Una Persona Culta y/o Una Persona Sabia

Un buen compañero de partido (Ciudadanos) lamentaba el otro día que una persona culta como Irene Lozano hubiera escrito lo que escribió en relación a Francisco Sosa Wagner y su llamada de atención al estilo de dirección de la formación magenta.

En realidad, una persona culta sólo ha dado un paso hacia el saber, que muchas veces se ha revelado incluso innecesario. Se entiende que adquirió una cultura, accedió a una serie de conocimientos e información que han quedado más o menos organizados en su memoria, como mínimo con cierto orden y coherencia.

El siguiente paso, para entendernos, porque va siendo simultáneo en el proceso, es el propio juicio, el establecimiento del criterio propio en relación a todo lo que se va incorporando y asimilando de manera crítica, hasta configurar un posicionamiento intelectual más o menos coherente con la actitud vital y el propio comportamiento. Esto último ya es un paso de calado, porque van cayendo multitudes en esta criba.

Después del edificio intelectual construido por occidente en ese montón de siglos de escritura y pensamiento, muchos nos preguntamos por la ética del personaje, del intelectual, su coherencia con su obra, su legado vital. En este punto nunca puedo dejar de pensar en la dudosa herencia atribuida a Juan Ramón Jiménez en cuanto a su comportamiento durante su vida hacia a esa magnífica mujer que fue Zenobia Camprubí. Muchas guerras se han fundado en muchos libros, y muchos “cultos” han resultado ser “monstruos cultos”; bastará recordar al Doctor en Psiquiatría Karazdic o al gran aficionado a la poesía Milosevic. Esto último lógicamente sin ánimo de extrapolación a lo que nos ocupa, sino simplemente para ilustrar la idea de manera inequívoca.

Retomando la idea inicial después de esta leve digresión, voy a referirme la cita del conde de Buffon que utilizó la Sra. Lozano respecto al Sr. Sosa: “El estilo es el hombre mismo”. Francamente, Doña Irene eligió muy bien la cita, aunque no fuese consciente de que lo que estaba ilustrando era toda la obra, y no sólo la escena que le ocupaba. Aprovechando el filón abierto, no es baladí recordar lo que el conde entendía por estilo: “El estilo no es más que el orden y el movimiento que se pone en los pensamientos”. Hermoso. Los músicos lo llaman color.

Sosa lanzó una verdad, y la lanzó con honradez, firmeza y cariño, no con el despecho del que fue ignorado – como tántos otros antes que él – por un orden y movimiento habitual en la Sra. Díez y sus incondicionales, que es el silencio y el desafecto como respuesta. Ahí quedo el culto, porque ya aprendió lo suficiente.

La respuesta de Don Francisco fue ágil y firme, aclaratoria y serena. No se retractó porque no sólo todo fue madurado previamente, sino que la respuesta recibida sólo confirmaba tristemente su firme impresión.

Hoy aparece una disculpa en Twitter de la Sra. Lozano que me permito citar literalmente: “Mi carta era una crítica política, pero le sobró algún adjetivo acalorado q le hace parecer una ofensa personal. Lo lamento, querido Paco”.

Aquí observamos de nuevo una persona culta, presa de sus conocimientos, que da un paso que le honra en parte, pero que tampoco se da cuenta de su error de base y de bulto: su carta no era una crítica política, era un reproche moral a un insumiso, una paliza de catecismo, una moralina en toda regla a aquél que se había saltado la mayor de las reglas no escritas de Rosa Díez: la intocabilidad de la dirección bajo pena de ostracismo en el sentido más clásico del término. Las críticas políticas, Sra. Lozano, se refieren a las ideas y los planteamientos y jamás incluyen argumentos Ad Hominem . Una disculpa relativa a “algún adjetivo acalorado” es el perejil. No se admite barco.

Unas siglas no sacralizan nada, ni tampoco lo satanizan, salvo contadas y odiosas excepciones. UPyD fue una gran iniciativa y lo puede seguir siendo, pero tiene que avanzar. Si uno es sólo culto, no sabe nada. Al contrario. Arrastra el peso de un conocimiento sin interiorizar, que no se transmuta en saber y que no ayuda a nada ni a nadie. La regeneración no es la palabra, no es el librillo de reclamaciones y no es sólo muy loables iniciativas políticas y legislativas. La regeneración democrática responde a un nuevo estilo, al orden y el movimiento que se pone a las iniciativas, al disentir dentro de tu partido, a unir fuerzas por un bien mayor y coyunturalmente prioritario que es la difícil situación de la democracia en nuestra querida España. Si no, no funciona Sra. Lozano, nadie se lo cree.

El fuego que genera la lucha de egos suele alumbrar verdades más grandes, sobre todo cuando alguien tiene la templanza suficiente como para hacer de espejo de la pira y no sucumbir a la agitación del agravio. Don Francisco Sosa Wagner ha resultado ser un magnífico y bruñido espejo.

Hoy el Sr. Nart, al que no conozco personalmente pero por el que siento un profundo afecto intelectual y moral, ha honrado al Sr. Sosa en un tweet que cito a continuación: “Cuando en un partido discrepar es herejía…..la libertad es utopía necesaria. Mi respeto y reconocimiento para Sosa Wagner”.

Don Francisco Sosa Wagner es también UPyD, no lo olvidemos.

Desde un modesto afiliado a Ciudadanos, todo mi respeto y reconocimiento a ese UPyD que representa.

jaime trabuchelli

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