Los Nombres y las Cosas

El Tribunal Constitucional ha suspendido la Ley Catalana de Consultas por unanimidad. Un Tribunal Constitucional elegido por la partitocracia ha actuado como siempre condicionado por el legislativo, mayormente por el ejecutivo, aunque esta vez con acierto; un acierto, como dicen los matemáticos, por compensación de errores. Los que criticamos consistentemente la triste verdad de la falsa separación de poderes existente en este país, no podemos obviar esta realidad por mucho que nos pueda gustar el resultado.

Seguramente que en el New York Times o The Economist suene muy normal leer Catalan Law of Consults o como quiera que lo traduzcan.Y también aquello del derecho a decidir, o right to decide . Y es que los independentistas catalanes tienen mucha querencia por ponerle nombres normales a cosas anormales. Es por esta razón que mucho incauto lector canguro y los exponentes de la tendenciosidad acaban por otorgarle un contenido al nombre normal que nada tiene que ver con la realidad anormal, deformada y alejada de toda ética y legalidad a la que responde realmente el enunciado, tan normal.

Y así las cosas va sucediendo todo en esta Cataluña que quieren inventarse a golpe de ocurrencia pueril y manipulación impúdica, coacción social y euros del contribuyente a Suiza y Lienchtestein. Apelando al hipotálamo, al sistema límbico en el que yacen todos los resortes instintivos e irreflexivos, tan útiles a la supervivencia básica y tan destructivos con las sutilezas intelectuales y la atención imparcial sostenida. La propaganda de bandera e insulto al diferente, el victimismo artificial y la proclama burda, se abre paso entre la muchedumbre ovina irreflexiva. Cuatro o cinco dogmas bastan para después unirlos con cualquier cosa y establecer un discurso ramplón, al que en cuanto le tocas el nervio salta con agresividad vehemente y despliega una ristra de insultos, desprecios y descalificaciones bastante estandarizadas, muy similares a los cánticos de los hinchas del fútbol. Sin noticias del neocórtex, virgen como la conciencia de Bárcenas – sin uso -.

Reclaman un país que nunca lo fue, en una época de prosperidad sin precedentes en la historia y en el momento en que España, de la que forman parte sustancial y secular, más necesita la unión. Esto es algo que mirado con la perspectiva necesaria, resulta miserable. Resulta miserable porque éticamente no tiene nombre. Cataluña sin España no se entiende, del mismo modo que no se entiende España sin Cataluña, ni Europa sin España y España sin Europa. Una población española y europea, unas costumbres españolas y europeas y una lengua que soy capaz de entender casi a la perfección sin necesidad de haberla estudiado. ¿A quién quiere engañar esta clase política tan salpicada de corrupción o más que la del resto de España, endeudada hasta las cejas por una gestión lamentablemente irresponsable, desviada por completo del interés general de los catalanes y autocomplacida en su dejación de funciones?

Rajoy, al igual que antes Zapatero, Aznar y González, es presa de los intereses de su secta, de una política de estrategias miopes y partitocráticas, y como bien resaltaba Arcadi Espada hace unas semanas en el Hotel Ritz de Madrid, los que les han votado han alimentado el dragón que ahora amenaza con asolar la convivencia en Cataluña, y por extensión en el resto de España. Este es el desastre que han orquestado los dos polos, tan similares en su mezquino egocentrismo como destructivos para el ciudadano de a pie.

Albert Rivera repite el discurso hasta la saciedad consciente de que las cabezas torpedeadas una y otra vez por los medios vendidos a los intereses politicoides están demasiado hechas a este molde de mentiras y manipulaciones como para ser receptivas a las primeras de cambio. No es el caso Pujol, no; es el caso Convergencia. Y yo añado: no es el caso Bárcenas, no; es el caso PP. No es el caso EREs, no; es el caso PSOE… y así ad eternum. Muchos dicen que la mayoría de los políticos son honrados…pero no puede ser cierto. La pandemia de la corrupción política en este país se sostiene por el silencio y los intereses y la comodidad de los que han hecho de la política su forma de vida y no quieren perder su puesto. Como bien dijo Javier Nart en varias ocasiones, está por ver el político que denuncia a uno de su propio partido por corrupción (hace poco en Vox, una rareza).

