Rayos de Arco Iris

Mi sentido común me dice que las cosas están muy mal pero que hay que ser positivo.

Mi sentido común me dice que la economía vive una burbuja dentro de otra burbuja cada vez con más telarañas.

Mi sentido común, me dice que no asimilamos, que no aprendemos, que nuestra cultura está degenerando a marchas agigantadas. Cada vez hay más disponible y cada vez sabemos menos.

Mi sentido común, me dice que cada vez somos más horteras, menos refinados y honramos menos la cualidad que nos hace verdaderamente humanos: la delicadeza.

No me gustan estas prisas para todo, no lo entiendo. Todos vamos a morir, no tenemos ni idea de porqué y vamos corriendo.

Rayos y Arco Iris

Al menos podría parecerme todo fenomenal, variar mis gustos, que mi sentido fuese más el común. Todo sería mucho más fácil, y además, dada la insignificancia de todo en esta infinitud que se mueve en torno a sí misma, daría más o menos igual.

Pero parece ser que no, que no hay manera. Así que hay que ser positivos, todo está en proceso. Esa visión de todo como un arte que llevo incrustada hacia afuera, me lleva de paradoja en paradoja, como una tormenta irracional con rayos de arco iris. Ya sabéis, eso que hacemos de cambiar de hemisferio para sobrevivir.

Esta es la sociedad de la mujer de Truman Burbank, Meryl (“El Show de Truman”). Todo es estupendo, maravilloso – que sí -, y no se te ocurra decir lo contrario porque eres un problema. El atajo corrompido que transforma la sonrisa en mueca. Ya pillé; sonreíd todos u os atizo con el fajo.

mujer de truman

Y es verdad. Todo es estupendo y maravilloso, por eso jamás se debe fingir. Jamás se debe engañar ni manipular, porque si no, todo deja de ser estupendo y maravilloso.

Nos quedan grandes cosas por hacer, cosas de verdad, cosas buenas. Hay que echarle un par.

 

jaime trabuchelli

 

 

Somos Tú y Yo. No Hay Nadie Más.

Emile Zola

¿Se pueden imaginar hasta qué punto nos hemos acostumbrado a la mentira?

No lo creo. Yo intuyo que va mucho más allá de lo que somos conscientes. Se ha convertido en el aire de la burbuja en la que vivimos.

El atractivo de creer en la limpieza del cuento que nos cuentan es irresistible. Unas creencias básicas imprescindibles para asirse en momentos de zozobra. ¿Quién soy yo para establecer los principios de la realidad?

Las teorías de la conspiración han quedado bien secuestradas en las películas de cine. Un ratito de emoción para creer durante un par de horas que la tristeza vulgar de la realidad que nos venden no es tal. Pero ya, aterriza, es una película. No te flipes tanto.

El imperio de la mentira es mucho más acusado en el ámbito de la política que en el de la empresa. La razón es muy obvia: el mercado es bastante más democrático, hay mucha más competencia y responde al interés de los consumidores en mucha mayor medida que al de los votantes. Esto se va diluyendo a medida que el tamaño de la empresa crece y se van conformando los cárteles para establecer precios, alianzas en la sombra y urdir la trama de intereses espurios entre política y corporaciones. Energía y supraestructuras financieras, verbigracia.

Es un camino, el de desmontar el andamiaje,  lleno de dificultades y gran satisfacción interna. En la medida en que superas tu miedo para enfrentarte a los intereses sucios, encuentras al miedo como oponente, al otro lado. Y te das cuenta en seguida de quién ha dado el paso y quién no, en qué lugar está cada cual.

Nos enfrentamos a un ejército de ventrílocuos. Pero eso no es lo peor. Nos enfrentamos a una parte numerosísima de la sociedad que acepta que que hay que vulnerar algunas reglas del juego para la consecución de un bien mayor. Que para conseguir grandes fines hay que utilizar medios que se alejan de la ética.

Qué gran fraude.

