40 Años Después

A finales de los 70 mi cuarto estaba empapelado por docenas de posters de campaña electoral: UCD, LCR, PSP, PSUC, AP, Falange, PSOE, PCE….todo el espectro representado. Era una especie de explosión de mensajes que apenas comprendía intelectualmente a mis 6 años pero que me empaparon desde bien temprano y me cocinaron a fuego vivo en el debate ideológico de una democracia recién nacida. Recuerdo recorrerme los garajes de Madrid con mi hermano mayor – anarquista burgués – para hacer acopio de chapas, folletos, carteles y todo tipo de munición propagandística que pudiera aumentar la colección sin mirar hacia dónde.

No es que me recuerde esta segunda década del S XXI todo aquello, pero sí tiene un olor de segunda revolución que me resulta familiar, casi un dejà vu. Silvio (Truman en su Show) Rodríguez habló de la era que paría un corazón, una canción que marcó mi adolescencia – vivida mucho más setentera que la ochentera que me correspondiese – y que me enseñó a leer, casi a oler decía antes, nuestras movidas particulares.

Parece que toda era nueva trae en su vientre lo que será, como la semilla en su casi vacío, y sólo contemplando su desenvolvimiento somos capaces de ver, la mayoría de los mortales, en qué se va convirtiendo. Pero aún así vamos a tratar de interpretar sus primeros brotes.

Ciudadanos y Podemos abanderan dos claros modelos alternativos. Ambos proyectos con claro liderazgo y análisis de porqué estamos donde estamos, y a partir de ahí caminos opuestos y una concepción de la regeneración democrática bien diferente. No es la intención de este artículo entrar a valorar ninguna de las opciones – aunque más adelante marcaré algunos puntos -, sino dibujar las líneas principales de lo que nace hoy y ahora, si bien no olvidemos que Ciudadanos lleva ocho años en el panorama político.

La campaña de maquillaje en la que está inmerso el PSOE está por ver en que acaba, con un candidato tan aseado como marcado por su silla en Cajamadrid. Por otro lado, un PP que se ha parado en el tiempo con un Rajoy que tilda de agorero a todo aquél que llame la atención sobre la degeneración del sistema y que está demasiado ocupado en remendar a contrarreloj como para pensar en nuevas prendas.

Izquierda Unida es caso insólito. Parece querer ser fagocitada por los pablistas y no da muestras de alternativa interna mas allá de un Alberto Garzón que ponía de modelo económico a Argentina allá por 2012 – y no era sólo él, no nos vayamos a confundir -.

El PP, sólo en la derecha, curiosamente sólo le acompañan los nacionalistas, con los que conforma una heterogénea y bizarra internacional interna conservadora.

UPyD que fuera tercera fuerza política, con permiso de IU, hasta la aparición de Podemos, parece luchar dentro de sí con las fuerzas contrapuestas de una pretendida regeneración democrática y una plutocracia interna que le mina la moral.

Este panorama se extiende ante la mirada de un ciudadano que parece empezar a reaccionar mientras observa las iniciativas de los que YA han empezado a moverse. Obviamente no hay uniformidad en las tendencias, pero se ha meneado el avispero y están sucediendo cosas importantes.

No venimos de una dictadura por mucho que Monedero se empeñe en pintar de azul oscuro la transición, y los tiempos son distintos. 40 años son suficientes para marcar una nueva herencia y comenzar una dinámica diferente, exigida por la población, de transparencia, austeridad y limpieza en el ejercicio de lo público y, sobre todo, un nuevo modelo de país que acabe con el fantasma de un paro desmedido que se desboca al primer meneo global. Esto no es sólo un modelo económico, sino una renovación del paradigma cortoplacista y poltronero dominante, que no cortó suficientemente, ahí sí, con lo que cargaba nuestro país pre-democrático.

Nos dimos una Constitución que no acabamos de cumplir, y que estaría bien que lo hiciéramos, más que nada para averiguar si después de eso, es necesario cambiarla. En esto último es en lo que insisten desde Ciudadanos, que buscan apurar las bondades de un sistema democrático que cuando está debidamente protegido de corrupciones y falsa separación de poderes, y validado por una ley electoral que traduce debidamente la voluntad ciudadana, da un magnífico rendimiento y permite la solidaridad y la expansión de las clases medias. Podemos parece más interesado en redefinir el concepto de democracia – recuperarlo dirían ellos – y sobre todo en diseñar un modelo de estado ultra reforzado en su poder e influencia. La satanización de los mercados y las oligarquías financieras por un lado y las castas políticas por otro se llevan al cien por cien la primera mitad del discurso de la formación, para acto seguido presentar los remedios de un gasto público monumental que deja perplejo al más socialista de los economistas – interesante vídeo en la red con el debate entre Daniel Lacalle y Pablo Iglesias con motivo del modelo económico propuesto por Podemos, para ilustrar este punto -.

En esta encrucijada se halla nuestra sociedad, a la que esta crisis ha puesto en la tesitura de demostrar su madurez democrática y sacudirse de una vez por todas el parasitismo de una partitocracia blindada hacia fuera y hacia adentro.

Cuarenta años después, más de treinta y cinco millones de españoles marcarán el rumbo en 2015 en tres elecciones que van a tomar el pulso a una era parturienta, que a bien seguro arrojará el espectro más fragmentado de fuerzas parlamentarias que haya visto el país en su historia. Quien gobierne va a tener que hacer gala de una inteligencia política sin precedentes y un sentido de estado extraordinario.

Quedan 18 meses.

jaime trabuchelli

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