Paco Umbral

Muy alto, con mucho abrigo, enjuto y serio. Era como un caballo de raza: singular, distinto. Negro en su transparencia.

Así le recuerdo en encuentros fugaces y mudos, cruzando una calle o tomando un café en un Vips. Muy madrileño pero como antes, tan pegado a la historia de esta ciudad como su propio nombre.

Su infancia fue vallisoletana, como si el destino le llevase allí para traerse un castellano arrebatado de contundencia y vigor, inflamado de una verdad distinta y sin atajos: una virilidad sucumbida a lo bello, esa belleza de cuarzo de su admirado Jorge Guillén, pero atrozmente humana.

Yo a Umbral lo recuerdo mío. Igual que mío ya es su Ramón y su Valle, su Ruano, su Cela. Se me ha quedado incrustado en el alma en mil columnas con café y cigarro en la mañana, allí donde me quedaba envuelto en la escritura y el mundo se me desenredaba y veía otras cosas. Porque Umbral traía otras cosas de ningún tiempo, de tantos que conoció y los hizo eternos, ingrávidos, magníficos arquetipos de sí mismos, tan mitificados como lo contrario, mezclados con su humor y su dramatismo en ese cóctel genial que le pertenece y ya nos pertenece.

Nadie logró ser tan bestialmente delicado y tan delicadamente bestia. Un arco iris vestido de esparto, una hostia como un beso o una ordinariez tan sutil como el lirismo de un empalme matutino. Todo tenía su glosa.

Todo estaba bien dicho; tan bien hecho como un muro de cantería viejo, acomodado por el tiempo y vestido de musgo y liquen, con vericuetos impredecibles, muy gallegos unos y muy castellanos otros, muy suyos siempre.

Directo; al corazón o a la frente y siempre desde la boca, como debe ser. Yo le echo de menos como a nadie que no hubiera conocido. Y le conocí muy bien.

Sólo uno que se coló en tu taxi de fiambre me consuela un poco.

Gracias Paco. Dónde coño te metes…

jaime trabuchelli

La Movida Española: Héroes del Silencio

Parece que hay vida.

Sin duda, el movimiento civil ha despertado en nuestro país. Aquello que impulsa y da vida a la democracia, que es la iniciativa ciudadana independiente tanto de personas anónimas como de aquellas con proyección pública, se ha puesto en marcha. El Movimiento Ciudadano impulsado desde el entorno del Partido de la Ciudadanía culminó hace pocas semanas una gira por toda España con cinco propuestas clave firmadas por sesenta mil personas encaminadas a la regeneración democrática española, y que seguramente serán la base de una candidatura nacional de este partido.

Suarez Yllana et al. presentaban ayer el manifiesto “libreseiguales”, un pronunciamiento claro y rotundo contra el secesionismo catalán y su pernicioso ataque a las libertades y derechos de todos los españoles.

Hoy salta en prensa un nuevo manifiesto respaldado por cincuenta intelectuales de todos los ámbitos e impulsado por Nicolás Sartorius, proponiendo una reforma federal de la Constitución.

Todo esto y la irrupción de Podemos en el panorama político – como fenómeno transversal, que ya el CIS ha dicho que cien mil votos venían del PP – están configurando un Spanish Shuffle que está transformando de manera profunda al país.

Sumemos el movimiento PAH y su profundo calado social por un lado, y la abdicación de Juan Carlos I por otra – forzada sin duda por la presión regeneracionista -, y obtendremos una transformación que ni ha concluido ni de la que, lógicamente, tenemos perspectiva aún. Pero el meneo es importante, y el ojo de la comunidad internacional no es ajeno a ello.

Las elecciones europeas dieron la medida del inicio del cambio, que las municipales y autonómicas corroborarán. Pero sin duda serán las generales de – presumiblemente – noviembre de 2015 las que tomarán el pulso verdadero al estado de las cosas. Con lo cual, tenemos por delante un año apasionante desde el punto de vista político, social y como no, económico. En este último ámbito estaremos atentos a ulteriores desarrollos de la economía colaborativa que promete sorpresas, fruto de la reacción ciudadana a la crisis y apoyándose en las nuevas tecnologías.

Mientras tanto, el “Think Tank?” del PP en el Escorial dice que las primarias no son regeneración – lo dice uno al que no ha elegido nadie -, a la par que los del PSOE, que sí hacen primarias, encumbran con ellas a un nuevo líder que lo primero que hace es decirles a sus eurodiputados lo que tienen que votar.

Esto último es lo que no es regeneración. Con estas premisas partitocráticas muchos ciudadanos nos preguntamos para qué hacen falta tantos diputados y tan caros, si lo que se vota lo deciden tres, dos o uno.

En resumen: mientras comienzan los temblores del terremoto pacífico ciudadano, un sistema político encastado y encastrado lucha contra natura por ofrecer una nueva cara, pero…sin mutar su ADN.

Y orbitando al noroeste, el convento de los iluminados secesionistas van dejando un collage de vertederos millonarios, tremosas en crisis, rechazo internacional y olor a rebajas.

