Elecciones Primarias: Democracia, Kilómetro Cero

Jaime

 

Como comentaba con acierto Ignacio Aguado, portavoz de Ciudadanos en Madrid, en nuestra conversación hace unos días, en España no hay cultura de primarias.

Las elecciones primarias suponen el primer compromiso de la sociedad con la democracia. Por tanto, deben ser un proceso abierto a la ciudadanía, ya que no suponen un evento interno en absoluto, sino una declaración de intenciones en toda regla, un compromiso con la intención colectiva y la transparencia, y una genuina expresión la participación y la tolerancia.

La vocación política forma parte de la naturaleza del ser humano. De un tiempo a esta parte se puso muy de moda la expresión “yo no estoy interesado en la política” o más aún, una declaración de naturaleza: “yo soy apolítico”. Evidentemente, esto se debe a un desconocimiento de lo que en realidad es la política, pues todo individuo sano participa consciente o inconscientemente en ella, y en múltiples aspectos. Gran parte de la responsabilidad de este desconocimiento, se debe seguramente a la mala praxis de los propios políticos y sus organizaciones, que dan una muestra deformada y extremadamente reducida de lo que debiera ser, en buena ley, la actividad política.

El diccionario de la Real Academia define primeramente la política como un arte. No puedo estar más de acuerdo. La política con mayúsculas, abarca tantas responsabilidades y la gestión de tan múltiples asuntos concernientes al ser humano y su entorno, que difícilmente podría ser menos ambicioso que la más grande de las artes, y nunca menos noble que la más noble de las disciplinas. Hoy día, política y democracia son como el cuadro y el marco, donde la primera no es digna de ser exhibida si no lo es insertada en la segunda. Pues bien; las primarias, siguiendo la metáfora, serían el lienzo sobre el que se desarrolla toda la posterior actividad. La calidad de un lienzo determina la durabilidad de la obra y el mantenimiento fiel de sus características.

Como todo lo que es nuevo ha de ser perfeccionado con el tiempo, y no se puede exigir a un noble comienzo la perfección de lo que ha sido consistentemente probado y mejorado a lo largo del tiempo. En este sentido, es ideal que un proceso de elecciones primarias establezca un tiempo suficiente para que los votantes conozcan a los candidatos y puedan sopesar su idoneidad en sí mismos y en relación a los demás. De igual manera, es de primordial importancia una regulación análoga a los procesos electorales posteriores, para garantizar el control, la transparencia y el fair play , durante todo el recorrido. Estas dos condiciones, deben ser la línea base sobre la que se elabore toda mejora posterior.

En nuestra sociedad española existe cierto estigma social hacia las personas que deciden dar un paso adelante en cualquier disciplina y se postulan para optar a cualquier cargo de responsabilidad sin haber sido expresamente requeridos para ello. Esto, que en una sociedad anglosajona se interpretaría como una virtud, en la nuestra suele ser visto en muchos casos como una muestra de arrogancia y signo de dudosos propósitos. De nuevo, la praxis de muchos políticos, que es el caso que nos ocupa – pero no sólo en este ámbito -, ha embarrado la opinión pública y ha dejado muy expuestos a sus sucesores en el desempeño de la función pública.

Queda por decir que la culminación de las primarias, supone traer a los partidos lo que el sentido de estado es al legislativo. Tras la elección de los candidatos no puede venir más que el apoyo al proyecto común y la defensa conjunta de los planteamientos marco que caractericen la propuesta de la formación, tanto por parte de los elegidos como de aquellos que no lo fueron. Sin los no elegidos, los designados no obtendrían la legitimidad necesaria. Por tanto, todos son parte imprescindible de la victoria de la democracia.

Dicho todo lo anterior, haríamos un magnífico servicio a la democracia y al futuro de nuestro país, si todos los partidos políticos incorporasen las elecciones primarias como una exigencia de la Ley, ya que no ha surgido previamente en la gran mayoría de ellos como una convicción por principios. Estas elecciones primarias deben garantizar el principio de la meritocracia, la transparencia, y el rigor procedimental para ser presagio de un sistema político fuerte, sano y que lleve al conjunto de la sociedad a las mayores cotas de bienestar y plenitud. Sólo de esta manera garantizaremos desde el principio que la cadena de delegación que une al ciudadano con sus representantes, esté bien engrasada con el compromiso , y suficientemente tensa como para rectificar el camino cuando la sociedad lo considere necesario.

No nos engañemos; la agilidad con la que un país responde a cualquier reto depende del control de la ciudadanía sobre el ejercicio de sus representantes. A mayor control, menor desviación cualitativa y cuantitativa sobre el interés general. Cuando este control flaquea, cuando los ciudadanos no asumen su responsabilidad política y relajan su compromiso con las instituciones, el tumor del poder incontrolado infecta los poderes públicos y, el resto, es historia.

jaime trabuchelli


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