Ser

Si hay algo que ha impulsado la evolución del hombre a través de los siglos ha sido nuestra autoconciencia, nuestra capacidad de observarnos y romper los límites que un concepto estrecho de la identidad imponen a nuestra creatividad, nuestro conocimiento de la realidad y nuestra felicidad.

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La gran cantidad de información disponible gracias a los avances tecnológicos está enterrando nuestra capacidad de respirar, nuestra confianza en nosotros mismos más allá de todo contenido informativo externo. Si sumamos que la información que circula en su mayoría no nos aporta nada en nuestro desarrollo personal, la dificultad es aún mayor.

Los transtornos relacionados con la ansiedad y el vacío existencial se han agudizado enormemente en las últimas décadas, y no es de extrañar. Aquello que no se cultiva, que no se cuida, se marchita; y a la larga, muere.

El ser humano tiene un potencial extraordinario; es una maravilla de la naturaleza, capaz de los más asombrosos prodigios. La fascinación por sus creaciones, por el mundo externo, hasta el extremo de despreciar de manera insólita la soledad y la contemplación de uno mismo, muestra la profunda desconexión a la que hemos llegado con la fuente original de la felicidad. Afortunadamente la biología nos exige dormir, y en esas horas recuperamos nuestro cuerpo y nuestra mente, para de nuevo llegar exhaustos a la noche.

Frenar la actividad, cerrar los ojos, contemplar nuestro interior, aquietar la mente y deleitarnos en la serenidad de nuestro ser, es una necesidad básica a la que no nos podemos permitir el lujo de renunciar.

Van a llegar los días en los que medir la ansiedad y el desgaste de nuestro sistema nervioso formarán parte imprescindible de los chequeos periódicos. Enfermedades galopantes como el Parkinson o el Alzheimer y los transtornos autoinmunes – alergias – están íntimamente ligados a la calidad de nuestros ritmos interiores.

Es fastuoso cómo la filosofía occidental se ha dedicado a lo largo de los siglos casi en exclusiva a la contemplación de las ideas para explicar el mundo exterior y sus interconexiones, estableciendo los conceptos finitos y parciales como deidades en el panteón del saber. Poco o nada ha ocupado en su empeño el infinito poder de la conciencia y su capacidad de trascender la dualidad y ser fuente de toda salud y dicha. Para beber de esas fuentes de sabiduría nos vemos obligados a acudir a la filosofía oriental, especialmente a la tradición espiritual, mística de la India, representada en la Tradición Yóguica, el Advaita Vedanta y muy en especial el Shaivismo de Cachemira.

Las obras de Patanjali, Sankara, Ksemaraja, Abhinavagupta, Somananda, Kallata, escrituras como el Vijñana Bhairava, la Bhagavad Gita, los Shiva Sutras o la más reciente y extensa obra de Swami Muktananda y Swami Chidvilasananda, la recopilación de conversaciones de Nisargadatta Maharaj o los escritos de Ramana Maharsi, suponen un legado de incalculables proporciones que más tarde o más temprano acabarán trascendiendo como parte irrenunciable del legado de la humanidad.

La sabiduría debe tener la capacidad transformadora, catártica necesaria para aportar felicidad duradera; si no, evidentemente no es sabiduría sino conocimiento estéril.

El fundador de la empresa más exitosa de la historia, Steve Jobs, tenía como libro de cabecera “Autobiografía de un Yogi” de Paramahamsa Yogananda, un libro absolutamente rompedor en occidente, heredero de una tradición milenaria y transmisor de la más genuina experiencia del Ser.

Por alguna misteriosa razón hemos heredado la enfermedad del olvido de nuestra auténtica naturaleza. Es hora de recuperar nuestro derecho de nacimiento. El mismo poder que nos lleva a pensar que es imposible ser feliz es el que nos lleva a serlo. Ahí radica el ejercicio más sublime de la libertad.

