El entusiasmo contra todo pronóstico

La democracia es una conquista que no se sostiene por sí misma.

Como todo lo que no se riega o se cuida con suficiente esmero, se marchita, se desgasta, pierde su brillo y decae. En España, sobre todo a raíz de la crisis financiera que aún sufrimos, existe una conciencia generalizada de que algo no funciona, de que la política es más un problema que una solución. La sensación prevalente es que hemos recibido una herencia valiosa que no estamos sabiendo administrar. También hay una conciencia bastante generalizada de que el poder político carece de autoridad moral para cambiar el rumbo – y por tanto su voluntad es endeble y su proceder indolente – y que las alternativas que se presentan son una aventura poco consistente e incierta. Si no, no se explica que PP y PSOE sigan siendo las dos fuerzas más votadas después de lo que ha llovido.

Pero el tiempo sigue transcurriendo sin un viraje firme, sin una alternativa rotunda que muestre un camino claro y despejado para salir de este atolladero turbio en el que vivimos.

El problema – y la oportunidad – de base es que hemos perdido la esperanza de tener una vida, una sociedad feliz, extraordinaria, guiada por los valores más elevados, por la solidaridad, en la que cada detalle esté permeado por las mejores intenciones y todo brille. Las más altas metas son absolutamente necesarias para que el transcurrir de nuestro día a día merezca la pena, para que podamos educar a nuestros hijos con la satisfacción de que les estamos facilitando la mejor de las vidas posibles. Esto no es una utopía, esto no es una quimera. Esto es lo único que se debe mantener en el horizonte como objetivo real, como aspiración legítima, como derecho de nacimiento. Si nos derriban una y mil veces en este cometido, una y mil veces debemos levantarnos y seguir, porque invariablemente, todos los grandes logros de la humanidad se han cimentado en una tarea inicial, en una lucha original imposible a todas luces. Esta soledad pionera, este entusiasmo contra todo pronóstico, es lo que hace saltar nuestras lágrimas emocionadas en el cine, en un libro, en el arte. Por Dios bendito, esto es lo más grande que da la vida: el entusiasmo contra todo pronóstico.

castillo en el aire

Es por ello que hay que tener valor para descartar todos los espejismos, para no conformarnos en la tibieza, en la mediocridad, en el infierno de la falta de amor y respeto. Es por ello que hay que denunciar lo falso, la mentira interesada, a los profetas impostados, esta política barata que nos inunda de mensajes infectos, en la que la sinceridad, la honestidad, la nobleza, no tienen lugar.

¿Hemos tenido alguna vez en la historia de nuestra civilización una sociedad ideal? No lo parece. No tenemos constancia de ello, crónicas que revelen algo así. ¿Quiere decir esto que no es posible? En ningún caso. Decir que algo es imposible es un acto de envidia proyectada.

El espíritu del Quijote sigue vivo entre nosotros. Sigamos construyendo castillos en el aire; llegará un día en que lleguen al suelo y se disuelva la pesadilla.

 

jaime trabuchelli

 

jaime trabuchelli

 

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