España está mudando la piel desde dentro, desde el silencio clamoroso. Parece que los héroes callados que la levantan una y otra vez a lo largo de la historia hubieran dicho: basta. En eso creo.

Y hay mucho más…

jaime trabuchelli

Act of Faith: Behind the Scene

We ride confidently on the horse of unsustainability.

Population growth is unsustainable. The pollution of the planet, is unsustainable. It is untenable as the economy goes. The energy model of the world: unsustainable. And we could go on ad nauseam.

But confident ride, semi unconscious on the runaway horse of our swift and voracious life slowly losing consciousness neighbor at the time of self-consciousness, reading less and worse books, captured by celular and absent in History . Although it sucks, that’s true.

Our times are accelerated as our nervous system.The awareness of our potential requires us to exhaustion and we lack of the courage we need to stop and say: “I am, I don´t need to adorn myself with so much achievement and gold”.

Who will shoot the film of “our-today-world” so we could se clearly our insanity?

Here we make rockets so people can throw them one each other, guns so we can kill between us… but I can see now the looks of ironic contempt, that they put me the stamp of näif simpleton. Yes, I am guilty of hating bombs – everyone do, of course – and weapons. And I’m guilty, above all, of detesting a civilization that does not know how to intervene to override the will to take these weapons and kill. Because, what danger will if nobody wants to use?

“Sometimes we are too ready to believe that Present is the only possible state of things.” Marcel Proust.

What a great thought this of Proust! I would add that this readiness is forged in the ancestral human learned helplessness, traumatized by his consciousness of imperfection – the vedic statement of “Anava Mala”-.

But we have a great opportunity. A unique opportunity to put our ethics and morals to match our technological development of consciousness. Since then we have all the technical means for our civilization as a whole to ensure that this planet is sustainable and enjoyable for 100% of humanity. That means the end of wars and misery, and the beginning of education, health, food and housing, decent and universal. From there we will be in an excellent position to pursue happiness.

At worst we are too ready to believe that Present is the only possible state of things. And the worst also, in a logical perversion, we are too ready to consider alternatives to the present are only removable from the past.

But look: I think the biggest problem is the paradigm of scarcity principle that governs the economy itself from its etymological origin. In the sixties began to emerge Humanistic Psychology as an intellectual and spiritual elite in American Counterculture emerged within the hippie movement, fueled by the underlying principle of “win-win”. This opened a gap that has gone unnoticed by almost everyone and eventually break the trap building the Cartesian-Newtonian built to greater misery to modern man. Thought That approach has a far greater and more generous intelligence that considering your chessmen as the only reality of the world or otherwise explained, as if the earth were to never be tomato, or the cell had just never being steak.

Stop the stupidity: resources are not scarce; resources are infinite as the universe is infinite. Talent is infinite, like stupidity. So powerful is the one and the other to take us to the fullness or misery respectively. You have to be goofy, and I mean, to think that the universe is finite. I’m still looking for the sign that says “Here the world is ending. From here, nothing”. And the fact is that for much imagination I am able to develop, I don´t imagine the existence of nothingness. I only fits their nonexistence.

And I can´t help but to observe ourselves as unconscious children breaking toys again and again, but far from fun, cry incessantly. Blind. Hopelessly blind.

The scarcity principle emerged from a little mind principles. It grew out of a petty and mean approach to life, by definition unsustainable. Would it have been the direct and intuitive observation of Nature to appreciate the grandeur around us and so be ready to feel it as ours too. Albert Einstein, this versatile genius, tried to convey throughout his life another worldview that he himself saw in the hollow of matter. Perfectly linked their scientific findings with the perennial philosophy and was a perfect forerunner of the revolution in thought that would come in the second half of the twentieth century and will surely take a generation to flourish among us.

There are still many metaphors for dropping this little reductionist thinking in our daily lives. The economic crisis caused by the landmark-Lehman Brothers is one of them – the epitome of scarcity principle led to absurdity – and the problems caused by the consumption of oil, other. We are breaking the soil that sustains us, burning and poisoning the air that gives us life, polluting the water that keeps us and we started to accumulate junk in space, because we do believe in the infinite-dump. Look only in a very silly thing: in nature there is hardly anything square, but human beings are real machines produce square things. Something’s does not square – ironies … -. Thinking only in two dimensions, philosophical origin of bipartisanship, Manichaeism and bipolar disorder.

Generosity is a sign of wisdom, intelligence sublimated, and naturally, start by thinking, by what we choose to believe. The whole attitude to life is based on beliefs, because life itself is changing and that takes the certainties of nearly unfailing way. We perform daily amount of such acts of faith, that the mere awareness of this dynamite our self-image as rational beings. Come on … But we can choose the direction we want to give to all this. At the end of the day we handle infinite resources in the limited time that we preserve this fascinating dual contraption that is the human body. And the chances of this are enormous worth. Needless to start on boot, but going from black and white to color.

