Una Decisión Primordial

Cuando se constituye un partido político sobre la base de defender los valores democráticos, la convivencia, la solidaridad y el interés general, se plantea el reto fundamental de redactar un manifiesto, elaborar un ideario y unos estatutos que supongan el primer paso para compartir esta iniciativa con tantos compañeros de viaje como sea posible; compañeros que remarán codo con codo para llevar a buen fin el proyecto. La ideología es, en cuanto a lo que voy a tratar aquí, irrelevante.

La democracia es en esencia repartir el poder de la manera más amplia posible, para garantizar un equilibrio de fuerzas que redunde en beneficio del colectivo, un progreso sostenible y una interacción ordenada y dinámica. La vida es compleja, plural y la constante es el cambio: no hay nada idéntico en ella. Es por ello que no creo en las identidades colectivas, sino más bien en la tolerancia y diversidad que se retroalimentan con los valores compartidos.

Así que un partido democrático es en esencia un movimiento civil que la sociedad se da a sí misma para ofrecerse una alternativa encaminada a administrar lealmente los recursos, garantizar la convivencia pacífica, favorecer el estado de bienestar sostenible y, en definitiva, actuar como leal delegado del conjunto de la ciudadanía, hoy en día entendido como una sociedad formada, capaz, culta y exigente. No; no necesitamos un mesías, ni tampoco un equipo de iluminados. Necesitamos demócratas capaces con voluntad de servicio.

forrest gump

Por tanto, aquellos que deciden constituir esta loable iniciativa y más aún quienes se postulan para liderarla, deberían tomar una decisión primordial, plenamente consciente: superar el miedo asociado a la necesidad de control. Los valores que sustentan la democracia son innegociables, pero la visión que tiene cada uno de cómo debe desarrollarse la iniciativa política es sólo una propuesta. Sostener un proyecto perfectamente conformado y cerrado dentro de sí, junto con una férrea voluntad de llevarlo a cabo aun a costa de los valores democráticos dentro de la propia organización, ha sido siempre la semilla de la corrupción. Y el problema no es el proyecto en sí, que puede ser incluso brillante. El gran problema es cerrarlo justo al borde de la propia epidermis. De esta manera, a lo máximo que se puede aspirar es a la brillantez artificial de las naranjas enceradas.

De la misma manera que nuestros hijos son hijos de la vida y no réplicas nuestras, del mismo modo en que una obra de arte trasciende a su autor y una gran empresa a su fundador, un partido político trasciende de manera especialmente propia a los que impulsan su creación. Pero esto no ocurre a largo plazo, ni siquiera a medio: esto es desde el minuto uno. Cuando un grupo de fundadores lanza un partido político está diciendo: “Queremos proponeros un modelo de país, de región, de ciudad, desde estos posicionamientos, y hacernos merecedores de vuestra confianza para, en vuestro nombre, devolverla con el honor del trabajo bien hecho”. Bastante sencillo, obviado por sistema.

El primer paso es organizarse internamente en base a los principios democráticos, tal y como establece la Constitución y tal como dicta la más pura lógica democrática. No; no es que me iluminé y os conmino a que me sigáis, deslumbrados. La cuestión es que tengo vocación de servicio, iniciativa, capacidad y una gran ilusión para contribuir a un proyecto que mejore lo que me encontré, en el lugar en el que nací o en el que vivo.

Para garantizar esta democracia interna, que será la mejor prueba de lo que se es capaz de hacer en un futuro gobierno, la garantía de cumplimiento de las reglas del juego es de importancia primordial. Imaginen lo que supondría un parlamento capaz de generar las leyes más excelsas con un poder judicial y una fiscalía inoperantes, incapaces de asegurar su aplicación. Pues bien, eso es lo que nos encontramos dentro de los partidos políticos hoy en día: no hay independencia en sus órganos de control a la ejecutiva. Por aquí se desmorona la democracia interna; si no hay policía, la ley del más fuerte. ¿Les suena? Es el modelo exportado, desde el interior de los partidos políticos a nuestros parlamentos, a nuestro sistema judicial y, finalmente, a nuestros gobiernos.

alwayslookatbrightsideoflife

Una decisión primordial: manda la democracia por encima de mi apreciado criterio. No vulneraré los principios democráticos movido por la necesidad de control, la estabilidad de mi silla, mis ganas de figurar, mi íntima convicción de ser el custodio del santo grial. No. Desengáñese: usted nunca es para tanto. Y no se lo digo yo, se lo decimos todos.

 

jaime trabuchelli

 

 

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *