Las Expulsiones de C´s: Alvaro, Thibaut, Fran…

Alvaro Arranz, Thibaut Deleval y Fran Calderón son tres buenas personas. Ciudadanos comprometidos con la política y el bien social, desinteresados, cultos, competentes y valientes. Inteligentes y solidarios, generosos y con gran capacidad de trabajo.

Les conozco. Conozco su labor, su manera de ser y he compartido con ellos esfuerzos y muchas horas de conversación. Conozco sus ideales nobles, su respuesta ante diversas situaciones y su posición ideológica ante muy diversos temas, no siempre coincidentes con la mía, como es natural.

Ellos tienen tres cosas en común: se afiliaron a Ciudadanos porque creyeron en el proyecto político, querían – quieren – una democracia más limpia, más justa, más transparente y de fiar. En segundo lugar, los tres estudiaron derecho y son brillantes profesionales. En tercer lugar, los tres fueron expulsados de Ciudadanos – le llaman revocación cuando llevas menos de seis meses, para decir que es como si nunca hubieras sido afiliado – sin ningún motivo, sin posibilidad de defensa, sin obtener ningún informe y casualmente, los tres eran personas de mi entorno – llaman sector crítico a los que están o estaban en mi entorno, o mejor dicho, los que no estaban dispuestos a callarse ante la vulneración de los derechos del afiliado, fea costumbre en los mandos directivos de C´s , y pedían explicaciones -. Hablo de ellos porque son los que mejor conozco, pero hay muchas, muchas más personas que han sido expulsadas en análogas circunstancias.

Lo más extraordinario de estas expulsiones es el silencio posterior de la afiliación. Casi nadie se queja. Casi nadie pide explicaciones. Las muestras de solidaridad se limitan al pésame de unos pocos en el mismo día de su ocurrencia, o al día siguiente. Esta es la complicidad del miedo – a ser igualmente expulsado -, la duda que se cierne sobre el débil y la razón que se le supone al fuerte: “por algo habrá sido”. Pues no; no ha concurrido ninguna circunstancia digna de tal expulsión, ni mucho menos. Jamás podrán acreditar ninguna razón. Han sido tres atropellos al más puro estilo totalitario: demasiada independencia, demasiada fuerza, demasiada honestidad. Muestras elegidas a conciencia para hacer imperar la ley del silencio – Omertá – al más puro estilo de la mafia siciliana, y modelar el comportamiento de la masa a sopapos, corriendo un estúpido velo para que se sobreentienda, ya que todos comprenden perfectamente el mensaje, cual es el camino a seguir: hinchar globos, aplaudir y callar.

silenciodeloscorderos

¿Qué es lo que hace que el afiliado se calle, que no diga nada, que no alce la voz, que no se vaya echando pestes? ¿Qué es lo que permite que el velo invisible de la complicidad se cuele por las grietas de la conciencia? Sin duda, el miedo. El miedo a quedar fuera, a que te marque el poderoso, a no conseguir tus fines, a echar por tierra tus esfuerzos. Un miedo muy hipócrita, muy insolidario, aferrado a una escala de valores quebrada en su corazón: no se abandona al que ha resultado herido por los enemigos de la democracia: esto es negación de auxilio moral. Ni siquiera existe el riesgo de quedarte sin tu salario, ya que aquí, en el momento de concurrir los hechos, nadie cobraba. ¿Qué se espera recibir?

Yo me fui de Ciudadanos porque un partido que atropella a las buenas personas no merece mi tiempo, mi esfuerzo y mi dinero. Porque un partido que ha sido asaltado por una ejecutiva que no está dispuesta a soltar las riendas bajo ningún concepto y quiere llamarse democrático, es una estafa a la sociedad. Y porque un partido con una mayoría de afiliados que se ponen de perfil cuando se cometen injusticias flagrantes, no puede representar la regeneración democrática ni ninguna regeneración de ningún tipo.

No me considero especialmente solidario ni altruísta, sino más bien egoísta e interesado. No hay ninguna diferencia entre Alvaro, Thibaut, Fran y yo. Lo que ha ocurrido con ellos me ha ocurrido a mí. Sus derechos, lectora, lector, son los mismos que los míos. Si vulneran los suyos, vulneran los míos. Ser solidario es ser egoísta, inteligente. Ser insolidario es ser estúpido, negligente y autolesivo.

Los déspotas, los profesionales del abuso, las personas sin principios se alimentan principalmente del silencio, del oscurantismo, del miedo. La democracia empieza en los derechos del afiliado, ya que todo parte de ahí. Todo el que será un dirigente del partido, un cargo en las instituciones, un miembro del gobierno, es un afiliado del partido inicialmente, en la mayoría de los casos. Si permitimos la poda inicial de los mejores, la selección en el semillero llevada a cabo por personas sin principios – por mucho que se quieran vestir de un blanco inmaculado – estamos perdidos. Fíjense ustedes: es mejor no tener primarias y que todo el mundo vea el dedo que apunta a la luna, que decir que se tienen y manipular la fontanería pervirtiendo todo el proceso. En este último caso, no habrá dedo al que mirar, ya que conseguiste hacer creer que fue un proceso democrático. Sin embargo, tu índice tiene mucho más peligro que el de Rajoy: tiras la piedra, escondes la mano.

No. Yo no seré cómplice. Yo no me sumaré al silencio. Cada palo que aguante su vela. Ciudadanos debe volver a las manos que nunca debió abandonar: la sociedad civil.

 

jaime trabuchelli

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