La herencia incomprendida

Si atendemos al significado etimológico de la palabra “filosofía”, “amor a la sabiduría”, podemos entender de un plumazo todo lo que ocurre en el mundo. En nuestro tiempo, lo que parece primar no es el amor a la sabiduría, sino la búsqueda de la rentabilidad, en el sentido más material y crematístico del término.

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          Swami Vivekananda

Lo que ocurre es sencillo: hoy día se considera alcanzado el objetivo de la vida cuando hallas estabilidad emocional y laboral. Cuando surgen problemas en el trabajo o en nuestras relaciones afectivas, todo parece tambalearse. Sin embargo, la necesidad innata de alcanzar la plenitud en la vida es algo irrenunciable, que el ser humano, consciente o inconscientemente no está habilitado para desoír: nuestra naturaleza nos reclama.

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       Paramahamsa Yogananda

Los caminos que la filosofía, las religiones, los místicos y toda clase de senderos establecidos para recuperar esa conexión esencial con nuestro ser, se han desplegado, se despliegan y se desplegarán a lo largo de la historia como la miríada de ríos, arroyos y torrentes que buscan el mar a través de los dramáticos vericuetos de la existencia.

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               Ramana Maharsi

Nada de esto es portada en los periódicos, nada de esto aparece en prime time en las televisiones, nada de esto aparece en la radio a las nueve de la mañana. De nada de esto hablan los políticos en sus campañas, cada vez menos profesores en las aulas, y qué decir de los espacios publicitarios.

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                Nisargadatta Maharaj

Nos hallamos en un extraño impass, en una adolescencia, una exploración colectiva del sentido de la vida a través de extraños vericuetos. Cosas y más cosas, cada vez más ingeniosas y capaces de sorprender. Pero cada vez menos capacidad para la sorpresa, más cansancio vital, menos paz interior. La posibilidad de la felicidad se ha convertido en un mito para la cultura occidental, esa cultura a la que pertenecemos usted y yo – disculpen las excepciones -, y que, enrolada en el pensamiento newtoniano – cartesiano, génesis del horror vacui y del angst, no le cabe el infinito por ninguna parte. Perdón por lo de infinito, quería decir fuera de las dimensiones espacio temporales.

Presos de un sentido rocoso de la identidad, llenos de miedos y límites, nos hemos permitido hasta la ligereza de negar el pensamiento como realidad científica – lean  a Skinner -, y sufrimos indeciblemente para penetrar en el mundo de emociones y sentimientos y volver sin una prueba tangible, pues la propia experiencia resulta demasiado sospechosa para la revista Science. Así caminamos por la vida, pendientes de la opinión de los sacerdotes de la comunidad científica para registrar la verdad de las cosas en nuestros castigados cerebros – y corazones -.

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                 Swami Muktananda

Sin felicidad, vivir es un asco. Saltar de emoción en emoción, vivir el drama sin salida de la avidez desaforada, va generando un cráter cada vez más profundo, más inhóspito.

Así que habremos de volver. Volver adentro, sumergirnos en nuestras simas aunque sólo sea por huír de un mundo en el que rebotamos como el púgil apalizado contra las cuerdas del cuadrilátero. Y así descubriremos la India y su herencia milenaria, una cultura insospechada, apenas arañada desde nuestra árida racionalidad, para darnos cuenta de que la magnificencia de sus descubrimientos introspectivos abren la puerta al universo que somos y que ni por asomo entraba en nuestros cálculos.

Y, ¿porqué la India? Porque sigue intacta la experiencia, la transmisión real. No hablamos de un relevo muerto e institucionalizado, de una erudición altiva, arrogante, distante. Desde el S XIX los primeros embajadores recorrieron occidente – Swami Vivekananda, Paramahamsa Yogananda – y dieron a conocer entonces a un occidente ávido de reconexión, la experiencia del Ser. Siguió desarrollándose en el S XX este interés, con nuevos maestros – no todos auténticos, desgraciadamente – ya de diversas nacionalidades y algunos ya nacidos en occidente, que fueron adaptando los textos, las enseñanzas y las técnicas a la mentalidad occidental. El S XXI promete ser un hito en el renacimiento espiritual de una sociedad sedienta: la espiritualidad de la experiencia, alejada de toda manipulación institucional. Habremos de atravesar un verdadero océano de prejuicios y falsas creencias, pero ocurrirá.

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Swami Chidvilasananda

Miles de años de herencia incomprendida, un patrimonio de la humanidad primigenio, imprescindible, inconmensurable: la filosofía perenne. Tan grande como nuestra ignorancia, como nuestro radical desnortamiento, como nuestra profunda desolación. Y entre todas las fuentes, la riqueza de la península índica sobresale en su esplendor.

Mientras tanto, sigamos disimulando.

 

jaime trabuchelli

 

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