El Viraje

Jaime

Vivimos un momento histórico.

Tengo la sensación de que el votante español – ya sé, una entelequia, pero también un movimiento social identificable – es un observador muy reticente. Motivos no le faltan. Este movimiento social parece haberse hartado no ya de los errores, la corrupción y la desconexión de los partidos tradicionales, sino sobre todo, de la falta absoluta de una auténtica reacción para subsanar sus males.
Ciudadanos primero, en Cataluña pero con vocación nacional, y UPyD después, enarbolando la disidencia desde dentro del sistema, vía escisión, han dado la batalla desde 2006 y 2007 respectivamente.

Ya en 2011, el 15 M representó la indignación de un país contra un sistema que no daba respuestas satisfactorias, y que cargaba el peso de la crisis contra los más débiles – como en el resto del mundo -. Pocos advirtieron que dentro de este movimiento se hallaban representantes de todos los sectores socio-políticos. No en vano, Lorenzo Abadía, ex miembro del PP de Aragón y notable talento político, se encontraba entre ellos.

En enero de 2014 emerge de la Complutense un partido que acaba por aglutinar una buena parte de la indignación popular. Podemos irrumpe con fuerza en el Parlamento Europeo y en la sociedad, con un brillante análisis de la génesis y materialización de la crisis financiera, y un inquietante paquete de soluciones lanzadas al aire político, en un frenesí a borbotones que casi nadie cree, pero que diseña una quimera alternativa, extrañamente análoga al desmesurado endeudamiento que las familias acometieron hasta el cenit de la burbuja inmobiliaria. Ese programa insostenible, que tanto rédito político y social ha dado a la formación en el corto plazo, está siendo transformado desde la misma cúpula de la formación a marchas forzadas, a medida que ven acercarse la más que posible representación en las instituciones, para evitar en lo posible el abismo entre el dije y el hice. Podemos empieza a plantearse: ¿Podremos?

Mientras tanto, a lo largo de todos estos avatares que duran ya casi 9 años, el Movimiento Ciudadano abanderado por Albert Rivera ha ido penetrando en la sociedad a golpe de rocío, con el suave y firme aroma de la sensatez, con la fuerza imparable con la que los ríos redondean los riscos. Me pongo poético porque lo merece. Hay que tener tesón, ideas claras, honradez, sensatez de nuevo, y una ilusión imparable, como para abrirse paso a través de estos años convulsos y ser capaz de convencer, sin prisa y sin pausa, a una sociedad apaleada por la deslealtad de sus representantes.

Con todos los respetos creo que la sociedad ha utilizado y utiliza al partido de Pablo Iglesias como Caballo de Troya. Conozco demasiados votantes suyos como para simplificarlos y pensar que es al revés. Aún recuerdo un verano trabajando en una fundación en las montañas de Catskill en el estado de Nueva York, cuando un canadiense excelente persona y muy bien formado decía: “No subestimen a los españoles, se lo llevo diciendo mucho tiempo”.
Y dentro de ese Caballo de Troya, el Movimiento Ciudadano con Albert Rivera al frente, viene con una fuerza tan bien cimentada como joven y moderna: el futuro de nuestro país pasa por sus manos.

Tengo la extraña e inusual sensación de que no me equivoco.

jaime trabuchelli


2 thoughts on “El Viraje”

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *