Usted se va a morir

Es una obviedad. Una obviedad huída por muchos y una lección de nacimiento de indudable valía.

La muerte es benéfica y necesaria. El sistema colapsaría si no muriésemos – está a punto de hacerlo de cualquier manera -. El equilibrio da la bienvenida a la muerte.

Todas las preguntas importantes de la vida surgen de esta realidad inamovible, la más democrática de todas. Todos vamos a morir. Es más: con el tiempo, nadie se acordará de nosotros. ¿Sabe usted el nombre de sus 16 tatarabuelos? Ni siquiera tras unas pocas generaciones nuestra propia familia se acuerda de nosotros.

Esta realidad demuestra lo poco trascendente que es todo lo material, incluído el cuerpo, por supuesto. La conservación del patrimonio cultural y artístico es el intento de conectarnos a la sabiduría de las generaciones anteriores, aprender de su experiencia. Pero lo primero es la reflexión sobre nuestra propia existencia, sobre lo que es importante y lo que es secundario en la vida y en la muerte.

La primera cuestión que me viene a la mente cuando pienso en la muerte es: ¿para qué vivir? Y después de la muerte, ¿qué? A la segunda pregunta que cada uno encuentre su respuesta, yo ya tengo la mía, pues no tengo ninguna duda de la trascendencia del alma. En cuanto a la primera, para mí resulta bastante ilustrativo observar las vidas de aquellos que han dejado un legado sustancial, importante. Aquellos que lograron mejorar la vida de las generaciones contemporáneas y las futuras. Sin duda Gandhi reflexionaba a menudo sobre el hecho de la muerte propia, y su vida fue un ejemplo de labor desinteresada, de búsqueda de sentido. Hizo cosas muy grandes anclándose en cosas muy sencillas.

Si usted es capaz de sostener en su mente el hecho de que va a morir, va a despertar de nuevo, en plena vigilia. Esta conciencia es como el fuego en la fragua: elimina la escoria y mantiene el metal puro, sin mezcla. Lo superfluo es visto como tal, y por tanto, es deshechado. Lo importante brilla con más fuerza, dotando a la vida de un sentido mucho más claro, una alegría mucho más viva y acciones más valientes y nobles.

La muerte, la gran incomprendida, es una magnífica maestra.

 

jaime trabuchelli

 

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