Prometeo Encadenado. El Mundo de Pedro Jota.

Jaime

“Yo no cambio
Mis males por tu oficio, y antes quiero
Padecer a esta roca encadenado
Que de Jove ser nuncio. Con injuria
A la injuria respondo”.

Prometeo Encadenado
ESQUILO

Al final lo peor siempre responde a una cuestión personal. Es por eso que todos queremos conocer a la persona que hay detrás del personaje. Y esto responde también a que, al final, lo mejor siempre ocurre cuando se deja atrás lo personal y se eleva la mirada por encima de la miseria cotidiana.

La ética no condena a la persona sino que más bien jerarquiza el comportamiento en el continuo de lo benéfico y lo perjudicial. Esto permite la respuesta cabal, sensata y madura, el aprendizaje vital al que todos estamos sujetos. En cuanto algo es personal, ad hominem, ya sea, como decíamos, benéfico o perjudicial, empieza el drama.

En la política y por supuesto en el periodismo, en los que la ética tiene una voz primordial, lo personal siempre degrada la actividad. Criticar qué se hace es tan legítimo como ignominioso es hacerlo con quien se es. No es baladí, pues la voluntad está sujeta a cambio y por tanto los actos, de ahí que cuando uno se dirije a la conciencia del otro en la interlocución, resulta la vía noble por excelencia, y cualquier alusión a otra identidad resulta tan indeseable como perjudicial.

Evidentemente, es fácil nublar la diferencia entre lo que resulta personal y lo que, digamos, pertenece al ámbito de la noble búsqueda de la verdad – no entraremos en si objetiva o subjetiva -. Pero sin duda los motivos son los que marcan la línea, y como queda dicho más arriba, la voluntad siempre anda tras ellos. Uno decide más o menos conscientemente lo que quiere perseguir y cómo, y esto va a marcar todo lo demás.

Algunas personas que conozco y otras que no conozco, piensan que el conflicto que se está viviendo en el periódico “EL Mundo” entre Pedro J. Ramírez y Casimiro García Abadillo responde a una cuestión personal. No puedo evitar que venga a mi memoria el libro homónimo del Premio Nobel japonés Kenzaburo Oé, en el que si bien su tremendo argumento vuelve completamente trivial el suceso de los periodistas en lo aparente, lleva sin duda a la misma reflexión de fondo: las profundidades de la conciencia y los motivos de la vida. Evidentemente no. Es mucho más que una cuestión personal. Es una odisea moderna con todos los ingredientes requeridos. Será una película en el futuro; no me cabe duda.

Un periodista de raza, indomable, un prometeo riojano se ha enfrentado al poder político durante décadas con una firmeza encomiable, haciendo más por la democracia y el derecho a la información en este país que un gran número prebostes y figurines que recogen premios y agasajos por doquier. Al poco de incomodar a un Rajoy acorralado por la corrupción y vergonzosamente sorprendido arrullando al tesorero en mensajitos verdes, resulta que nuestro prometeo está llevando a la ruina el periódico que fundó y, oiga, ya se sabe: los números son los números. Y cierto fue. El número que han montado es fino. Si pensaban que el ariete iba a plegar y sublimar su discurso quintacolumnista en inocentes referencias “culturetas”, erraron el tiro. Se dispararon en el pie.

Está en juego el Cuarto Poder. Está en juego la libertad de prensa, el blindaje de la corrupción, la podredumbre consensuada por los sempiternos parásitos de la política y los corruptores con posibles. Está en juego la democracia, y este es uno de los frentes clave. Están los jueces, están los partidos, está el gobierno y está la prensa. Y en la prensa, están todos.

La toma de conciencia de la que hablé hace unos días está en conocer el tablero en el que se juega la partida, antes que nada. Recibimos información sin límites, y si no la podemos ubicar, si no la sabemos priorizar y clasificar, estamos hundidos en la riada caótica y…votamos al PP. Así de claro oigan. Hoy por hoy, así de claro. O votamos al PSOE, al neoPSOE cosmético. O a IU (Podríamos).

Andan débiles las voluntades en la dirección de “El Mundo”. Y es que cuando ya todo es una cuestión personal, los frentes son inabarcables. Como Marion Crane en “Psicosis”, la mera posesión de un botín moralmente ilegítimo le hacen ver amenazas a la una y columnas al otro donde sólo hay coches e ideas a su propio albur.

Un acuerdo que sólo abre un paréntesis temporal a cambio de dinero, pero que es incapaz de impulsar un verdadero proyecto periodístico, sólo hace que, al igual que Zeus, la Fuerza del Dinero sólo dilate lo inevitable: un matrimonio que debilitará al todopoderoso y acabará liberando al encadenado, portando el fuego del talento allá donde fuere: portal, cabecera, tribuna o lo que le dé la gana. Demasiada leña ahoga el fuego.

Hay algo especialmente hermoso en este fascinante paralelismo – no casual, en mi opinión – que nos ofrece Esquilo veinticinco siglos después: la pérdida de las dos últimas partes de la trilogía. Lo que pudiera parecer – y lo es – una gran pérdida, se convierte, como tantas veces en la vida, en un vibrante desafío para escribir por nosotros mismos las páginas de la historia. “Prometeo Liberado” y “Prometeo Portador del Fuego” son por sí mismos dos títulos reveladores.

A medida que uno rasca, se da cuenta de que la vida no ha cambiado tanto. Rasquemos pues.

jaime trabuchelli

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *