Luces y sombras de Occidente

En una reciente entrevista, el Coronel Pedro Baños un reputado especialista español en estrategia y geopolítica, nos recordaba una serie de cuestiones clave para entender y poner en perspectiva el problema del Ejército Islámico (EI) y la dimensión de la amenaza.

Nos recuerda cómo el EI lo crean los servicios secretos turcos y la monarquía saudí, con la intención de derrocar al régimen de Bashar Al – Assad, importando un temible ejército de sunitas bien preparados y entrenados militarmente – parte del derrocado régimen de Sadam Hussein -, prontos para luchar de la horrenda y despiadada manera que conocemos, y tumbar un régimen sirio enormemente tolerante en lo religioso – laico, para más señas -.

Putin y Bashar al Asad

Vladimir Putin & Bashar Al – Assad

Hace algo más de un mes, el propio Bashar Al – Assad envía un mensaje a occidente diciendo que si de verdad quiere luchar contra ISIS pueden empezar por no apoyar regímenes terroristas. Casi al mismo tiempo, es interceptado en Grecia un barco con bandera boliviana con armas rumbo al Ejército Islámico. No podemos obviar si embargo que el dictador sirio ha estado apoyando a grupos terroristas como Hizbulá, y que su propio régimen ha resultado brutal y despiadado, no sé si llegando a los extremos de sus actuales enemigos, pero la verdad, llegado a determinados niveles, se me acaba la vara de medir.

Lo que resulta realmente vergonzoso es que un problema de este calibre se esté utilizando como arma arrojadiza en los debates políticos de los principales países europeos, y el problema de la inmigración esté empezando a poner de relieve el “qué hay de lo mío” en las comunidades locales.

El ser humano tiene una memoria muy frágil. Después de varias generaciones en paz, sin conflictos y sin tiranías, damos por hecho demasiadas cosas y nos lanzamos al análisis y la evaluación de las circunstancias ajenas con un clamoroso déficit de perspectiva. Hablamos de cómo es posible acoger a los refugiados, darles techo y sustento cuando no somos capaces de ofrecer lo mismo a nuestros compatriotas necesitados. ¿Acaso conocemos en nuestra “Unión” Europea los estragos de la guerra? Muchas generaciones, entre las que se encuentra la mía, afortunadamente no. ¿Acaso podemos hacernos una idea de lo que supone meter a nuestros bebés en un bote mísero para cruzar un mar del que pocos salen vivos, pagando una fortuna a una mafia de delincuentes que no sabes bien si te van a ayudar o a tirarte al mar ante la más mínima inconveniencia? No lo creo. ¿Acaso sabemos, alguno de nosotros, lo que supone escapar de unos monstruos carniceros capaces de decapitar a niños, torturar hasta el infierno más inimaginable a cualquier ser humano, por el hecho de no ser musulmán de la manera ignominiosa en la que ellos dicen serlo? No. En absoluto.

De estos hechos podemos extraer fácilmente dos conclusiones de largo alcance. En primer lugar, acometer una guerra como la de Irak, por intereses económicos camuflados de falsas acusaciones, ha conllevado terribles consecuencias. El entorno del defenestrado Sadam Hussein conforma hoy el núcleo duro del Ejército Islámico. Como bien señalaba George Friedman en un artículo publicado hace un año, los países creados artificialmente por Francia y Gran Bretaña hace cien años en el tratado de Sykes-Picot han resultado desastrosos. En el caso de Irak, la mezcla de tres diferentes etnias enfrentadas histórica y encarnizadamente, nos recuerda el triste ejemplo del conflicto en el estado de Israel y, salvando las distancias, a los desequilibrios que la Unión Europea ha acabado provocando en Ucrania con su excesivo intervencionismo, y que ha resultado en una crisis con una nada inocente Rusia de Putin, en lo que constituye hoy día el principal problema de seguridad al que nos enfrentamos en Europa, y por extensión, como bien nos ha enseñado la historia, en el mundo.

georgefriedman

George Friedman

En segundo lugar, la sociedad occidental parece haber perdido la perspectiva de análisis. Somos casi incapaces de realizar las más básicas distinciones en relación al sufrimiento humano. ¿Acaso no podemos distinguir entre la situación que puede atravesar una familia española en la que todos sus miembros se encuentran sin trabajo – un drama, sin lugar a dudas – y un refugiado huido milagrosamente de una guerra y ,de nuevo, milagrosamente superviviente de una travesía suicida, con bebés incluidos?

Afortunadamente tenemos un papa que habla alto y claro, y actúa en consecuencia con unos principios cristianos que, le pese a quien le pese, constituyen la base ética de la civilización occidental y las democracias que han logrado las mayores cotas de bienestar conocidas por la humanidad. Nos recuerda que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, referente fundamental de todas las constituciones genuinamente democráticas, no tiene ideología.

El gran logro de occidente ha sido la conquista de los derechos y libertades de la gente común. Gracias a ello, lidera el mundo. Si olvidamos de donde viene nuestra prosperidad, nuestra fuerza, todo se vendrá abajo. El mundo no se lidera con escuadra y cartabón, con mapas y números. El mundo son personas, y las personas sólo se conmueven ante quien encarna los valores humanos más profundos.

 

jaime trabuchelli

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