Por lo demás, nuestra vida puede seguir siendo exactamente la misma, aparentemente.

 

jaime trabuchelli

Carta abierta a mis amigos y ex compañeros de Ciudadanos

Queridos amigos:

Muchos nos conocemos bien. Hemos compartido muchas cosas, muchos esfuerzos, ilusiones, sueños. Hemos trabajado juntos por un proyecto llenos de entusiasmo, de alegría, con la esperanza de poder sembrar un futuro mejor para nuestros hijos y nietos. Algunos hemos trabajado codo con codo desde hace años, cuando ni siquiera Ciudadanos era un proyecto nacional consolidado, cuando el futuro era bastante incierto y las expectativas muy modestas. No ha pasado mucho tiempo, pero parece que han transcurrido lustros, casi décadas, por la intensidad de acontecimientos que se han sucedido.

Lealtad

Hace ya seis meses que dejé el partido – me parecen años -, y conmigo muchos de vosotros también lo hicisteis. Muchos más entrasteis y formáis parte ahora del proyecto. Otros, bastantes, habéis sido expulsados o revocados. Sé muy bien que en muchos de los casos ha sido de manera injusta, simplemente porque os interponíais entre las hienas y el poder, porque teníais mucha más preparación, experiencia y capacidad de influir en otros por vuestra credibilidad. Sé muy bien cómo os sentís, porque aunque a mí no me expulsaron, es lo que hubiera acabado ocurriendo con toda probabilidad si hubiera permanecido en el barco, hablando alto y claro.

Pero hoy me quiero dirigir a aquellos que seguís luchando, a los que sufrís día a día las contradicciones de servir a un proyecto tan magníficamente dibujado como pésimamente enfocado a la hora de tratar a los afiliados y a la hora de imprimir un estilo de dirección coherente con los valores del ideario. A los que dais la cara, asesoráis, trabajáis pasando frío, atendiendo a la gente con paciencia, cariño e inteligencia, a los que dais vida a ese proyecto que otros, desde dentro y con cargos de gran responsabilidad, clavan puñales sin cesar. Sé lo que sufrís, luchando dentro y fuera, cosechando el amargo fruto de la ingratitud en vuestras filas y defendiendo lealmente aquello en lo que creéis de puertas afuera, callando los golpes recibidos en casa. Vosotras y vosotros tenéis todo mi cariño y gratitud, todo mi afecto, porque es un sacrificio solitario, que compartís sólo con los íntimos y que no está pagado con nada. Ojalá yo pudiera aunque sólo fuera un poco, aliviar esa pesada carga que lleváis heróicamente.

Vuestra ejecutiva no os merece. Yo lo sé bien. Pero no estáis solos. En todos los partidos sin excepción trabajan, casi siempre en silencio, personas muy grandes, nobles, con principios y capacidad de sacrificio. Personas que no están para figurar, sino de manera genuinamente altruista, siguiendo una vocación de servicio más allá de todo reconocimiento. Sí, ya lo sé; puede que no seamos perfectos y que busquemos un mínimo reconocimiento, al menos respeto al trabajo hecho, quizá que nos den una responsabilidad, un cargo como muestra de respeto a nuestra valía. Eso es humano; pero sé que nada de eso merecería la renuncia a ningún valor, ningún intercambio vergonzoso mediaría entre esa meta y vosotros, vosotras.

Algún día nuestro país merecerá que personas así estén en los gobiernos y en la oposición de manera mayoritaria, lo que significará que la calidad de nuestra democracia habrá alcanzado unos niveles extraordinarios y España tendrá un rumbo claro, firme y leal.

A todos vosotros, mi más profundo afecto, fuerza y gratitud.

 

jaime trabuchelli

El reinado de Juan Carlos I: el puente sobre aguas turbulentas

puente sobre aguas turbulentas

 

Hoy se cumplen cuarenta años desde la proclamación de Juan Carlos I como rey de España. El silencio institucional es ensordecedor: la jefatura del estado español no parece merecer la atención de nadie.