Esto tiene una receta invariable: bajar de la torre de marfil. En el momento que te implicas, en el momento en el que luchas por unos valores poniendo pie a tierra, obtienes un mapa fidedigno de lo que ocurre. Ese es el premio. Lo que hagas con ese premio puede transformar la realidad o perpetuarla. Si aun así, si tras recibir mil golpes sigues luchando por lo que está bien, por los valores que enriquecen la vida, todo tiene sentido, eres la solución. Si te dejas arrastrar por la corriente del poder y la codicia, si vas dejando que la voz de tu conciencia se ahogue y sucumbes vergonzosamente a las rentas de la complicidad, eres el problema; tu vida será un rosario de miserias.

No hay más. Aquí está la clave de la regeneración. La clave está en cada uno de nosotros. No hay mesías, hay portavoces. Estos portavoces surgen cuando hay muchas luces que lo hacen posible.

Somos tú y yo. No hay nadie más.

 

jaime trabuchelli

 

 

 

Una Revolución Sencilla

Sí hay una revolución necesaria.

Es muy sencillo. No es fácil.

Es decir la verdad, todo el tiempo. De forma tranquila. Las verdades que ves, que sabes. Yo no lo hago siempre, esa es la verdad. Pero lo hago la mayoría de las veces. Siempre que se miente se paga. Y es una deuda.

Siempre que se dice la verdad contra un sistema poderoso como es el político, se paga. Y es una inversión. Una inversión que casi nunca da réditos a corto plazo. Cada verdad que se invierte te hace más poderoso – en el mejor sentido de la palabra -,  y ese poder es una enorme amenaza contra el sistema. Y el sistema se activa de forma inmediata para eliminarte. Esa es la realidad. La teoría de la conspiración es cierta, tan compleja como la mentira, tan sencilla como la verdad.

gandhi sobre la verdad

Una persona que está muriendo no miente, porque la conciencia se despierta cuando no tienes nada que perder. Cuando tienes mucho que perder, es otra historia.

Vivir en la mentira es dejar de Vivir, porque no se puede amar en ella. Y amar no es una estupidez, es lo único por lo que merece la pena estar vivo. Es mirar de frente a la vida y entenderla.

La democracia no es la verdad. Es el respeto a la voluntad de todos, de los que dicen la verdad y los que mienten. Es una expresión – inédita – de la voluntad de todos, sí, las voluntades fuertes y las débiles, los deseos del conjunto de la sociedad.

Pero educar en la verdad es la tarea pendiente de la sociedad. Nacemos con una fuerte tendencia a la verdad, y la sociedad nos moldea a la medida de una gran cantidad de mentiras. Y ya desde pequeños sentimos esa presión implacable de las mentiras pequeñas y grandes que imponen los adultos para adaptarnos a su mundo. Esa es la gran traición que la humanidad ejerce sobre los más débiles: los niños.

Y así vamos, buscando la verdad cada vez más lejos, para no ver la verdad sencilla, la verdad cercana, la verdad de todos los días, que es la más difícil de todas; la que nos ofrece un camino firme a seguir, sin trampas.

A nuestro hijo no le contamos el cuento de los reyes magos, porque la magia de la vida no está secuestrada en una mentira, sino en la verdad de las cosas. La magia de la vida es el amor que sentimos por él y el que él siente por nosotros, y eso se sostiene cuando un cuento sabes que es un cuento, y una realidad sabes que es una realidad.

torre de babel

Vivimos en la Torre de Babel, pero siempre existe la posibilidad de decir la verdad. Puede parecer tremendamente inútil, pero aporta un bien insuperable: saber distinguir lo que es verdaderamente útil de lo que no lo es. Todo cobra sentido.

 

jaime trabuchelli

 

¿Cuánta Verdad Somos Capaces de Soportar?

Somos tan pequeños que nos resulta insoportable la idea de infinitud. Se critica -con razón- que la explicación que da la Biblia del origen del universo es simplista y pueril, pero andamos a vueltas con la idea del Big Bang para buscar un inicio de todo, sustituyendo la verdad religiosa por la verdad científica, más sofisticada pero a fin de cuentas, igual de pueril. El tiempo y el espacio son creaciones mentales que pretenden acotar una realidad que supera estas dimensiones de manera infinita.

Esta vida es un rato. Un instante lleno de retos y aprendizajes, en la que lo único verdaderamente trascendente son los actos de amor. El amor tiene una belleza insuperable, y convierte el tiempo y el espacio en reflejos de su grandeza, regalos únicos y… efímeros.

