Malos tiempos para la lírica

Ganar, ganar, ganar.

Ese era el lema de Luis Aragonés, gran entrenador, buen futbolista y empedernido jugador.

La ejecutiva de Ciudadanos, liderada por Albert Rivera, ha hecho suyo ese lema. Nada importa más que eso: ganar. Por mucho que intente esquivar las preguntas acerca de su hiperliderazgo y justificar su omnipresencia, su necesidad de orinar en cada árbol con soltura y naturalidad, no olviden una cosa: la mano de hierro de Rivera no tiene precedentes en democracia.

El grupo de wassap de dicha ejecutiva tiene un nombre muy elocuente: “la manada”. Imaginen quién es el macho alfa. A Rajoy le duró un disidente Elorriaga ocho años en el parlamento, a Sánchez le duró un Tomás Gómez unos meses. A Rivera no le duran ni una semana.

El concepto de Dharma de la tradición espiritual india es una de las cualidades más hermosas que pueden anidar en el espíritu humano. Básicamente consiste en realizar todas tus acciones con total desapego, como un canto a la rectitud, olvidando el resultado que puedan dar, absorto en ellas. La intención de tener éxito, enfocarse en un fin a la hora de obrar, no tiene nada malo. Cuando tu único objetivo es ganar, la rectitud corre un serio peligro; el ejemplo de Mourinho es muy ilustrativo.

El deseo de poder y el deseo de hacer un bien, de enriquecer a la sociedad, deben hallar un equilibrio óptimo. No todo vale. Es más, hay muchas cosas que no valen. Muchas cosas que se ven, y otras muchas más que no se ven, que ocurren tras bambalinas.

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Esta asignatura del Dharma no está actualmente disponible en el mundo de la política. El que la estudia por libre, dura un cuarto de hora. No estamos ante una obligatoria, ni siquiera ante una optativa; estamos ante un auténtico elemento disuasorio para prosperar en este ámbito.

“Las ratas corren por la penumbra del callejón…”

Malos tiempos para la lírica (Germán Coppini, que en paz descanse).

Aun así, finalmente, como dice mi amigo Miguel Angel Durá, las piedras se hunden y los corchos flotan. Algunos optarán por el posibilismo, y otros lo haremos por el paralelismo. Lo importante es que el corazón siga caliente y limpio.

 

jaime trabuchelli.

 

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