De nuevo me invade la sensación de que España es una mina de oro abandonada por sus dueños y gestores.

El veinte de noviembre acapara la conciencia colectiva, pero el veintidós, el hito que marca de manera indiscutible el comienzo de la nueva etapa, la verdadera génesis del relevo, de la era constitucional y democrática más larga y próspera de nuestra historia, no merece la más mínima atención en nuestro país. Si alguien busca un diagnóstico para esclarecer todo lo que debemos abandonar y todo lo que debemos abrazar, lo que ocurre hoy debería servir de manera completa e inequívoca. Nos obsesiona el fin de lo que fue y menospreciamos el inicio de lo que somos y seremos: todo es 20 N, nada es 22 N, porque sólo pensamos en el 20 D – elegía a la inmediatez miope -.

Casi nadie con un mínimo de lucidez, sensatez y gratitud, pasa por alto el papel fundamental que desempeñó Adolfo Suárez en todo el proceso de democratización y normalización institucional de España. Pero casi nadie, de nuevo, parece resaltar que un 3 de julio de 1976, el rey Juan Carlos I nombró presidente del gobierno a un joven de 43 años llamado Adolfo Suárez, desconocido por casi todos.

Ahora algunos ponen en duda el papel que un veintitrés de febrero de 1981 desempeñó el monarca, sin recordar como respiramos todos al presenciar su intervención en TVE 1 cerrando todas las puertas al golpismo reaccionario y anti democrático – este sí – que amenazaba con sumir a nuestro país en una nueva etapa de oscuridad, rencor y sangre. Yo no olvido.

La invisibilidad de su función como custodio de la normalidad de la alternancia democrática entre el centrismo, el socialismo y la derecha democrática, representando al defensa de los valores que nos unen a todos, significan a un hombre que, con todas sus debilidades bien conocidas y aireadas, ha dedicado su vida con indudable lealtad a la defensa de la democracia y la constitución mejor y con más éxito que ninguno de sus antecesores. No niego ninguno de sus defectos, carencias e irregularidades; en absoluto. Tampoco niego las que tenemos como sociedad ni las que existen en las instituciones. Pero un análisis sereno, leal y desde la conciencia histórica me lleva a afirmar, con total rotundidad, que hoy es un día que merecería una celebración por todo lo alto, un reconocimiento a todo lo que hemos logrado desde su génesis. Y no hay mayor hito en nuestra historia reciente para este origen que la proclamación del hoy rey emérito, Juan Carlos I. Todo lo demás, en mi opinión, es miopía, complejos y un superávit preocupante de paja ante un inexistente déficit de grano.

Si queremos saber adónde vamos, tenemos que saber de dónde venimos, lo que hemos logrado y gracias a qué. Si no, no hay luz ni sentido. No puedo dejar de recordar el famoso Bridge over troubled water de Paul Simon y Art Garfunkel para ilustrar lo que ha supuesto el reinado de Don Juan Carlos en nuestro país y llenarme de buenas sensaciones.

Yo veo luz, veo sentido y me siento muy contento y satisfecho por todo lo logrado por una generación que me supera en edad fundamentalmente, pero también de la mía y las siguientes, porque todos estamos en el mismo barco y seguimos remando.

Para seguir avanzando, para no caer en la complacencia y continuar aportando a las generaciones futuras, es obligado hacer un ejercicio de reconocimiento leal, honrar nuestro legado. Hoy es un día muy señalado en este sentido, y quiero, desde mi humilde tribuna, mostrar todo mi respeto y gratitud a estos cuarenta años extraordinarios de nuestra historia, en los que Don Juan Carlos ha desempeñado un papel sobresaliente, brillante en su imperfección y que trasciende a su persona. Persona que, nadie olvide, decidió abdicar en pro de un nuevo comienzo, cosa que es propia sólo de unos pocos que saben trascenderse por el bien común.