Y así vamos viendo cómo los trileros van poniendo nombres a cosas que no son para obtener lo que no merecen. Hay que andarse con cuidado, porque cuando la estupidez y la locura se generalizan, el mimetismo está a la orden del día. Viajar siempre fue bueno.

“El Nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando” Miguel de Unamuno.

Y yo añadiría que leyendo Historia. Ojo, no historias.

jaime trabuchelli

Sorteando Trampas, Soñando Convivencia. La Rosa de Albert.

El que infringe la ley hace trampas.
Hace trampas el que no cumple su programa
También hace trampas el que promete lo que jamás podrá cumplir y lo sabe
Y el que vende lo viejo como nuevo, hace trampas
Convergen populares, populistas y falsos obreros
convergen.

Vivimos entre tanta trampa
Que la confianza
Está más cara que el caviar

Escasa oferta de honestidad
Y una desesperada demanda de limpieza

En estos mínimos éticos que vivimos
La reunión de esta semana
Debe estar libre de trampas
Llena de esperanza y confianza
En que España, nuestro país, nada nacionalista
Se convierta en aquello que desea:

Un ejemplo de convivencia.

Como dice el amigo Arcadi
Un país maduro y moderno.

jaime trabuchelli

El Aprendizaje y El Contagio

Hay quien piensa diferente a uno, y hay quien ataca a uno por pensar diferente. Son dos cosas muy diferentes entre sí.

Si se carece de la tranquilidad suficiente como para escuchar entero un argumento sin que el resorte de la reacción pise el discurso inacabado del otro, debiéramos revisar con cuidado nuestros propios postulados.

Nuestra visión se enriquece con la escucha del otro, el análisis de su contenido y la comparación con el nuestro. Podemos acabar incorporando o no algo de su argumentario e incluso importantes ideas. Pero una cosa es segura: nuestros planteamientos saldrán fortalecidos porque habrán viajado por el otro, ensanchándose a través de una óptica alternativa de la realidad.

Hasta aquí la evolución de las ideas.

Ahora pensemos en aquél que ataca al que defiende una postura porque está alejada de la suya. Argumentos Ad Hominem. Aquí no ha debate. Aquí no hay ideas. Aquí sólamente hay una persona que reacciona, que hierve en las emociones brutas todo aquello que pasa por su mente, rápida e ineficazmente. Esta persona está en pañales, no importa lo lejos que haya llegado social, económica o políticamente. Toda su inteligencia estará encaminada a vencer por aplastamiento, pero jamás se enriquecerá con el discurso del otro, jamás podrá beneficiarse de la paciencia de escuchar. El miedo al contagio le mueve…un miedo provocado por una duda inconsciente y fundamental: la sensación de falta de solidez, la arbitrariedad que conforma un crecimiento apresurado y efímero.

Cada cual que juzgue, después de ver, de mirar, de escuchar.
A veces el problema es que no miramos ni escuchamos para mejorarnos, sino para optimizar nuestros ataques.

Mirar, escuchar, mejorar… muy revolucionario.

jaime trabuchelli

Apple: el Amante del Cerebro

En el principio fue el talento. No hay excusa.

No son las materias primas, los recursos, la ubicación, en fin. No son las cosas, son las personas. La persona es el PIB, la persona, es el crecimiento. Las personas son la cultura y la ciencia, la experiencia que tenemos de la vida en sentido amplio. En la medida en que confiemos en el talento de las personas y seamos capaces de apostar por él, nuestra empresa tendrá éxito.

Steve Jobs no era un buen estudiante, pero tenía una pasión inusitada y aborrecía profundamente el aburrimiento y la mediocridad. La mediocridad es una opción, no una condición, y él era perfectamente consciente. Tanto, que llegaba a ser cruel. Funcionaba como una parturienta cuando una idea le poseía, y llegaba a crear una especie de campo de influencia en las personas que le rodeaban en la que su visión de lo que era posible era asumida casi hipnóticamente por ellas, por muy disparatado que pudiera parecer. Creó máquinas que estaban vivas por las soluciones y las posibilidades extraordinarias que ofrecían. Y aún hoy, aparece el Apple Watch, y es portada en todos los periódicos del mundo.

Esta es la persona y esas son sus cosas, pero nos debiera interesar aún más el principio que subyace a su legado y que es extrapolable a la experiencia humana en su conjunto: lo nuevo y fascinante es siempre posible. El talento es el motor de esta vivencia y la fe en las ideas que genera llevan, sin lugar a dudas, a nuestra especie a un nivel superior de realización.

No des a la gente lo que quiere sino lo que no saben que quieren y les fascinará descubrirlo. Este fue un principio fundamental que llevó a Jobs a fundar la que hoy es la mayor empresa de la historia.

La política no es más ni menos complicada que el mundo de los ordenadores, teléfonos, etc. que ocupaban la vida de este hombre. El cruce entre la Ciencia y las Humanidades que tanto inspiraba al de Cupertino es quizá una clave que pudiere llevar a buen puerto cualquier empresa humana. Es saber qué experiencia quieres generar a través de la tecnología, y aquí el análisis y la visión son lo primero. Naturalmente encontrarás al Wozniak que lo haga posible, al Jonathan Ive. Las nuevas tecnologías no son ya algo específico y pequeño, dentro de los intereses de los ciudadanos. Se han vuelto algo tan determinante para nuestras vidas que ni nos hemos dado cuenta. Nuestra manera de relacionarnos ya no es la misma, el tiempo ya no se experimenta igual, la manera en que gestionamos nuestras emociones o generamos y recibimos refuerzos afectivos han cambiado radicalmente. Nuestra independencia y capacidad de interacción no es lo que era: llevamos móvil. Perdón: ordenador. Perdón: el mundo en el bolsillo.

El político de hoy no ha integrado su historia reciente. No lo ha hecho por falta de análisis y por falta de visión. Es aquí donde Jobs aporta unas claves determinantes para las mujeres y hombres contemporáneos que quieran entender el momento en que viven y dar solución a los retos que plantea. Los pensadores actuales, aunque brillantes en muchos casos, no son atractivos ni inspiran a una generación, porque son aburridos y sus brillantes ideas chocan con el formato de su presentación. Aquí podría entender alguien porqué Christian Felber hace piruetas antes y después de sus charlas sobre la brillantísima Economía del Bien Común que propone. Sus muy peculiares maneras y su estilo coherente con su mensaje generan una experiencia, no un rollo patatero. Una experiencia que transmite con profundidad aquello que plantea y que permite adivinar, intuir (la razón acelerada), aquello que vendrá detrás. El político de hoy, aún, repite compulsivamente los mismos esquemas dentro de un paradigma lineal y obtuso que fueron superados en otras disciplinas hace muchas décadas: el pensamiento cartesiano – newtoniano de aplicación indiscriminada. Esto viene a ser una visión plana de la realidad, aunque con múltiples conexiones, en la que la innovación parece surgir de nuevas combinaciones de los elementos existentes que en realidad no generan nada nuevo porque las reglas del juego siguen siendo las mismas.

Está empezando a romperse este paradigma de pensamiento, aunque de forma muy tímida y embrionaria, y aún más tímida y más embrionaria en nuestro país y en su política. Es un reto extraordinario para nuestra especie abordar una revolución que no genere destrucción sino integración y participación, una revolución que no pase factura sino que encuentre en sus medios de eclosión la misma naturaleza de los fines que persigue. Esto es una suerte de sostenibilidad energética en la evolución de las sociedades que habría encontrado en Gandhi o antes en Buda o Jesucristo hitos fundamentales que han marcado nuestro inconsciente colectivo y que, se crea o no en la realidad histórica de este último, el arquetipo ha generado comportamientos equiparables a nivel ético en muchos de nuestros congéneres desde entonces.