Teresa de Calcuta

Teresa de Calcuta

El arte en todas sus manifestaciones no es más que un lenguaje que pretende ir más allá de la utilidad mundana, una puerta que abre la visión a otra realidad, una fuente de oxígeno para el ahogo constrictor que produce el sinsentido. Hay innumerables muestras artísticas, que van mucho más allá de cuadros, obras musicales y películas; el arte cotidiano de los pequeños detalles de personas anónimas nutren nuestra existencia y revelan una vida fascinante y de una creatividad sin límites.

Cuánto amor, cuánto arte hace falta en la política y en nuestras empresas, en nuestro trabajo de todos los días, en nuestra manera de tomar decisiones y establecer nuestras prioridades. Aquí subyace la eterna revolución pendiente de la humanidad.

Mahatma Gandhi

Mahatma Gandhi

Es impresionante la fuerza, la enorme influencia que tienen los pequeños actos realizados por la sencilla razón de que están bien, de que son beneficiosos. Pudiera parecer que desvían del objetivo previsto, cuando sin ninguna duda lo mejoran. Mejoran el objetivo y allanan el camino, abriendo nuevas y mejores perspectivas.

La política esta hoy día cegada por el ansia de poder. Se construye desde el principio, decisión a decisión, paso a paso, desde la lógica perversa de subir peldaños en una escalera que sólo lleva al aislamiento personal, dejando un reguero de cadáveres por el camino que no son más que una muerte progresiva de la paz interior de quien la escala, de manera implacable, víctima de una trayectoria de justificaciones acerca de los medios utilizados para la progresión, en aras – en el mejor de los casos – de un objetivo de mejora de la sociedad en su conjunto. Nadie puede mejorar sustancialmente la vida de los demás si no es capaz de mejorar la suya propia mientras recorre ese camino.

nelson mandela

Nelson Mandela

¿Cuánta verdad somos capaces de soportar? Supongo que la primera es enfrentarnos al que es nuestro verdadero objetivo en la vida, y aceptar, honestamente, que lo establecemos desde la más absoluta libertad. Las decisiones son nuestras, siempre. Asumir nuestra propia libertad de elegir es asumir nuestro verdadero poder y estar dispuesto, en muchas ocasiones, a navegar contracorriente.

Yo creo que la humanidad lleva, llevamos,  una trayectoria terriblemente egoísta y equivocada. Y sobre todo, aceptamos esta tendencia como algo irremediable. Es un enorme error. Tenemos una inmensa capacidad de revertir esta tendencia llenando nuestras vidas de actos “inútiles” de amor y generosidad, de valentía, de gran visión. Tenemos un gran poder para convertir nuestro mundo en un verdadero paraíso o en un infierno insoportable, y debemos asumir la terrible verdad de que estamos más cerca de esto último. 805 millones de personas pasan hambre, es decir, 13 de cada 100. Pero es que el hecho de que una sóla persona viva con hambre es terrible. Cada año hay casi medio millón de asesinatos en el mundo. Así, si una persona vive 80 años, durante su vida habrán sido asesinadas 40 millones de personas. Un sólo asesinato es un drama insoportable. Y podríamos seguir; ¿cuánta verdad somos capaces de soportar?

Con una gestión adecuada de los recursos actuales el hambre pasaría a la historia en unos pocos años. Ya existen los medios adecuados para tener una fuente de energía limpia, sostenible e ilimitada accesible en todos los rincones del planeta y producción de agua potable en los mismos términos. Esto posibilitaría una vida digna para toda la humanidad, una vivienda, educación y atención sanitaria óptimas para todos. Pero el egoísmo generalizado en las decisiones pequeñas del día a día pone trabas sin fin a esta necesidad imperiosa, siempre de la máxima urgencia.

vicente ferrer

Vicente Ferrer

Lo estamos haciendo muy mal. Esta es una verdad difícil pero innegable. Le podemos seguir diciendo a la humanidad que sufre rabiosamente que todo lleva su tiempo y que la culpa es de los poderosos, mientras seguimos desentendiéndonos de lo fundamental.

Hoy me costará dormir mientras asumo mi parte, porque la Humanidad somos todos.

 

jaime trabuchelli