El Tsunami Pendiente Contra la Corrupción Política

En este desperezamiento democrático que vivimos los españoles, me da la impresión de que hay una asignatura pendiente que parpadea con luces de emergencia. Sorprende que entre tanta marea multicolor reivindicando las bases del estado de bienestar, no se haya producido aún aquella que denuncie lo que se halla en la base de todos los problemas y origen de toda corrosión ética y moral: la corrupción política.

Recuerdo la enorme fuerza, el magnífico impacto de la manifestación a raíz del asesinato de Miguel Angel Blanco; esa unión de los españoles contra la barbarie etarra que supuso un antes y un después que aún no hemos valorado adecuadamente y en toda su dimensión.

Después, el 11-M pudo significar lo que no llegó a hacer como hubiera sido deseable, sino que fue un ingrediente más de lo que ahora nos toca vivir, y no fue poco.

Hoy y ahora – ya me parece tarde, aunque los tiempos los marca la historia – clama al cielo la necesidad de que el conjunto de los ciudadanos, en todos los territorios, unan su voz y reclamen a los partidos políticos en su conjunto y especialmente a aquellos que han maltratado perseverantemente la confianza dada una y otra vez, el fin de la corrupción desoladora que inunda nuestras instituciones, dilapida nuestros impuestos y empobrece nuestra sociedad desde la base más profunda. Esas perversas aguas mansas de la relativización de los problemas y la negación sorda a la adopción de los remedios, se ha convertido en un cáncer ante el que el conjunto de la sociedad parece no reaccionar con la contundencia que merece, ni en las urnas ni en las calles. La forma más potente de denuncia es la fuerza moral de una inmensa mayoría que, pacíficamente y de forma visible, reclama lo obvio.

La corrupción nos inunda porque falta voluntad de control de la misma. Ni más, ni menos. Una ley electoral injusta degrada la democracia. Un sistema de financiación de partidos nefasto fomenta la trampa y el delito. 10.000 aforados amparados por una falsa separación de poderes campan por sus respetos. Permítanme la cacofonía, pero es el lenguaje que mejor se adapta: los órganos de control tienen como controladores a los propios controlados – Tribunal de Cuentas, CGPJ, Medios de Comunicación públicos… -. Los programas electorales son un escarnio. Los partidos carecen de democracia interna pero todos alardean de ella. Suficiente.

Es el momento de decir basta. Sólo los ciudadanos pueden abanderar esta reclamación. Ningún partido tiene el derecho de monopolizar lo que necesariamente tiene que ser una reivindicación, una exigencia plural y unánime. Fíjense, aun el propio ciudadano nacionalista debería participar en este plante urgente y determinante, pues lo primero es la ética y los valores, antes de cualquier proyecto.

Nuestra autoestima colectiva está en juego, y a partir de ahí el legado que como sociedad queramos dejar a nuestros hijos, a los hijos de nuestros amigos, a Europa, al Mundo.

¿Qué va a hacer usted? ¿Qué vas a hacer tú?

jaime trabuchelli

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