Naranja sanguina (Sanguinello)

Perdidos en un mar de prejucios y deseos disfrazados de opinión, la mayor parte de los analistas no han sabido identificar la vocación ideológica de Ciudadanos. Dejando a un lado – que no olvidando – su ausencia de democracia interna real y sus graves problemas con la cualificación de buena parte de sus candidatos, el hueco que supo identificar la ejecutiva de la formación desde hace ya bastantes años, en el panorama político español, se ha ido haciendo más grande a medida que la crisis de identidad de unos y otros iba resultando más evidente.

La estrategia ha sido no reaccionar con virulencia ante los afanes etiquetatorios a diestro y siniestro, y actuar con sorda mano de hierro ante cualquier atisbo de independencia en los candidatos propios. De esta manera se ha conservado una centralidad política a base de recibir críticas desde ambos lados – así se entiende en este país, ya ven – y una autopista bien asfaltada de candidatos – franquicia aquiescentes y solícitos. Este es el carril.

Nadie debería pasar por alto los postulados ideológicos que el Partido de la Ciudadanía establece en su ideario – colgado en su página web desde hace ya casi diez años – y que alude a sus raíces socialdemócratas y liberales, en una combinación que dio muy buenos réditos en el norte de Europa hace algunos lustros, y que en nuestro bendito país resulta inédita debido a los complejos antiliberales de la izquierda – sólo en su discurso, por supuesto – y a la torpeza de una derecha moderada que teniéndolo todo a favor, está tan borracha de arrogancia que carece de la más mínima apertura para modernizarse.

La obtención de dos representantes en las elecciones europeas de mayo de 2014 marcó el inicio de una progresión que muy pocos advertimos entonces y que aún no ha dicho su última palabra. Este resultado marcó el pistoletazo de salida a la expansión del partido allende Cataluña, de manos del efectivo y escatológico Fran Hervías, mientras Francesca de Benito quedaba al mando de la organización en Cataluña, haciendo, dicho sea de paso, un excelente trabajo reconocido por las bases de manera unánime y sin el cual el resultado del 27 S no habría sido posible.

A contrarreloj, al ritmo que marcó Susana Díez, se tomó la audaz decisión de presentarse a las autonómicas andaluzas – yo nunca estuve de acuerdo -, que finalmente resultaron ser la mejor pre-campaña para las catalanas, como algunos advertimos en su momento. El PP empezó con su espectáculo de autogoles que Rivera aprovechó para reeditar un mundial del 82 en el que resarcirse de el pésimo resultado de la roja en su campeonato patrio – aún no era la roja – y convertirlo en una victoria a toro pasado para sus huestes. El terreno estaba abonado.

A dos escaños de sus mejores previsiones, C´s se da un nueve sobre diez en sus elecciones más paisanas, con una Inés Arrimadas que ha sabido superar su aparente falta de carácter con una notable firmeza de cristal en el discurso, que nos ha sorprendido a casi todos. Es importante darse cuenta de la notable influencia en las catalanas del resultado de las autonómicas en el aún feudo de Susana Díaz, y más aún, de la consolidación de esta influencia por la mejora sustancial en la tendencia de intención de voto en Andalucía tras estos cuatro meses.

La brecha que Ciudadanos ha abierto en las elecciones a la Generalidad respecto a PSC y PP es de tal contundencia que ha movido el tablero político de cara a las generales de manera sustancial. Y no sólo; la distancia abierta con la franquicia de Podemos – Catalunya si que es Pot – ha marcado con la misma intensidad un punto de inflexión respecto a la tendencia del voto de castigo, que a medida que los índices económicos se alejan de la convulsión y los datos del paro mejoran, aunque todavía de manera insuficiente, va moderando sus alternativas, mostrando cada vez una mayor querencia por el azote y una menor por el garrotazo.

Ahora es el momento en el que Albert Rivera y sus consiglieri empiezan a mover los hilos de sus lugartenientes autonómicos y municipales desde un cuadro de mandos en vías de mudanza. El viraje sutil de Aguado ya se adivinaba en una mirada de simpatía reservada que Cifuentes no sabía aún interpretar – a mí ya me resultaba muy familiar – y que ahora, como Steve Jobs, entenderá la lideresa al unir los puntos hacia atrás: demasiado tarde; el enemigo ya está en casa comiéndose tu pepperoni.

Rajoy nunca entrará en los planes de un Rivera que no trabaja el granito, mucho más tendente al mármol: o lo rompe o lo pule, y una vez roto, pone el epitafio. Si se trata de pulir, es para pisar, de toda la vida. Mucho más asequible, más controlable e higiénico un Pedro Sánchez, gacela de todo felino que se precie, que palmará como Felipón ante los primeros cantos de sirena.

Así que el camino está trazado, ya sólo falta ir poniendo las señales. Por cierto, hoy Rivera ya ha puesto una. En un tweet pasa las coaliciones por el alambique y extrae los siguientes tickets: “Entre los escaños del nuevo Parlament, este es el reparto de partidos: CDC 29, C´s 25, ERC 20, PSOE 16, PP 11, CUP 10 y Podem 4 “. Ya saben, en la línea del mensaje enviado tras las municipales y autonómicas, indicando que C´s era la tercera fuerza más votada, ahora toca triple mortal lateral para caer de pie.

Con Prisa y sin pausa – y sin erratas – se inició esta campaña a finales de 2014. A la vista de que la derecha llegaba solita, había que llover en la conciencia colectiva de la izquierda soft. Empieza la cosecha de Sanguinello. Se venderán bien; hasta la fecha han sido siempre muy populares.

 

jaime trabuchelli

 

 

 

 

 

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