¿Defectos? Muchos. Yo también. ¿Virtudes? Muchas más.

Muchas gracias Don Juan Carlos, felicidades. Muchas gracias Felipe VI, felicidades. Enhorabuena a todos los españoles.

 

jaime trabuchelli

 

 

Paraíso

El fanatismo religioso –  e ideológico –  alimentan el discurso del odio al diferente con tal intensidad que a menudo, la historia nos lo recuerda trágicamente, desemboca en matanzas viles e inmisericordes.

Esto es algo que se ha repetido muchas veces: la Inquisición en el seno del cristianismo, el nazismo, el comunismo estalinista, el comunismo maoísta, las más variadas dictaduras militares, el actual yihadismo islámico y un largo etcétera.

fraternidad

Todos tienen en común el hecho de que comienzan el exterminio por el prójimo, el cercano: el vecino hereje, el vecino judío, el vecino zarista, el vecino no comunista, el familiar del otro bando o el musulmán pacífico y tolerante. Siempre igual. Luego, en la medida de sus posibilidades, van exportando el odio con las cruzadas contra los infieles, los países vecinos invadibles o los infieles europeos y norteamiericanos.

Este cáncer al que el ser humano es tan proclive proviene de un rechazo profundo hacia uno mismo. Al fin y al cabo toda experiencia yace en nuestro interior, es codificada en nuestro sistema, interpretada a la luz de nuestras creencias y hábitos. En la búsqueda intrínseca de sentido consustancial a nuestra naturaleza, los espejismos que muestran sacrificios necesarios para llegar al ideal, son extraordinariamente peligrosos. Es de nuevo la gran contradicción: el uso de medios de naturaleza distinta a los fines que se persiguen. A la paz por la guerra y la agresión, al bienestar mediante la violencia para arrebatar al otro sus bienes, al paraíso por el camino de la sangre, a la pureza mediante el exterminio.

Para dar el salto de cerrar los ojos a la barbarie en aras de un bien futuro máximo, hacen falta tres ingredientes: desesperación, ignorancia y envilecimiento. Una persona ignorante, desesperada y envilecida difícilmente siente que tenga algo que perder. Una persona en estas circunstancias está lista para caer en las garras de cualquiera de estos monstruos oscuramente iluminados para los que la vida de un ser humano no vale nada comparada con sus delirios de grandeza.

La cuestión que se nos presenta en la sociedad civilizada es saber si en tiempos de paz y prosperidad hemos sido capaces de sembrar unos valores suficientemente sólidos como para responder con autoridad moral, intelectual, espiritual y física ante el reto global que se cierne sobre todos nosotros.

El yihadismo islámico es la cara más feroz, miserable y cruel de la degeneración ética a la que es capaz de llegar el ser humano.

¿Seremos capaces de aprender a transformar este planeta en un paraíso, para que ningún monstruo pueda vender sus falsos edenes en el mercado de la ignorancia, la desesperación y envilecimiento?

Estoy convencido de que lo somos.

Un abrazo y mucho ánimo a tod@s.

Con gran respeto y amor,

 

jaime trabuchelli

What terror will never be able to achieve (@DavidJimenezTW , El Mundo, Editor in Chief)

DavidJimenez
David Jiménez, El Mundo Editor in chief.
For some time I ran Koranic schools in Afghanistan, Pakistan or Indonesia, moved by my inability to understand Islamic terrorism. He had covered for regular attacks in the three countries and interviewed victims. He wanted to know why someone had put a belt of explosives into a nightclub and massacre people I did not know anything and that nothing had been done.I found an answer in Al Mukmin, a Javanese without resource center where parents left their children to receive an Islamic education. Everything could be explained in one word: fear. Beyond the Koran or virtue, which was to inculcate students was fear. Fear of the West, which the teachers wanted to destroy their community. Americans fear, outrage seeking their mothers and sisters. Fear of those who were not Muslims who conspired to crush their religion. Gradually, those guys had-not, of course, girls, learned to dehumanize the imaginary enemy. And so until converted into real, they were convinced that there was something heroic about eliminating it.The boy had been transformed into a terrorist.

 

The effectiveness of indoctrination was demonstrated in the fact that most participants in the slaughter of Bali, where more than two hundred people died in 2002, had studied in school Al Mukmin. There was no improvisation in efforts to raise that factory extremists, but ideology. Totalitarian in its determination to impose their religion to the world; racist, believing that they were touched by an unattainable purity for other believers; and fascist in its ambition to consolidate absolute power where reason must submit to the supreme leader. These organized the suicide bombings, but never volunteers for martyrdom are presented. Paradise for them could ever hope for.

Precisely because it is an ideology, and is transmitted from childhood, Islamofascism is so difficult to eradicate. In recent years it has been fed by war, the disastrous interventions allies in Iraq, Afghanistan and Syria and frustrations of an Arab spring that never was. But also for the advancement of what Salman Rushdie described as “a paranoid version of Islam” that because of all evil infidels, isolated communities tightly so that they are not “contaminated” and seeks to alter the values ​​of society that despises , something that can never be achieved in a country like France.

Citizens of Paris on Friday left the Stade de France singing ‘La Marseillaise’, while the capital was under siege and his compatriots died riddled were saying just that the perpetrators of the attacks: you are very little compared to people who wrote the Declaration of the Rights of Man and of the Citizen in 1789; your enlightened are insignificant in the country of Joan of Arc, de Gaulle, Pasteur or Voltaire; the crimes of how proud you feel they are unable to alter the foundations of the Republic. “You can hurt, yes, but do not have no chance of winning,” they seemed to sing the French in their sad and proud way.

I felt some envy as I watched the video, how different it seemed all the atmosphere that followed the attacks of March 11 in Madrid. The Spaniards have defeated ETA, largely thanks to the courage of police, councilors and journalists who refused to be overcome by fear. Also because we understand violent than ever weaken our hand to blackmail, we strip them of legitimacy even to his supporters, we were relentless in applying the law and we remained united even in the most difficult moments. 11M if the memory is still so painful, beyond the memory of the victims, it is because, when we lived the moment that is happening France, we were unable to set aside the two Spains. It is a lesson that must accompany us on, because the battle will be very long and can only be won if we stay together, inside and outside Spain, alongside those who are not willing to give in to terror.

David Jiménez
@DavidJimenezTW
Editor in Chief “El Mundo”
(Traducción Jaime Trabuchelli)

Malos tiempos para la lírica

Ganar, ganar, ganar.

Ese era el lema de Luis Aragonés, gran entrenador, buen futbolista y empedernido jugador.

La ejecutiva de Ciudadanos, liderada por Albert Rivera, ha hecho suyo ese lema. Nada importa más que eso: ganar. Por mucho que intente esquivar las preguntas acerca de su hiperliderazgo y justificar su omnipresencia, su necesidad de orinar en cada árbol con soltura y naturalidad, no olviden una cosa: la mano de hierro de Rivera no tiene precedentes en democracia.

El grupo de wassap de dicha ejecutiva tiene un nombre muy elocuente: “la manada”. Imaginen quién es el macho alfa. A Rajoy le duró un disidente Elorriaga ocho años en el parlamento, a Sánchez le duró un Tomás Gómez unos meses. A Rivera no le duran ni una semana.

El concepto de Dharma de la tradición espiritual india es una de las cualidades más hermosas que pueden anidar en el espíritu humano. Básicamente consiste en realizar todas tus acciones con total desapego, como un canto a la rectitud, olvidando el resultado que puedan dar, absorto en ellas. La intención de tener éxito, enfocarse en un fin a la hora de obrar, no tiene nada malo. Cuando tu único objetivo es ganar, la rectitud corre un serio peligro; el ejemplo de Mourinho es muy ilustrativo.