El ciudadano hoy vive bajo toneladas de información diarias, a gran velocidad y sin referentes éticos. En consecuencia, somos muy vulnerables. Una reacción violenta e irreflexiva a esta vulnerabilidad es una pérdida de energía enorme, y sobre todo, la pérdida de una oportunidad de oro. Esta oportunidad de oro la vivimos hoy, ahora. Es el momento de aprovechar el enorme talento y formación que hay en la población, y liderar con visión de futuro, inteligencia y generosidad una transición a un nuevo paradigma de cooperación e innovación que conduzca al mundo contemporáneo a un verdadero progreso sostenible y a la recuperación de la Etica, la recuperación de la filantropía como principio subyacente a una prosperidad eficiente y en definitiva, a una civilización de la que nos podamos sentir realmente satisfechos.

Estos diez párrafos son una rayuela deliberada, una propuesta ambiciosa en extremo y a mi modo de ver rigurosamente necesaria. Orbitan hoy en nuestro mundo multitud de crisis y multitud de oportunidades, donde alguien tendrá que proponer lo que todos estamos deseando descubrir, lo que no sabíamos que estábamos esperando.

jaime trabuchelli

Ganar

Parece ser que Sosa Wagner ha recibido el reproche de la práctica totalidad del Consejo Político de UPyD, tanto por las forma de su planteamiento público de las diversas cuestiones como, en menor medida, de su reivindicación asociativa con Ciudadanos. Y digo parece ser porque ha sido a puerta cerrada. El y otros nos irán diciendo en los próximos días cuál ha sido su experiencia y sus impresiones.

El titular de El Mundo fue: “Wagner pierde el pulso contra Díez y no logra apoyos para pactar con Ciudadanos”.

Pocos dudaban de que esto fuera a ser así. Pero sorprende el tirón de orejas generalizado y el seguidismo de la inmensa mayoría del Consejo al hecho de plantear públicamente su disconformidad con las más que sabidas prácticas dictatoriales de Doña Rosa y sus acólitos, que al fin y a la postre han resultado ser, desde su fundación, la causa de la desafección de más de nueve mil afiliados que esperaban otra cosa del partido magenta. El afiliado es el relámpago, el votante el trueno. Cada uno tiene su velocidad de reacción y los tiempos resultan consecutivos pero lógicamente demorados. Y resulta que se oyen los truenos a las puertas de que Ciudadanos lance el envite nacional.

Es llamativo observar cómo el número de simpatizantes de Ciudadanos es considerablemente mayor que el de UPyD, y cómo el ritmo creciente de afiliaciones en aquellos contrasta con el retroceso galopante de estos. Es igualmente destacable el contraste entre la excelente valoración de Albert Rivera y la bastante más discreta de Rosa Díez entre el conjunto de los españoles. Yo me encuentro entre los que voté a UPyD las pasadas elecciones al no estar disponible Ciudadanos a nivel nacional. Evidentemente no soy un caso aislado.

El mensaje a la sociedad española está enviado: hay quien apuesta por el conjunto del país y hay quien apuesta por el conjunto de sus dirigentes, que no afiliados.

Sosa Wagner no ha perdido, naturalmente. Se ha convertido en un exponente de la auténtica UPyD, aquella que más de 9.000 afiliados soñaban construir y no les dejaron, aquella en la que el 60% de sus dirigentes fundadores fueron purgados por disentir con la línea marcada a trazo grueso por su lideresa. Desde el Hotel Palace celebró su bautizo, y eso fue una declaración de estilo. Ella quería ser González.

