Auditoría Ciudadana

Después de emitir el voto y comprobar los resultados, gestarse pactos en la sombra – ¿para cuándo en los parlamentos? – y configurarse los gobiernos, comienza la legislatura.

En este momento se inicia el control ciudadano. La calidad del voto futuro depende de la calidad de la evaluación que se haga sobre el ejercicio de nuestros gobernantes: los hechos. Esto es primordial, distinguir los hechos de las palabras es la vacuna elemental contra el mal de la manipulación populista y demagógica. Los hechos muestran todas las claves que las palabras camuflan.

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Y en las legislaturas que arrancan y arrancarán, hemos de observar varios hechos fundamentales al menos. En primer lugar, la voluntad de transparencia. Esta será evidente, y espero que los medios de comunicación ejerzan con profesionalidad su papel primordial de extraer al poder político “sus tesoros”. Recordemos que una auditoría no significa transparencia per se; sólo una auditoría realizada con transparencia en el amplio sentido de la palabra, la trae consigo. Es una observación de perogrullo, pero en los días en los que vivimos, como dicen los estadounidenses, ” Don´t take anything for granted”. Es decir, no demos nada por supuesto.

En segundo lugar, una lucha proactiva contra la corrupción, la más visible y la más invisible. Hace unos posts comentaba que la corrupción, inicialmente, es conceptual. Corrupción es vulnerar el espíritu de los valores democráticos, que están reflejados en nuestra Constitución. Son tantas las vulneraciones en origen que apenas sé por donde empezar: falta de democracia interna en los partidos, falta de transparencia, falta de límites a las decisiones discrecionales, ocultación de cuentas a la población, financiación ilegal, concesiones irregulares, manipulación política del poder judicial, lobbies encubiertos, nepotismo, incumplimiento sistemático de los programas electorales – no vinculantes, ahí radica el problema -, presiones políticas a los medios de comunicación e innumerables iniciativas legislativas – o bloqueos – dirigidos a beneficio del propio partido o de intereses particulares y en franca oposición al interés de la ciudadanía – baste ver la penalización al autoconsumo energético que va a perpetrar el gobierno de Rajoy -.

En tercer lugar, oigan, al menos observemos si trabajan. ¿Acuden a los plenos? ¿Realizan iniciativas legislativas? ¿Responden con celeridad y solvencia a los problemas que surgen? ¿Llevan sus iniciativas a término? ¿Trabajan por los ciudadanos que les votaron o por su partido y sus intereses?

congreso semivacío

En cuarto lugar, ¿Realizan una declaración de patrimonio, muestran su IRPF y sus cuentas personales antes y después de su mandato? Esto no es poca cosa. Lo veremos.

En quinto lugar, y no menos importante: ¿Cuál es su estilo? ¿Cómo responden a las preguntas y con qué frecuencia? ¿En qué medida reconocen errores y en cuál dedican el tiempo al autobombo? ¿Son más o menos sectarios? ¿En qué medida son sinceros?

En fin, son sólo ejemplos, pero la idea fundamental es que los ciudadanos controlemos de manera efectiva nuestro destino, y para ello debemos informarnos bien y tomar decisiones bien fundamentadas a la hora de votar, ya que hoy por hoy, poco más puede hacer el ciudadano para influir en el destino de su país, su comunidad autónoma o su ciudad o pueblo.

Comienza el examen – y no cesa -.

 

jaime trabuchelli

 

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