Ganar

Parece ser que Sosa Wagner ha recibido el reproche de la práctica totalidad del Consejo Político de UPyD, tanto por las forma de su planteamiento público de las diversas cuestiones como, en menor medida, de su reivindicación asociativa con Ciudadanos. Y digo parece ser porque ha sido a puerta cerrada. El y otros nos irán diciendo en los próximos días cuál ha sido su experiencia y sus impresiones.

El titular de El Mundo fue: “Wagner pierde el pulso contra Díez y no logra apoyos para pactar con Ciudadanos”.

Pocos dudaban de que esto fuera a ser así. Pero sorprende el tirón de orejas generalizado y el seguidismo de la inmensa mayoría del Consejo al hecho de plantear públicamente su disconformidad con las más que sabidas prácticas dictatoriales de Doña Rosa y sus acólitos, que al fin y a la postre han resultado ser, desde su fundación, la causa de la desafección de más de nueve mil afiliados que esperaban otra cosa del partido magenta. El afiliado es el relámpago, el votante el trueno. Cada uno tiene su velocidad de reacción y los tiempos resultan consecutivos pero lógicamente demorados. Y resulta que se oyen los truenos a las puertas de que Ciudadanos lance el envite nacional.

Es llamativo observar cómo el número de simpatizantes de Ciudadanos es considerablemente mayor que el de UPyD, y cómo el ritmo creciente de afiliaciones en aquellos contrasta con el retroceso galopante de estos. Es igualmente destacable el contraste entre la excelente valoración de Albert Rivera y la bastante más discreta de Rosa Díez entre el conjunto de los españoles. Yo me encuentro entre los que voté a UPyD las pasadas elecciones al no estar disponible Ciudadanos a nivel nacional. Evidentemente no soy un caso aislado.

El mensaje a la sociedad española está enviado: hay quien apuesta por el conjunto del país y hay quien apuesta por el conjunto de sus dirigentes, que no afiliados.

Sosa Wagner no ha perdido, naturalmente. Se ha convertido en un exponente de la auténtica UPyD, aquella que más de 9.000 afiliados soñaban construir y no les dejaron, aquella en la que el 60% de sus dirigentes fundadores fueron purgados por disentir con la línea marcada a trazo grueso por su lideresa. Desde el Hotel Palace celebró su bautizo, y eso fue una declaración de estilo. Ella quería ser González.

Savater reprochaba a Sosa que hablara a través de la prensa, y no a través de los órganos del partido. Hay que ver cómo nos la cogemos con papel de fumar y caemos en hipocresías de librillo; lo siento pero se puede disentir con Savater, no es un santo de vitrina. Dijo muy bien Don Francisco que quién le haría ni puto caso al contarlo en ese foro cerrado que es el Consejo Político de UPyD. Fue abierto y contundente, claro y explícito, como no puede serlo de otra forma una persona valiente y coherente que se ve asfixiada ideológicamente e ignorada en lo personal por una dirección obtusa y maniquea incapaz de abordar ningún tipo de autocrítica y de alzar la mirada más allá de sus estatutos.

Pues no, señores de El Mundo. Ganar no es lo que Rosa Díez ha hecho hoy. Ganar es otra cosa.

La tradición milenaria de la India nos trae hasta hoy un concepto muy interesante: el Karma Yoga. Viene a decir que la acción desinteresada es la única que trae felicidad auténtica: actúa con plena entrega pero desapégate de los frutos. Es muy sencillo en realidad: haz lo que creas que es correcto sin importar las consecuencias. Es un principio de vida muy poderoso, porque mantiene tu visión clara y te vacuna contra la mezquindad. A mí me parece claro que Sosa Wagner actuó movido por este principio, ya que es un hombre inteligente y no se le escaparía que las probabilidades de tener éxito en sus anhelos eran, por ser generosos, mínimas. Por tanto, él ya venció. Y convenció.

Albert Rivera y creo que la gran mayoría de Ciudadanos apostamos por esta importante sinergia con mucha convicción y pocas esperanzas, en honor a la verdad. Esto también fue desinteresado, obviamente. Sólo mentes muy poco perspicaces dudaban y dudan del genuino propósito regenerador que lo movían. Y ya ganamos con esta decisión, sin duda.

El pueblo soberano es el que marca los tiempos y sólo queda trabajar movidos por las propias convicciones y valores. No parece que la cosa sea luchar por el poder, sino poder luchar por lo que uno cree que es correcto, ético, deseable. Y para eso, se requiere la valentía y la serenidad de saber que uno gana cuando toma la decisión correcta, no la que calcula un rédito.

Aunque a veces puede ser que coincidan…

jaime trabuchelli

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