 

jaime trabuchelli

 

Leadercare

A menudo, en los tiempos antiguos, los líderes de la tribu eran elegidos por haber demostrado a lo largo de un tiempo prolongado un espíritu de servicio constante, un deseo de beneficiar a la comunidad a prueba de intereses personales. Este liderazgo es, como todas las cosas grandes y benéficas, algo sencillo y difícil de encontrar en las comunidades humanas.

Pero cada vez más nos encontramos una sensibilidad  creciente hacia este tipo de actitudes y un número cada vez mayor de personas que desde sus puestos de responsabilidad buscan nutrir, apoyar y acompañar a las personas que dirigen hacia una plenitud mayor en lo personal y en lo profesional. Está ocurriendo.

Es un efecto positivo de la ley de la competencia – alguno tenía que tener en términos estrictamente humanistas – el hecho de que al final se busque con ahínco un mejor resultado a largo plazo. Y es que no queda más remedio que tratar bien a un ser humano para conseguir que dé lo mejor de sí. El quid de la cuestión es en qué consiste “tratar bien a un ser humano”, cómo se materializan en el ámbito del trabajo en el que ahora nos centramos, los principios de respeto, amor, apoyo y fortalecimiento.

Las exigencias del trabajo son muchas. Invertimos muchas horas, muchos esfuerzos, ponemos nuestras capacidades en juego y renunciamos a muchas cosas en nuestra vida en pos de entregarnos a la tarea laboral. De todas estas cosas, el nuevo líder que emerge, es consciente en cierta medida, y partiendo de esta visión de la persona como ser inteligente y sensible, como un igual en todos los términos esenciales, es capaz de establecer una relación auténtica y de crecimiento, un compromiso de colaboración real, que supera a todas las formas tradicionales si no desde el punto de vista personal, sí desde el profesional y formal. Y es que cuando se conjugan todos los ceros de las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento acumulado en las últimas décadas con el uno primordial de la ética profunda e intemporal del corazón, obtenemos un escenario en el que los frutos son exponencialmente superiores a los obtenidos de cualquier otra manera vista antes. Todos esos ceros del avance en el conocimiento científico quedan inútiles, sin valor real, si no incorporamos, a su izquierda el gran uno del respeto básico, enraizado en la sublime conciencia de igualdad entre los seres humanos. Los complejos de superioridad en inferioridad, la sensación de alienación y separación que vienen de abandonar esta conciencia de igualdad, están en la base de toda infelicidad, y en el ámbito laboral, de toda ineficiencia.

Es por eso que la espiritualidad, la filosofía más elevada, son lo más importante también en el mundo de la empresa y las organizaciones. No hay cultura empresarial, clima laboral que prosperen y sean genuinamente buenos sin unos principios básicos enfocados a nutrir a la persona de manera integral. Todo esto tiene un sinfín de implicaciones estratégicas en el mundo de las organizaciones y se materializa en “artefactos” que a la larga se convierten en símbolos de una nueva cultura empresarial que regirá la vida laboral de muchas generaciones futuras.

leadercare

Lo que se consigue finalmente es que los productos y servicios de una compañía u organización que se rija por los principios de leadercare, serán productos y servicios con un valor añadido irresistible de calidad holística: productos y servicios buenos en todos los sentidos, surgidos de una compañía buena en todos los sentidos.

¿Líderes y empleados? Básicamente no. Evidentemente funciones distintas serán llevadas a cabo por personas distintas, con etiquetas diferentes. Pero lo más importante serán los principios y valores que inspiren a todos y cada uno de los trabajadores de tan loable organización.

Está ocurriendo.

 

jaime trabuchelli