Primaveras Privadas

(Publicado en La Gaceta de los Negocios el 14 de Agosto de 2015) http://gaceta.es/noticias/primaveras-privadas-14082015-1407

 

Es maravilloso cómo nos afanamos en la simplificación de los síntomas y pasamos por alto el gran proceso político que estamos viviendo en nuestro país. El resurgimiento del bipartidismo, los más que probables pactos a dos, tres o cuatro, el retroceso de los emergentes y el factor decisivo de una “recuperación económica sostenida” copan portadas y tribunas.

A nadie le parece importar un comino la falta absoluta de democracia interna en los partidos políticos que sostenemos con nuestros impuestos, que sostiene esa clase media que arquea su espalda en cuarto creciente – mientras sus esfuerzos rinden en cuarto menguante – y observa cómo la oligarquía partitocrática – sí, sólo hay una, ningún político influyente puede hablar de ella sin ser juez y parte – se blinda ante cualquier independiente que ose aspirar a cambiar las cosas, sin pagar el impuesto reaccionario de la cadena de favores.

No hay representantes de la “regeneración democrática”. Quiero decir que ningún partido la representa. Y sin embargo, en todos los partidos hay personas que están hartas del hedor que desprende la mediocridad, el codazo, el engaño mezquino, la indignidad de la falta absoluta de principios, de honradez – rarae aves, por otra parte -.

La primavera no llega a una parcela y se trasplanta o se enseña en las demás. Arrogarse la condición de abanderado de los valores democráticos, de representante de “la centralidad” ad hoc, mientras sacudes las piernas contra los peldaños de la escalera por si ensombrecen tu figura los ingratos – que no saben sumar -, es un deporte que tanto Pablo Iglesias como Albert Rivera practican invariable y diariamente. Está en disputa la primavera, la declaración de un tiempo nuevo, la cara – carátula – del cambio.

Por supuesto, hay espacio. Nunca disfrutó España y los españoles de unos niveles de educación, servicios públicos, privados y prosperidad comparables a los de nuestros días. Sólo ocurre que mientras nos sacudíamos la miseria, íbamos al cine y nos comprábamos un coche y una casa, nos estaban birlando la democracia. Un día nos despertamos, éramos responsables de la crisis por gastar lo que no teníamos, y lo debíamos pagar con una subida de impuestos brutal y en el peor momento, mientras los fajos viajaban a Suiza y las Cayman para evitar perder lo robado a… nosotros los irresponsables.

Esto lleva su tiempo. Me cuesta imaginar movimientos sociales, iniciativas políticas reivindicando la ética y los valores si esa prosperidad no se hubiera visto truncada en el 2007. Así que menos lobos. ¿Qué importan los principios si abunda el pan y el vino, verdad?

La verdadera regeneración democrática ya está brotando dentro de todos y cada uno de los partidos, tímida pero sólidamente, porque nuestra sociedad está madurando a marchas forzadas. Estos brotes vienen de bocas muy diversas, desde Cayetana Alvarez de Toledo a Sosa Wagner, pasando por multitud de voces discordantes y anónimas dentro de Ciudadanos, dimisiones y disensiones notables en el seno de Podemos y los recientes rugidos de Carmona. Las ideologías están en crisis porque la verdadera crisis es de valores, y una ideología que no se sustenta en valores pierde, fíjense qué fácil, todo su valor. Recuperemos primero la decencia – no es casualidad que suene tan antiguo – y después podremos pensar en la docencia.

La necesidad de hacer política con mayúsculas, que va a venir impuesta por una Cámara Baja muy fragmentada, va a dar la medida de dónde estamos y quiénes somos.  Al menos espero que se den cuenta de que no va a quedar tiempo para insultarse.

Mientras tanto, la sociedad civil que somos todos, seguirá luchando heroicamente porque dentro de los partidos y dentro de las instituciones, pueda tener cabida una nueva forma de hacer las cosas, basada en esos valores cristianos que nos permean hondamente, mucho más allá de formalismos religiosos, y no en el pillaje sectario y soez.

Decía el señor Posadas que los políticos corruptos eran, estadísticamente, pocos. Otro día hablaré de umbrales y quicios.

 

jaime trabuchelli

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *