Somos Tú y Yo. No Hay Nadie Más.

Emile Zola

¿Se pueden imaginar hasta qué punto nos hemos acostumbrado a la mentira?

No lo creo. Yo intuyo que va mucho más allá de lo que somos conscientes. Se ha convertido en el aire de la burbuja en la que vivimos.

El atractivo de creer en la limpieza del cuento que nos cuentan es irresistible. Unas creencias básicas imprescindibles para asirse en momentos de zozobra. ¿Quién soy yo para establecer los principios de la realidad?

Las teorías de la conspiración han quedado bien secuestradas en las películas de cine. Un ratito de emoción para creer durante un par de horas que la tristeza vulgar de la realidad que nos venden no es tal. Pero ya, aterriza, es una película. No te flipes tanto.

El imperio de la mentira es mucho más acusado en el ámbito de la política que en el de la empresa. La razón es muy obvia: el mercado es bastante más democrático, hay mucha más competencia y responde al interés de los consumidores en mucha mayor medida que al de los votantes. Esto se va diluyendo a medida que el tamaño de la empresa crece y se van conformando los cárteles para establecer precios, alianzas en la sombra y urdir la trama de intereses espurios entre política y corporaciones. Energía y supraestructuras financieras, verbigracia.

Es un camino, el de desmontar el andamiaje,  lleno de dificultades y gran satisfacción interna. En la medida en que superas tu miedo para enfrentarte a los intereses sucios, encuentras al miedo como oponente, al otro lado. Y te das cuenta en seguida de quién ha dado el paso y quién no, en qué lugar está cada cual.

Nos enfrentamos a un ejército de ventrílocuos. Pero eso no es lo peor. Nos enfrentamos a una parte numerosísima de la sociedad que acepta que que hay que vulnerar algunas reglas del juego para la consecución de un bien mayor. Que para conseguir grandes fines hay que utilizar medios que se alejan de la ética.

Qué gran fraude.

Esto tiene una receta invariable: bajar de la torre de marfil. En el momento que te implicas, en el momento en el que luchas por unos valores poniendo pie a tierra, obtienes un mapa fidedigno de lo que ocurre. Ese es el premio. Lo que hagas con ese premio puede transformar la realidad o perpetuarla. Si aun así, si tras recibir mil golpes sigues luchando por lo que está bien, por los valores que enriquecen la vida, todo tiene sentido, eres la solución. Si te dejas arrastrar por la corriente del poder y la codicia, si vas dejando que la voz de tu conciencia se ahogue y sucumbes vergonzosamente a las rentas de la complicidad, eres el problema; tu vida será un rosario de miserias.

No hay más. Aquí está la clave de la regeneración. La clave está en cada uno de nosotros. No hay mesías, hay portavoces. Estos portavoces surgen cuando hay muchas luces que lo hacen posible.

Somos tú y yo. No hay nadie más.

 

jaime trabuchelli

 

 

 

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