Savater reprochaba a Sosa que hablara a través de la prensa, y no a través de los órganos del partido. Hay que ver cómo nos la cogemos con papel de fumar y caemos en hipocresías de librillo; lo siento pero se puede disentir con Savater, no es un santo de vitrina. Dijo muy bien Don Francisco que quién le haría ni puto caso al contarlo en ese foro cerrado que es el Consejo Político de UPyD. Fue abierto y contundente, claro y explícito, como no puede serlo de otra forma una persona valiente y coherente que se ve asfixiada ideológicamente e ignorada en lo personal por una dirección obtusa y maniquea incapaz de abordar ningún tipo de autocrítica y de alzar la mirada más allá de sus estatutos.

Pues no, señores de El Mundo. Ganar no es lo que Rosa Díez ha hecho hoy. Ganar es otra cosa.

La tradición milenaria de la India nos trae hasta hoy un concepto muy interesante: el Karma Yoga. Viene a decir que la acción desinteresada es la única que trae felicidad auténtica: actúa con plena entrega pero desapégate de los frutos. Es muy sencillo en realidad: haz lo que creas que es correcto sin importar las consecuencias. Es un principio de vida muy poderoso, porque mantiene tu visión clara y te vacuna contra la mezquindad. A mí me parece claro que Sosa Wagner actuó movido por este principio, ya que es un hombre inteligente y no se le escaparía que las probabilidades de tener éxito en sus anhelos eran, por ser generosos, mínimas. Por tanto, él ya venció. Y convenció.

Albert Rivera y creo que la gran mayoría de Ciudadanos apostamos por esta importante sinergia con mucha convicción y pocas esperanzas, en honor a la verdad. Esto también fue desinteresado, obviamente. Sólo mentes muy poco perspicaces dudaban y dudan del genuino propósito regenerador que lo movían. Y ya ganamos con esta decisión, sin duda.

El pueblo soberano es el que marca los tiempos y sólo queda trabajar movidos por las propias convicciones y valores. No parece que la cosa sea luchar por el poder, sino poder luchar por lo que uno cree que es correcto, ético, deseable. Y para eso, se requiere la valentía y la serenidad de saber que uno gana cuando toma la decisión correcta, no la que calcula un rédito.

Aunque a veces puede ser que coincidan…

jaime trabuchelli

El Derecho a Decidir

En el origen, estaban los territorios. Quiero decir, que parece que los territorios estaban antes que sus pobladores, aunque sólo sea por una cuestión de estar en algún sitio para poder ser.

Nuestro sistema electoral español parece que confiere al territorio, no sé si en base a esta preeminencia temporal, un privilegio por encima de sus pobladores para establecer su peso en lo que a política se refiere. Y no sólo este sistema premia o castiga al votante con más o menos poder, sino que afecta también a quién paga qué, cuanto y cómo. Vamos, que nuestro sistema de hecho mira a la Constitución como diciéndola que quién se cree que es para decir que todos somos iguales.

Nuestra Constitución Española – y no es la única, no vayamos a caer en españolismos – más que la Carta Magna parece la carta de un restaurante: la consultas y luego tomas y dejas lo que te da la gana. También hay clientes que ni la miran: “póngame tal y tal” y punto. Faltaría más. El ‘derecho a decidir’ por encima de todo.

Este semáforo dura demasiado. ¡Mi “derecho a decidir”, por dios! Me lo salto y punto.

El IVA es un abuso. ¡Venga ya, que les den! Sin factura venga, ¿cuánto es? Mi “derecho a decidir”.

Y oigan, que parece que sí, que se tiene la capacidad de decidir lo que a cada uno le de la gana, con las opciones disponibles. Así está diseñada hasta la fecha esta vida. Ahora, el derecho lo marca la ley. Las capacidades son muchas, pero los derechos van siendo menos porque han de ser compatibles con los de los demás.

