Caimanes por el Váter

Jaime

Hace ya muchos años que leí una noticia inquietante acerca de algo que estaba ocurriendo en una ciudad de los Estados Unidos de América, que nunca llegué a comprobar. Por lo visto se puso de moda tener caimanes pequeños en las casas, y llegado el momento en que crecían hasta determinado punto los echaban por el retrete, y claro, el animalito acababa en las alcantarillas urbanas. Con el tiempo, los caimanes adultos sembraban el terror entre los visitantes necesarios de estas canalizaciones.

Permítanme que extrapole o utilice como metáfora el comportamiento que los sucesivos gobiernos de España han tenido hacia los partidos nacionalistas mayoritarios en sus regiones de origen – PNV y CiU principalmente – que mientras “connivían” – perdóneme la RAE pero este verbo existe – con sus espurios intereses, iban creciendo en insolidaridad, egocentrismo, afán desmedido de poder e iluminismo. El señor Rajoy, ahora que el monstruo ha crecido en exceso, parece que toma la misma decisión que estos aficionados a las mascotas peligrosas en su momento. Lo peor es que insiste en tirar de la cadena, mientras su caimán no acaba de alcanzar una tubería por la que ya, no cabe ni doblado. Así que toda la inmundicia acumulada está rebosando hasta alcanzar sus nobles dependencias, y tal es el atranco que todo está saliendo por orden cronológico simétrico, llegando hasta el origen. Ya le gustaría a él poder acabar con el monstruo en la intimidad e invisibilidad de las alcantarillas de la política, sin luz ni taquígrafos, pero su gozo, más que recabar en un pozo, debe ser ya melancolía a estas alturas.

Ha hablado muy bien de esto Arcadi Espada, denunciando corrupción y complejos desde la propia transición. Pero ahora, hoy, la responsabilidad es mayúscula y la falta de brío y determinación del Gobierno del Partido Popular sólo se explica desde la más alta de las traiciones en democracia: poner el interés particular por encima del colectivo; naturalmente, el del Pueblo Soberano.

Yo no soy nacionalista, pero creo en una democracia construida para convivir y crecer en justicia, igualdad y libertad. Por tanto, defiendo la integridad de un país en el que una inmensa mayoría de españoles queremos seguir construyendo juntos una sociedad libre de corrupción, solidaria y cada vez más justa. Es lamentable que nuestro actual gobierno sea manifiestamente incapaz de proyectar esta voluntad mayoritaria dentro de nuestras fronteras y ya no digamos fuera de ellas. El último ejemplo de burdo complejo nacional es el auto nombrado futuro presidente del gobierno de España declarando la inutilidad del Ministerio de Defensa. El mensaje no tiene desperdicio. Gobierno y oposición representan hoy día la indolencia y la estupidez, respectivamente y viceversa. Y recalco que no ser nacionalista no significa en modo alguno no defender a una sociedad que se quiere regir por unos valores que son la base de toda la paz y prosperidad alcanzada en los últimos dos siglos, y que se llama democracia. Un patriota moderno no es un nacionalista, ni opone nunca su identidad a la de otros, sino bien al contrario se presenta como un color en armonía con el resto. “Antes que azul, rojo o morado, soy color. Y antes que color, materia”. Por si alguien no lo entiende.

Mientras tanto, estos caimanes tan monos y entretenidos antaño, van clavando sus fauces en los bordes del mapa mientras en el centro el césar se mira el ombligo entre whatsapp y whatsapp.

Esperemos que la tercera vía llegue como tal y no como bypass.

jaime trabuchelli

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