El Aprendizaje y El Contagio

Hay quien piensa diferente a uno, y hay quien ataca a uno por pensar diferente. Son dos cosas muy diferentes entre sí.

Si se carece de la tranquilidad suficiente como para escuchar entero un argumento sin que el resorte de la reacción pise el discurso inacabado del otro, debiéramos revisar con cuidado nuestros propios postulados.

Nuestra visión se enriquece con la escucha del otro, el análisis de su contenido y la comparación con el nuestro. Podemos acabar incorporando o no algo de su argumentario e incluso importantes ideas. Pero una cosa es segura: nuestros planteamientos saldrán fortalecidos porque habrán viajado por el otro, ensanchándose a través de una óptica alternativa de la realidad.

Hasta aquí la evolución de las ideas.

Ahora pensemos en aquél que ataca al que defiende una postura porque está alejada de la suya. Argumentos Ad Hominem. Aquí no ha debate. Aquí no hay ideas. Aquí sólamente hay una persona que reacciona, que hierve en las emociones brutas todo aquello que pasa por su mente, rápida e ineficazmente. Esta persona está en pañales, no importa lo lejos que haya llegado social, económica o políticamente. Toda su inteligencia estará encaminada a vencer por aplastamiento, pero jamás se enriquecerá con el discurso del otro, jamás podrá beneficiarse de la paciencia de escuchar. El miedo al contagio le mueve…un miedo provocado por una duda inconsciente y fundamental: la sensación de falta de solidez, la arbitrariedad que conforma un crecimiento apresurado y efímero.

Cada cual que juzgue, después de ver, de mirar, de escuchar.
A veces el problema es que no miramos ni escuchamos para mejorarnos, sino para optimizar nuestros ataques.

Mirar, escuchar, mejorar… muy revolucionario.

jaime trabuchelli

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