Parece que las primeras formas de poder político aparecieron en la Sumeria de hace algo más de seis mil años y desde entonces, hemos ido desarrollando sistemas que tienen como objetivo satisfacer las necesidades comunes sin matarse, o al menos intentarlo. Invariablemente, cada vez que una minoría quería ejercer su “derecho a decidir”, empezaba a morir gente. También cuando lo ha ejercido una mayoría, indudablemente; pero sobre todo cuando esta mayoría quería asumir el poder, ejercido despóticamente por, obviamente, una minoría.

Un golpe de estado a una democracia es una minoría ejerciendo el “derecho a decidir”. Una tiranía, es una minoría ejerciendo su “derecho a decidir”. Es curioso que allí donde los territorios tienen más valor que las personas, el “derecho a decidir” es reclamado por una minoría: dos reglas básicas son suficientes para esto, a saber: restringir la “demo” y maximizar la “cracia” (la carta del restaurante).

Parece probado que todas las fronteras se han marcado con sangre cainita. Parece claro que la esperanza de la humanidad pasa por ir diluyendo las fronteras, fomentando la solidaridad y haciéndonos cargo TODOS del bien común. En los países civilizados, en las escuelas, lo que se le enseña a los niños es a respetarse entre ellos y aceptar unas normas básicas de convivencia para poder crecer y formarse como seres humanos. De tal modo que si un niño prefiere hablar cuando le apetece sin tener en cuenta si está hablando alguien más, se le invita a esperar su turno. Así, aprende que su derecho a decidir es algo que se adquiere cuando se ejerce teniendo en cuenta el derecho a decidir de los demás. De tal modo que cuando hay conflicto entre ambos ‘derechos’, se acude a las normas y se prioriza uno sobre otro o se compatibilizan de forma respetuosa. Si a alguno, aun así, no le parece bien la norma que arbitra los conflictos, se queja e intenta que se cambie. Si aun así, no consigue su objetivo, se aguanta. Si se rebela, se intenta que entre en razón. Y si no hay manera, se le obliga.

Aquí parece que existe un grupo de personas que quieren ejercer su ‘derecho a decidir’ cuando la ley no les asiste. Es más, explican que lo que quieren es ser consultados pero luego reclaman su ‘derecho a decidir’. Parece que no es sólo que les consulten lo que quieren.

La democracia ha demostrado se un éxito de convivencia indiscutible, cuando lo comparamos, obviamente, con otras alternativas de organización política. Además, somos muy conscientes una buena parte de la población de sus defectos y necesidades de mejora. La fragilidad de la democracia viene dada por la generosidad de su naturaleza. Toda generosidad es vulnerable, ya que la invulnerabilidad está muerta. La democracia es generosidad y vida. La democracia no es nada sin los valores que la asisten y que están defendidos por la ley que la representa. Si te saltas la ley sin que te asista un valor superior, pierdes el respeto de la sociedad y te conviertes en una vergüenza histórica.

En el caso del nacionalismo separatista catalán, ese ‘derecho a decidir’ que se reclama, se hace desde una minoría que quiere violentar el derecho de más de 40 millones de españoles y cientos de millones de europeos, porque no olvidemos que quieren saltarse también la legalidad europea para pasar a formar parte de ella en una hipotética Cataluña independiente al modo que les parezca conveniente.

El influjo mágico de la tierra sobre las personas parece que infunda poderes o imprima carácter. Parece que hubiera cierta envidia del hombre a la tierra, que le sobrevive siempre, y quisiera poseerla más allá de su puñado de años, a través de su semilla.

A mí no me preocupa la nacionalidad de mi hijo. No me preocupa en qué´país acabe asentándose y formando o no una familia. Me importa su felicidad, y esa dependerá de su capacidad de amar, de comprender, de compartir, de ser solidario, de escuchar al otro y formar su criterio en base a valores y no sólo a impulsos y proclamas. Dependerá de su anhelo por realizarse como persona, huyendo de prejuicios y máscaras y siendo valiente para dar el primer paso en aquello que sienta como cierto, respetando al otro.

La tierra no se secuestra, se comparte. Las fronteras son las cicatrices de la historia, no hagamos nuevas heridas.

jaime trabuchelli