El Valor de la Vida

Jaime

 

La Vida, sin sentido, es una bomba siempre a punto de estallar. La educación en valores positivos, la transmisión del conocimiento para despertar el entusiasmo por el milagro de la existencia, desvelar las riquezas que esconde el alma humana y la naturaleza en su conjunto, son la bandera de la civilización. Nada perdura si no está basado en el respeto, la solidaridad y la supremacía cabal del bien colectivo, por encima de los intereses particulares.

Cualquier tipo de terrorismo obedece únicamente a la degeneración del ser humano. Desgraciadamente, son tantas las causas que se han esgrimido históricamente para asesinar de forma masiva, que ninguna puede abanderar lo que en realidad es la enfermedad a erradicar: el desprecio por la Vida.

La Vida tiene un valor incalculable, inconmensurable e innegociable; tánto como la mirada de un niño o la mirada de dos enamorados. Cualquier asesino fue una criatura inocente, un bebé adorable, y cualquier víctima también lo fue. El freno a la barbarie sólo puede consistir en la reivindicación indiscutible, valiente, masiva e indiscriminada del valor de la Vida, de los derechos de cualquier ser humano, recogidos maravillosamente en la Declaración de Derechos Humanos. Cualquier cultura, credo o ideología que atente contra ellos debe convertirse automáticamente en enemiga de la raza humana, combatida con todos los recursos que un estado de derecho democrático moderno tiene previstos, y contar con la colaboración sin reserva alguna de la Comunidad Internacional. A inmensos males, inmensos remedios.

La Vida es un valor absoluto. No hay matices. La barbarie debe ser erradicada con una respuesta determinante, única, mundial, en la que cualquiera que quiera abanderarla debe hacerlo desde la única patria, el único credo, la única condición igual a todos: la condición de ser humano.

Charlie Hebdo ha sido la gota, el tristísimo chorro de sangre, que ha colmado el vaso de la paciencia de la gente de paz.

Los grandes políticos, los grandes hombres en la historia, han sido aquellos que han tenido un compromiso prioritario y vehemente con los valores de la igualdad y la libertad. Hoy hacen falta, urgentemente, para liderar la superación de la crisis moral que nos asola.

jaime trabuchelli


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