Vacaciones en Finlandia

Imagínense un Congreso de los Diputados con esta composición: PP 20%, PSOE 20%, Podemos 20%, C´s 20%, CiU 10%, PNV 5%, Otros 5%.

¡Oh cielos! Exclamará la partitocracia. Se nos encasquilló la escopeta nacional. Ya nada volverá a ser lo mismo.

Efectivamente. En este contexto ya no les va a quedar más remedio que hacer política. Las cosas van a dejar de ser blancas o negras – nunca lo fueron en realidad – para tener, por necesidad, que adquirir una gama de matices bastante profusa y compleja. Esa línea comunicante entre un oído y otro – izquierdo y derecho, por uno entra y por otro sale -, tan propensa a no desarrollar idea alguna, va a tener que incorporar algún dique y empezar a tratar las ideas alienígenas como puntos de partida para llegar al consenso. Por fin tendremos debate, por fin aprenderemos quién es quién y no tendremos que sufrir interminables horas de teatro de tercera, bostezos en los escaños semi vacíos, e insultos que ya lejos de enervar e indignar, entristecen y aburren.

Entre tanto, yo propongo que en Agosto, cuando sus señorías tienen vacaciones casi sin excepción, fletemos unos cuantos vuelos charter a Finlandia, donde los gobiernos de coalición con hasta seis partidos políticos se forman con naturalidad, y nuestros representantes – presentes y en ciernes – puedan adquirir unas nociones básicas de política, sentido de estado, consenso y búsqueda de soluciones reales.

Señorías ante portasfinlandia

Vamos a extraer unas muestras representativas de cómo es la política en Finlandia:

Una declaración, de Timo Soini, del partido Auténticos Finlandeses – , después de perder las elecciones a favor del Partido Centrista: “Reconozco que el Partido del Centro ha hecho un buen trabajo en la oposición. El pueblo ha votado por ellos y el pueblo no se equivoca” .

Un hecho: desde 1958, el Gobierno de Finlandia no había sido sometido a una cuestión de confianza. Todo este tiempo, las coaliciones entre grandes partidos han contado con fuertes mayorías parlamentarias. La última moción, en noviembre de 2014, no prosperó.

Un ejemplo: Los fineses pueden saber cuales son los ingresos declarados de todos los residentes en el país, desde su presidente hasta el dueño del kiosko donde compras el periódico todos los días.

Un dato estructural: en Finlandia, la estructura de poder es colegiada. El Consejo de Ministros tiene más poder que el Presidente de la República.

En las últimas elecciones el partido vencedor obtuvo un 23% de los votos, y el cuarto más votado, un 17%. ¿Les suena?

Invirtamos, españoles, en unas vacaciones didácticas para nuestros representantes por tierras finlandesas. No escatimemos, que se sientan cómodos, plenamente receptivos a los conocimientos que la proverbial facultad para enseñar de nuestros hermanos nórdicos, hará penetrar en sus agradecidas mentes y en sus satisfechos corazones. Hagámosles sentir como héroes a su vuelta, entorchando la sabiduría recolectada en su histórico periplo por los fiordos del saber y la ética, dispuestos a aplicar las medidas necesarias para dejar de robarnos, mentirnos y despreciarnos. Ellos no, claro, ya redimidos, sino los sucesores, que no habiendo podido acceder por falta de méritos a tan excelsos saberes, al menos encontrarán un sistema férreo que les impida vulnerar los principios del buen gobierno, obligándoles a dar cuentas a una sociedad protegida per seculum seculorum.

Pues sí. Quizá de esta manera el Congreso no sea un patio de monipodio y logre ser, progresivamente, un lugar en el que ver reflejado lo mejor de los españoles.

Hay que entenderse y buscar el bien común. Y para ello, entre todos, limpiar las reglas del juego, que están llenas de trampas. Y esta vez sí: el que la haga o la tape, la pagará muy cara.

 

jaime trabuchelli

 

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