El deseo de poder y el deseo de hacer un bien, de enriquecer a la sociedad, deben hallar un equilibrio óptimo. No todo vale. Es más, hay muchas cosas que no valen. Muchas cosas que se ven, y otras muchas más que no se ven, que ocurren tras bambalinas.

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Esta asignatura del Dharma no está actualmente disponible en el mundo de la política. El que la estudia por libre, dura un cuarto de hora. No estamos ante una obligatoria, ni siquiera ante una optativa; estamos ante un auténtico elemento disuasorio para prosperar en este ámbito.

“Las ratas corren por la penumbra del callejón…”

Malos tiempos para la lírica (Germán Coppini, que en paz descanse).

Aun así, finalmente, como dice mi amigo Miguel Angel Durá, las piedras se hunden y los corchos flotan. Algunos optarán por el posibilismo, y otros lo haremos por el paralelismo. Lo importante es que el corazón siga caliente y limpio.

 

jaime trabuchelli.

 

El Proceso: el español o Josef K.

La sublimación artificial de las cosas para escapar al análisis crítico ha sido históricamente la herramienta principal de los déspotas para establecer los dogmas con los que implementan su dominación.

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Una de las frases más utilizadas – me resisto a darle la categoría de idea – por los independentistas de la emoción excluyente y tuerta, es aquello que repetía hoy Carmen Forcadell: “ El proceso está por encima de cualquier persona”. Esto es una afirmación equivalente a decir que el proceso es “El Ser”, y cualquier individuo es un ego mortal, ínfimo y molesto, irrelevante. Eso sí, unos más que otros, ¿verdad?

Quizá el documento que mayor categoría moral tenga reconocida hoy día en el mundo sea la declaración universal de los derechos humanos. Fíjense que sitúa los derechos de los individuos por encima de cualquier otra norma o derecho, sin mencionar en ningún extremo nada que esté por encima de cualquier persona. Muy revelador.

Cualquiera que lea los catecismos comunistas, fascistas o de cualquier corriente totalitaria, observará esta tendencia a la sublimación, al imperio de los grandes ideales por encima de los míseros mortales – usted y yo -.

La independencia como la tierra prometida, como la solución de todos los males, como la expiación del pecado original, como el satorí, el samadhi, la iluminación, la culminación de todos los anhelos. El fin de la peste del españolismo, del saqueo, la falta de respeto, la humillación secular, el abuso, la contaminación, la mancha en el alma.

“No hombre no, no es para tanto”. Dicen luego. Pero después en los mítines reproducen este ideal de manera explícita y subliminal, ya saben. Las banderas esteladas ondeando y las españolas a la basura, quemadas, ocultadas, odiadas. La guerra de los símbolos, que encierran y simplifican todo, la negación sin discriminación, la sinrazón, el odio y la manipulación. Esto es el fanatismo nacionalista.

Es un juego muy antiguo, muy mezquino, miope y, sobre todo, muy peligroso. La simplificación extrema para mover a las masas con dos botones: pulgar hacia arriba, pulgar hacia abajo. Los seres humanos como chips, como ceros y unos del código máquina.

Si algo hemos aprendido – o estamos aprendiendo – como civilización es que caminar unidos, sin rupturas, sin sectarismos, es la vía para la resolución de cualquier conflicto. Escudarse en las ideas pomposas, grandilocuentes, altisonantes, para dividir familias, amigos, ciudadanos… constituye un viaje hacia el desastre.

Pero ahí está su emoción, su sentido, donde las razones no pesan, donde la prudencia es desterrada por el frenesí. Esto es un mapa completo de lo que los anglosajones llaman “infatuation”.

La paradoja es que no aprenderán, porque no prosperará este “prusés”, y quedarán con la idea romántica y la esperanza de materializarla algún día. Sólo aprendieren de su “éxito”.

jaime trabuchelli

El quinto poder

No hay marcha atrás. La sociedad del conocimiento ha supuesto, está suponiendo y supondrá, una evolución exponencial de la humanidad en un sentido antes desconocido.

Las áreas del conocimiento son múltiples, quizá incontables, y el poder que adquiere un ser humano consciente de las perspectivas que abre ante sí el saber,  es un hecho que jamás había sucedido a escala semejante.

Descubrir las posibilidades que despliega esta revolución del conocimiento, es un reto tan complejo y fascinante como lo es la ciencia aplicada. Los campos en los que un individuo puede desarrollarse son infinitos, objeto ellos mismos de la creatividad, y es por eso que el fenómeno de la satisfacción humana, a medio y largo plazo – sobre todo esto último – va a suponer un elemento de vital importancia en todos los ámbitos, mucho más de lo que lo ha sido a lo largo de nuestra historia.

Sri Aurobindo

Sri Aurobindo Ghose

La base del desarrollo social, económico y cultural, encuentra su raíz en la satisfacción de las clases medias, que van a aumentar de manera extraordinaria en los próximos lustros – sobre todo en Asia -, y la sofisticación creciente y cada vez más colectiva de los individuos, se encamina hacia elementos que confluyen más con la espiritualidad  y menos con la ostentación, vacía de valor.

Las preguntas eternas de la filosofía perenne cobran cada día más vigor; cada año que pasa la urgencia de los seres humanos contemporáneos por explorar su identidad y la naturaleza de la felicidad, que parece escapar como agua entre las manos, es mayor.

Parece que el avance tecnológico ya se está aventurando en el terreno de nuestros pensamientos, emociones y recuerdos, y se está investigando el registro, la codificación y grabación de nuestro mundo interior. Este es un sueño que viene de lejos y que no tardará en hacerse realidad. Ahora bien, nuestra conciencia, el dominio de nuestros sentidos y la capacidad de introspección que estabiliza nuestro universo interno, van a revelarse como aspectos imprescindibles para este proceso de objetivación incipiente. Vamos, que si la persona objeto de la grabación no es capaz de poner cierto orden en su magma interior como para que la foto no salga borrosa, la calidad de los registros puede ser francamente decepcionante. Y no quiere decir esto que la percepción del individuo sea defectuosa necesariamente, sino que las herramientas elaboradas a tal efecto por los desarrolladores, aun relativamente impresionantes, pueden no ser capaces de decodificar el contenido hallado en determinadas circunstancias.

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Sócrates

Este ejemplo que he traído con toda la intención, revela como ningún otro el hecho de que el poder de cada individuo responde a una conciencia que escapa a sometimientos, a desequilibrios rudos y tumorizantes que con alta frecuencia ejercen los cuatro poderes que rigen el dibujo contemporáneo sobre el lienzo del poder económico. Del mismo modo, esta misma conciencia refleja en su pantalla la náusea que la acumulación vacía y la indiferencia ante el mal ajeno, produce en un ser humano tarde o temprano en su vida, y que está en la base de toda iniciativa ética y socialmente responsable. El desarrollo de la “Economía del Bien Común” impulsada por Christian Felber es un exponente muy ilustrativo de esta tendencia, pero ni mucho menos el único.

El estructural empuje de este “Quinto Poder”, representado por personas, coordinadas o no, independientes de todo interés espurio y altamente comprometidos con los valores esenciales que suponen la verdadera fuente de energía limpia de la humanidad, es cada vez más visible.

Einstein

Albert Einstein

Aunque algunos se resistan a aceptar la conexión fundamental e insoslayable que existe entre progreso sostenible y valores éticos – filosofía perenne -, la realidad se impone.

Como decía la abuela gallega de mi amigo Raúl, “si el pícaro supiera las ventajas de ser bueno, por pícaro sería bueno“.

Los corazones limpios siempre llegaron antes a la sabiduría que las pomposas inteligencias. Sus ojos están libres de las cataratas de la vanidad.

jaime trabuchelli