Tomar el Cielo a Saltos: Metáfora del Ansia

Jaime

Ayer en Vistalegre Pablo Iglesias envió un mensaje a Echenique que es toda una declaración de intenciones del ideario que los 5 han ido conformando en los últimos años. No es baladí: “El cielo no se alcanza por consenso, se toma por asalto”. Metáfora del ansia.

Frente al planteamiento tricéfalo de Pablo Echenique (consenso), el planteamiento de Iglesias viene a incidir en la necesidad de un líder carismático frente al liderazgo grupal de las ideas. Sostiene la inoperancia de la fórmula colectiva para lidiar con sus adversarios, que implementarán el mismo modelo clásico. Parece más coherente con el ADN de Podemos la propuesta de Echenique, que no vencerá. Al fin y al cabo, el votante en general siente la necesidad emocional y simbólica de personalizar sus afanes en un discurso vinculado a los valores personales, más que sublimado a un ideario colectivo; que también, pero después.

Pero ese “asalto al cielo” resulta ser el epítome del populismo. Como antídoto bien valiera el ideal Zen que tan bien expresa el aforismo perenne: “Los pies en la tierra, la cabeza en el cielo”. Ese abordaje al firmamento que tánto rédito ha dado a oportunistas en Latinoamérica y mucho antes a los nefastos nacionalismos europeos no hace más que arrasar el suelo bajo los pies de aquellos en cuyo nombre dicen hablar los illuminati: el pueblo. Ejemplos: URSS, China, Cuba, Venezuela, Argentina… ¿hacen falta más? En la orilla de la sensatez encontramos la necesidad de pensar, soñar si quieren, un modelo de convivencia, de prosperidad y progreso, de solidaridad y acción real. Esto es la cabeza en el cielo: el proyecto, el programa, el futuro. Los pies en el suelo, en la tierra, son un modelo económico viable y encaminado hacia la eliminación de las desigualdades: un proceso de regulación progresiva del capitalismo hacia una economía del bien común, ética, libre de corrupción y de la que no tengamos que avergonzarnos cada día.

El antibiótico π está servido. Quizá sirviere, si logra su objetivo, para despoltronar a los actuales prebostes de la corrupción y la partitocracia, pero mucho me temo que hubiere que pagar el precio de la desestabilización provocada por un intervencionismo estatal desproporcionado más que previsible, un pendulazo que nos llevare a sufrir los mismos males que ahora padecemos; mismo perro, distinto collar.

El equipo es el pueblo y todos sus representantes. El equipo se forma respetando las reglas del juego y no jugando con las reglas para torcerlas a tu favor. Restablecer una democracia real es conseguir y respetar el mismo peso del voto para cada ciudadano, conseguir y respetar la separación de poderes y el equilibrio entre lo público y lo privado, que no es más que equilibrar su peso y no invadir sus ámbitos respectivos. Esta es la vía del consenso y el poder ciudadano y el cielo se despeja progresivamente cuando este camino se anda; no lo imaginamos, Finlandia nos lo muestra. Para ello hay que vencer el ansia, el deseo de poder, y sustituirlo por una legítima ambición de consenso y una generosidad serena, con visión de futuro.

Si me permiten la metáfora, remover el pasado y sus cloacas lleva a utilizar putrefacta esencia de dinosaurio para mover los motores. El deterioro del planeta al que lleva esta vía es evidente. Las energías limpias surgen de cabezas despejadas, desprovistas de ansiedades cortoplacistas y cómplices de nuestros hijos y nietos. No creo que restaurar los errores del marxismo, fruto de su época, sirvan para activar las necesidades actuales, sino más bien al contrario: despiertan antiguos fantasmas. Salgamos de los libros y los castillos en el aire y demos soluciones nuevas a problemas viejos, que envejecieron debido a la obsesión de seguir aplicando fórmulas obsoletas. Y no vale vestir a la mona de seda, porque ya sabemos todos que mona queda.

El consenso trae la paz, la libertad y la igualdad. Asaltar el cielo es piratería. Para desinfectar, desinfectante, no pistolas.

Marx tuvo grandes frases, y también dijo muchas tonterías. La calidad de muchos de sus análisis y lo nefasto de sus recetas podemos verlos hoy reproducidos.

jaime trabuchelli

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