Cinco meses después

“Qué alegría vivir, sintiéndose vivido”  Pedro Salinas

 

Fue sobre todo la ilusión política con mayúsculas lo que me impulsó a comenzar esta serie de artículos ya de años, bajo el título “Sin pensarlo demasiado”, que era una declaración de principios de frescura y no tanto, puesto que suponía también un compartir de lo posado y meditado durante décadas.

Después pasé por la molienda de la cloaca política, transitando las alcantarillas infectas del ansia de poder a cualquier precio, irrespirables. La catarsis de todo aquello requería de una heroicidad a la que mi espíritu no se veía inclinado. Sólo unos esfuerzos, no pequeños, acompañaron a mi irrelevancia personal. Sin embargo, hubo gran belleza en aquel impulso, aquella iniciativa colectiva de los que creímos – y aún creemos, al menos algunos todavía – en la bondad del hombre y los paraísos aterrizados. A eso no voy, no vamos a renunciar nunca.

Escribo hoy de nuevo movido por el afecto a esta fe, por el amor extraordinario que siento por todos aquellos que florecen en el estiércol de la inconmensurable mediocridad que arriba a nuestras costas y que pringa los diarios y telediarios. Allí andamos guarecidos, implícitos, en estas costas digo, filtrando como la arena, atravesados, una y otra vez, ese pringue que dije y me recorre, pero que nunca al fin alojamos.

Porque nada al fin y al cabo puede con la necesidad de lo bueno. Así que sigamos negando que lo vulgar sea irremediable, necesario, porque no hay mayor perversión que la pretensión de inmortalidad de la inmundicia.

Las mayorías sobrecogidas por la inercia y la pereza, por el desánimo, necesitan siempre minorías que abanderen, que lideren un ánimo incorruptible, unos valores resplandecientes que restauren la dignidad del día a día. Este es un discurso antiguo pero siempre nuevo, desgraciadamente muchas veces manipulado por odiosos fascismos, comunismos y extremismos sectarios en general. Pero al final uno se da cuenta de que en origen, sólo el verdadero deseo del bien común, que no cae jamás en la tentación de utilizar medios contrarios a los fines perseguidos, es legítimo portador de los valores perennes.

Puesto en palabras sencillas, que nunca consigan hacernos creer que el egoísmo pseudo político, que la incapacidad para la grandeza que hoy día muestran nuestros políticos – por mucho que el desfile de payasos internacional los hagan medio buenos a veces – sea la única alternativa posible. Estamos germinando.

Y es por eso que, contra todo pronóstico, proclamo mi absoluto optimismo en la resistencia. Como vosotr@s, de los que tanto aprendo.

Abrazos.

 

jaime trabuchelli