Carta abierta a mis amigos y ex compañeros de Ciudadanos

Queridos amigos:

Muchos nos conocemos bien. Hemos compartido muchas cosas, muchos esfuerzos, ilusiones, sueños. Hemos trabajado juntos por un proyecto llenos de entusiasmo, de alegría, con la esperanza de poder sembrar un futuro mejor para nuestros hijos y nietos. Algunos hemos trabajado codo con codo desde hace años, cuando ni siquiera Ciudadanos era un proyecto nacional consolidado, cuando el futuro era bastante incierto y las expectativas muy modestas. No ha pasado mucho tiempo, pero parece que han transcurrido lustros, casi décadas, por la intensidad de acontecimientos que se han sucedido.

Lealtad

Hace ya seis meses que dejé el partido – me parecen años -, y conmigo muchos de vosotros también lo hicisteis. Muchos más entrasteis y formáis parte ahora del proyecto. Otros, bastantes, habéis sido expulsados o revocados. Sé muy bien que en muchos de los casos ha sido de manera injusta, simplemente porque os interponíais entre las hienas y el poder, porque teníais mucha más preparación, experiencia y capacidad de influir en otros por vuestra credibilidad. Sé muy bien cómo os sentís, porque aunque a mí no me expulsaron, es lo que hubiera acabado ocurriendo con toda probabilidad si hubiera permanecido en el barco, hablando alto y claro.

Pero hoy me quiero dirigir a aquellos que seguís luchando, a los que sufrís día a día las contradicciones de servir a un proyecto tan magníficamente dibujado como pésimamente enfocado a la hora de tratar a los afiliados y a la hora de imprimir un estilo de dirección coherente con los valores del ideario. A los que dais la cara, asesoráis, trabajáis pasando frío, atendiendo a la gente con paciencia, cariño e inteligencia, a los que dais vida a ese proyecto que otros, desde dentro y con cargos de gran responsabilidad, clavan puñales sin cesar. Sé lo que sufrís, luchando dentro y fuera, cosechando el amargo fruto de la ingratitud en vuestras filas y defendiendo lealmente aquello en lo que creéis de puertas afuera, callando los golpes recibidos en casa. Vosotras y vosotros tenéis todo mi cariño y gratitud, todo mi afecto, porque es un sacrificio solitario, que compartís sólo con los íntimos y que no está pagado con nada. Ojalá yo pudiera aunque sólo fuera un poco, aliviar esa pesada carga que lleváis heróicamente.

Vuestra ejecutiva no os merece. Yo lo sé bien. Pero no estáis solos. En todos los partidos sin excepción trabajan, casi siempre en silencio, personas muy grandes, nobles, con principios y capacidad de sacrificio. Personas que no están para figurar, sino de manera genuinamente altruista, siguiendo una vocación de servicio más allá de todo reconocimiento. Sí, ya lo sé; puede que no seamos perfectos y que busquemos un mínimo reconocimiento, al menos respeto al trabajo hecho, quizá que nos den una responsabilidad, un cargo como muestra de respeto a nuestra valía. Eso es humano; pero sé que nada de eso merecería la renuncia a ningún valor, ningún intercambio vergonzoso mediaría entre esa meta y vosotros, vosotras.

Algún día nuestro país merecerá que personas así estén en los gobiernos y en la oposición de manera mayoritaria, lo que significará que la calidad de nuestra democracia habrá alcanzado unos niveles extraordinarios y España tendrá un rumbo claro, firme y leal.

A todos vosotros, mi más profundo afecto, fuerza y gratitud.

 

jaime trabuchelli

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