Grandes Anónimos

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que creer y crear se conjuguen de igual manera en la primera persona del singular del presente de nuestro idioma: “yo creo”.

Todos interpretamos la realidad en base a nuestras creencias. En base a ellas fijamos nuestras metas, y nuestro comportamiento en el día a día se guía por ellas. Desde pequeñitos configuramos nuestra idea del mundo cruzando lo que nos enseñan con nuestra propia experiencia, y así nos vamos haciendo mayores.

Es por ello que nuestra experiencia se ve imperativamente condicionada por lo que creemos posible y alcanzable, y por tanto nos dirigimos a lograr sólo lo que consideramos factible, eliminando de nuestro horizonte todo lo que no consideramos dentro de este rango.

Héroe

Algunas personas extraordinarias, a las que luego, a posteriori, llamamos visionarios si tienen éxito, consiguen metas que inicialmente casi nadie creía posibles: Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela o Teresa de Calcuta, son claros ejemplos. Otros, sin embargo, luchan con el mismo ahínco por metas igualmente encomiables y dignas de admiración, pero finalmente no lo consiguen. A esos se les llama soñadores o ilusos. Lo que ocurre es que seguramente estos soñadores fueron los que inspiraron con su personalidad, sus valores y su fuerza a los que finalmente resultaron ser los héroes. Su momento era distinto, pero su ejemplo igualmente importante, si no más.

A todo el mundo le gusta el éxito, conseguir aquello que se propone. Cuanto mayor el éxito, mayor el reconocimiento, más numerosos los “amigos”, más atención y más facilidades. Es ley de vida.

Pero hoy, desde mi humilde tribuna, quiero ofrecer todo mi reconocimiento y admiración a aquell@s que luchan por lo que creen que está bien, independientemente de que lo consigan o lo puedan conseguir en sus vidas. Aquell@s que luchan por lo que consideran que es bueno, que es extraordinariamente bueno, contra viento y marea, contra excépticos y cínicos, hasta contra el criterio de sus más próximos y allegados. Estas personas de valía extraordinaria, verdaderamente independientes, han desarrollado al máximo las mejores cualidades de un ser humano: valentía, bondad y fuerza.

Los que lo consiguen y los que no lo consiguen son iguales en mérito; sólo los diferencia el contexto. En unos casos las condiciones eran propicias para que su iniciativa diera fruto, y en otros casos no. Pero sin duda, el ejemplo de estos últimos es lo que hizo posible a los primeros seguir luchando, atravesando todas las dificultades, hasta que su brega dio fruto.

La ciencia progresa a través del ensayo y el error. Pero la ética y los valores no progresan, ni falta que les hace,  porque son eternos. Sólamente se manifiestan en quien les da la oportunidad. Esa es la inversión más rentable de la humanidad: hacer lo que está bien. Eso brilla con luz propia, no depende del futuro. ¿Hay algo más sostenible?

Yo he tenido la inmensa fortuna de conocer en mi vida a unas cuantas personas así. No hay mayor suerte, ejemplo más difícil de seguir ni mayor inspiración para la toma de las decisiones más difíciles.

Para ell@s toda mi gratitud, que no necesitan en absoluto.

 

jaime trabuchelli

 

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