Yo Pez (El Mar Estructural)

Martin Selligman, psicólogo estadounidense contemporáneo y destacado representante de la Psicología Positiva, descubrió un fenómeno clave del comportamiento animal que más tarde se reveló de plena aplicación en humanos: la indefensión aprendida. Básicamente se refiere a la inacción que un individuo desarrolla al enfrentarse a situaciones aversivas de las que no puede escapar, de manera repetida. Es lo que comúnmente conocemos como desamparo y su consecuente resignación.

Extrapolando esta situación a los fenómenos sociales que crónicamente se reproducen, como el abuso de poder, observamos a lo largo de la historia como la sociedad en su conjunto acaba interiorizándolos como inevitables, consustanciales a la naturaleza humana, al normal devenir de las cosas. De ahí que en épocas de bonanza económica cobren fuerza las corrientes conservadoras, fortalecedoras del status quo, y sea difícil que se produzca una reacción dirigida a desmontar los manejos de los que ostentan el poder de forma abusiva, vulnerando los derechos fundamentales del ser humano. Estas corrientes pueden ser de cualquier signo político, ya que las ideologías actualmente se han convertido en cortinas de humo que esconden el mismo tipo de intereses, diferentes actores pertenecientes a la misma compañía, representando una obra cuyo único interés es desviar la atención del asunto realmente relevante: servir a sus propios intereses.

Vivimos en la sociedad de los escaparates, las carátulas, la epidermis. Los decorados de cartón piedra esconden la verdadera realidad, sustancialmente diferente a la imagen proyectada.

Pero esto no responde al interés general. Los que manejan estos hilos conocen muy bien el principio de la indefensión aprendida y juegan con el aturdimiento (pan, circo y sopapo en la sombra). Además, la descalificación genérica que aporta la idea de “la teoría de la conspiración” y la paranoia, hacen el resto. Pero insisto: NO responde al interés general, y es fácil de advertir con un ejemplo bastante notable. Apple, la mayor empresa que se haya fundado jamás, nació con un principio muy relevante: descubrir lo que la gente realmente quiere, lo que el ser humano desea inconscientemente pero no ha sabido pedir, puesto que no lo ha sabido visualizar. Desde esta convicción surgió la tecnología doméstica que ha revolucionado el mundo de las comunicaciones, el ocio e incluso el diseño. Un detalle que me parece muy significativo, es la obsesión que tenía Steve Jobs porque sus dispositivos fueran igual de impecables estéticamente por dentro y por fuera. Los técnicos no se explicaban esta obsesión, sabiendo como sabían que el interior de los dispositivos sólo iba a ser visto por unos pocos especialistas – todos conocemos que los dispositivos de Apple están sellados -.

La filosofía que subyace a este detalle que pudiera pasar por anecdótico, me parece el corazón del éxito y el pilar de la revolución que ha supuesto esta compañía en nuestros días: no actuar de cara a la galería, sino por una convicción profunda en el trabajo bien hecho, en la honestidad de tus intenciones, en la INTEGRIDAD.

Escultura Submarina

Ocean Atlas (Jason de Caires Taylor)

escultura submarina de Jason deCaires Taylor…Leer más en www.luzarcoiris.com

Ocean Atlas  (Jason De Caires Taylor)

Nosotros, peces, nadamos en el mar estructural de la cultura de la superficialidad, de las dobles caras, de la hipocresía y el cinismo. Esto no es un análisis negativo, sino una toma de conciencia tan necesaria como constructiva para superar la insostenibilidad de la civilización en su fase actual. Como peces, obviamos el agua por falta de contraste. Sólo el contraste permite la percepción. La indefensión aprendida es el resultado del bombardeo continuado, implacable, en una sociedad saturada de información, de los mensajes dirigidos a convencernos de cuáles son nuestras necesidades, sin ningún interés real – desinteresado – en satisfacer las realmente importantes. Como reza un conocido anuncio publicitario de tarjetas bancarias, hay cosas que no tienen precio; para todo lo demás, Mastercard. Fíjense, en seguida se produce el fenómeno de querer comprar aquello que no tiene precio – el amor en San Valentín, la felicidad con los Reyes Magos, la fidelidad con una alianza matrimonial – con la dichosa tarjeta. No hay mayor perversión.

Así la política – ¿qué deseo hay más fuerte que el deseo de poder? – se ha convertido en el dudoso arte de manipular el marco, utilizar este mar estructural tirando las redes, los arpones, la caña, y pescar masivamente, controlando cada uno de los detalles para vestir de ilusión de control lo que es, de manera efectiva, una pérdida total de él por parte de la fauna marina. Las especies raras, independientes, resbaladizas, son las piezas más cotizadas.

Pero el ser humano tiene la manía indomable de buscar la felicidad. Nadie soporta el aburrimiento a largo plazo, y aunque necesites el pan, acabas aborreciendo el circo, por muy sofisticado que acabe siendo.

¿Porqué han tenido un éxito tan arrollador películas como El Señor de los Anillos, Star Wars o Matrix? En el fondo de nuestro alma sabemos que estamos viviendo una estafa, un fraude, un juego trucado. Vemos estas obras como un pasatiempo, una ilusión fascinante, mientras consideramos la vida cotidiana como la realidad inamovible: indefensión aprendida. Por eso cuesta tanto dar el paso cuando nos enamoramos: el miedo a la decepción, al desamor, adquiere niveles descomunales, tan paralizantes que a menudo frenan un impulso tan arrollador como es el del amor.

DaliNiñoLevantandoLaPieldelmar

Niño levantando la piel del mar para ver el perro que duerme bajo el agua (Salvador Dalí)

Lo real es lo maravilloso, lo fascinante, lo que hace que nos brillen los ojos, lo extraordinario, lo que desearíamos de todo corazón a las personas que más queremos. ¡Naturalmente que es posible la felicidad, la honestidad, una sociedad ejemplar y solidaria, un mundo limpio y sostenible, una civilización en equilibrio, diseñada para la plenitud!

¿Acaso hay mayor empresa que luchar por esto? ¿Acaso hay mayor felicidad que recuperar el sentido pleno de estar vivos?

¿Yo pez? Quizá. Pero puestos a elegir, seamos los salmones que remontan el río y ponen su semilla en el origen, donde nacen las aguas puras.

Yo soy yo y mi circunstancia, decía Ortega, y si no la salvo a ella no me salvo yo.

Yo digo que tenemos la fastuosa capacidad de observarnos a nosotros mismos y a nuestras circunstancias, para decidir lo que queremos ser. Eso, es la libertad.

 

jaime trabuchelli

 

 

 

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