El Bien Común

No hay nada que dé más prestigio y que aglutine tanto reconocimiento como ser un verdadero impulsor del bien común.

¿Qué es el bien común? Las condiciones idóneas para que todo individuo pueda desarrollar una vida plena: salud, desarrollo intelectual, integración social, desarrollo emocional, realización laboral y desarrollo espiritual o filosófico.

Para que todos los aspectos mencionados alcancen un desarrollo óptimo, la educación en valores debe adquirir un lugar preeminente en todo ello; debe situarse no en la cima, sino en la sima. En la cima se encontrará el fruto último de todo: una sociedad feliz.

Esto se llama utopía, habitualmente. Pero hagamos el esfuerzo de “escalar el tiempo”. En el universo todo ocurre por ciclos. Si uno está inmerso en un ciclo que le trasciende, es decir, que supera lo que conoce en cuanto a que ni su vida, ni lo que conoce más allá de su época, suponen un ciclo temporal mayor del necesario para alcanzar tal fin. Un ejemplo: ¿pudo conocer el hombre de Neanderthal el grado de bienestar que alcanzaría, miles de años después, el Homo Sapiens? ¿Qué pensaría el hombre del medievo si le hubieran dicho en su época que el hombre pisaría la luna a bordo de una nave espacial?

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Hemos podido comprobar en nuestra época que el presente disfruta de avances que en el pasado, no muy lejano, hubiera resultado demencial considerar siquiera posibles.

Lo más llamativo es que ofrecemos una llamativa resistencia a pensar en el futuro como el lugar de lo inimaginable, y seguimos siendo máquinas de escupir la palabra imposible. La realidad empieza con un sueño, por tanto, el sueño guarda en su seno la semilla de la realidad.

Sólo aquello que nos hace más felices nos genera ilusión, y querer ser más feliz siempre es soñar, soñar y dar pasos valientes.

Yo sueño con el bien común. Sueño con un mundo de buenas personas, capaces, generosas, innovadoras, creativas y trabajadoras.  Y como tengo un espíritu acentuadamente científico, estoy convencido de que se hará realidad, como todo lo que el ser humano ha sido capaz de soñar a lo largo de su historia. No me ciega el plazo ni me abruma mi ignorancia. Hay demasiadas pruebas de que lo imposible es alcanzable y está en el destino de aquellos que lo creen posible.

Por eso, creo en la democracia. No en la quimera que vivimos, salpicada de honrosas luces. Los cínicos tienen los días contados, aunque haya que contar durante mucho tiempo.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Qué sabio refrán.

 

jaime trabuchelli

 

 

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