La Tolerancia y Despeñaperros

Después de unos cuantos años escuchando, estudiando, reflexionando y leyendo todos los puntos de vista posibles, he pasado por todo tipo de acuerdos y desacuerdos conmigo mismo en cuanto a cual fuere la postura óptima en relación al movimiento independentista en España, especialmente el vasco y el catalán, tan dispares.

Es en cuanto al catalán que van hoy las mil palabras. Y no me queda otra que romper una lanza por personas que, aun estando en las antípodas de mi pensamiento en cuanto a la cosa en cuestión – la bondad de la independencia de Cataluña de España -, me merecen todos los respetos por varias cuestiones.

En primer lugar, por mucho que en una cuestión política se pueda estar convencido de la propia posición, nunca debe cerrarse ese, digamos, uno por ciento de sana duda que mantuviere vivo el pensamiento y, siguiendo a Ortega una vez más, no nos hiciere cometer la estupidez de querer ser estrictamente coherentes con nuestro pensamiento y no con la realidad. Así que estos catalanes o no, que son partidarios del independentismo con su buena voluntad intacta, que no extraen del odio y/o sentimiento de superioridad su autoestima colectiva y/o individual, y que no están dispuestos a quebrar un estado de derecho por mucho que disientan de su configuración, mas apreciando la indudable ventaja comparativa que ofrece respecto a aquel estado que no lo es, los considero más cercanos a mi pensamiento, sin duda, que aquellos nacionalistas españoles que desprecian el pensamiento que, aun siendo perfectamente legítimo, se sitúa en las lejanías del propio.

Así que podemos decir que la cuestión catalana ha sido capaz de extraer un mapa psicológico de nuestro país que, lejos de situar a cada cual exclusivamente en su postura respecto a la misma, nos ubica en espacios de pensamiento y actitud ética que en absoluto se corresponden con la situación concreta independencia sí, independencia no.

Unos resortes emocionales reactivos en exceso minan la capacidad de escucha y esa sanísima virtud que posee la mente en su madurez que es la contemplación de un objeto desde todas las ópticas posibles y bajo todas las circunstancias probables, es capaz de hacer más por la convivencia y el entendimiento entre los seres humanos que miles de millones de euros desperdiciados en acuerdos de estado estériles.

Entrando en el segundo punto, es por eso que me siento profundamente unido a éstos independentistas de buena voluntad, que antes que eso son ciudadanos, buenas personas, que piensan simplemente diferente a mí, pero que no están dispuestos a sacrificar ningún bien superior – convivencia pacífica, respeto a un estado de derecho democrático aún muy defectuoso, respeto que piensa diferente… – y que son sistemáticamente confundidos con otros perfiles muy alejados en cuanto a actitudes e intenciones, desgraciadamente porque hacen mucho menos ruido que estos últimos, a veces en un “exceso” de educación…

Desde aquí todo mi afecto, desde el desacuerdo ideológico, pero con toda la predisposición del mundo a escuchar y dialogar, a descubrir vías de entendimiento nuevas y poderosas, y a rectificar cuanto sea necesario cuando lo que se me muestre haga sombra a lo que sostengo.

En útlmo lugar resalto que aquí entrarán los que tachen de tibia esta postura, los que digan que es oportunismo, los que desprecien la apertura y defiendan la cerrazón y radicalidad renombrándolas como solidez y sentido común, que muchas formas y disfraces adquiere la intolerancia. Pues bien, también espero a estos, pero que sepan que ahí saco otras armas.

Lo cortés no quita lo valiente y, como diría un castizo, los cojones en Despeñaperros.

Pues ahí nos vemos. Saludos.

jaime trabuchelli


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