jaime trabuchelli

Un Artículo Distinto

Cabalgamos confiados en la insostenibilidad.
El crecimiento demográfico es insostenible. La contaminación del planeta, es insostenible. Es insostenible la economía tal y como va. El modelo energético del mundo: insostenible. Y así podríamos seguir hasta la náusea.
Pero cabalgamos confiados, semi inconscientes, sobre el caballo desbocado de nuestra vida veloz y voraz, perdiendo poco a poco la conciencia del otro a la par que la propia, leyendo cada vez menos y peores libros, captados por el móvil y ausentes de la historia. Y aunque nos joda, es verdad.
El tiempo está acelerado y nuestro sistema nervioso también. Por eso vivimos cansados. La conciencia de nuestras posibilidades nos exige hasta la extenuación y nos falta valentía para parar y decir: yo soy, no necesito adornarme con tanto logro y tanto oro.
¿Quién hará la película de nuestro mundo para que nos demos cuenta de nuestra locura? Aquí mismo fabricamos bombas para que se las lancen unos a otros por ahí… pero ya veo las miradas de irónico desprecio, que te ponen el sello de näif bobalicón. Sí. Soy culpable de detestar las bombas – todos las detestan, naturalmente – y las armas. Y soy culpable, sobre todo, de detestar una civilización que no sabe cómo intervenir para anular la voluntad de coger esas armas y matar. Porque qué peligro tendrán si nadie las quiere usar.
“A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas”. Marcel Proust.
Qué gran pensamiento el de Proust. Yo añadiría que esta disposición se fragua en la ancestral indefensión aprendida del ser humano traumatizado por su conciencia de imperfección.
Pero tenemos una gran oportunidad. Una oportunidad única de situar nuestra conciencia ética y moral a la altura de nuestro desarrollo tecnológico. Desde luego que tenemos todos los medios técnicos para que nuestra civilización en su conjunto pueda lograr que este planeta sea sostenible y disfrutable para un 100% de la Humanidad. Eso significa el fin de las guerras y de la miseria, y el comienzo de la educación, salud, alimentación y vivienda dignos y universales. A partir de ahí estaremos en una situación inmejorable para aspirar a la felicidad.
A lo peor estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas. Y a lo peor también, en una perversión lógica, estamos demasiado prontos a considerar que las alternativas a este presente son sólo extraíbles del pasado.
Pero miren: yo creo que el mayor problema viene del paradigma del principio de escasez, que rige la economía misma desde su origen etimológico. En los años sesenta comenzó a aflorar la Psicología Humanista como una élite intelectual y espiritual dentro de la Contracultura norteamericana surgida dentro del movimiento hippy, alimentada por el principio subyacente de “ganar-ganar”. Esto abrió una brecha que ha pasado desapercibida a casi todos y que acabará por romper el edificio-trampa que el pensamiento cartesiano-newtoniano a construido para mayor desdicha del hombre moderno. Aquel enfoque alberga una infinitamente mayor y más generosa inteligencia que la de considerar tus fichas de parchís como la única realidad del mundo o explicado de otro modo, como si la tierra nunca llegara a ser tomate, o la célula jamás acabara siendo filete.
Acabemos con la estupidez: los recursos no son escasos; los recursos son infinitos como infinito es el Universo. El talento es infinito, igual que la estupidez. Tan poderoso es el uno como la otra para llevarnos a la plenitud o a la miseria respectivamente. Hay que ser mentecato, y digo bien, para pensar que el Universo es finito. Todavía ando buscando el cartel que diga “Aquí se acaba el mundo. A partir de aquí, la nada.” Y es que por mucha imaginación que le echo no acabo de imaginarme la existencia de la nada. Sólo me encaja su inexistencia.
Y no me queda otra que observarnos como niños inconscientes que rompen los juguetes una y otra vez, pero que lejos de divertirse, lloran sin cesar. Ciegos. Ciegos perdidos.
El principio de escasez surgió de una mente escasa de principios. Surgió de un enfoque mezquino y tacaño de la vida, por definición insostenible. Hubiera valido la observación directa e intuitiva de la naturaleza para poder apreciar la grandeza de lo que nos rodea y poderla sentir a su vez como propia. Albert Einstein, este genio polivalente, intentó transmitir durante toda su vida otra concepción del mundo que él mismo veía en los huecos de la materia. Enlazó perfectamente sus hallazgos científicos con la filosofía perenne y fue un perfecto antecesor de la revolución del pensamiento que vendría en la segunda mitad del siglo veinte y que seguramente llevará una generación más que florezca entre nosotros.
Aún quedan por caer muchas metáforas de este pensamiento pequeño y reduccionista en nuestra vida cotidiana. La crisis económica generada por el hito-caída de Lehman Brothers es una de ellas – el epítome del principio de escasez llevado al absurdo – y los problemas generados por el consumo del petróleo, otra. Estamos rompiendo el suelo que nos sostiene, consumiendo y envenenando el aire que nos da vida, contaminando el agua que nos mantiene y ya empezamos a acumular basura en el espacio, porque ahí si creemos en la infinitud-basurero. Fíjense sólo en una cosa muy tonta: en la naturaleza apenas hay nada cuadrado, pero los seres humanos somos verdaderas máquinas de producir cosas cuadradas. Algo no encaja – ironías…-. Pensar sólo en dos dimensiones, origen filosófico del bipartidismo, el maniqueísmo y el trastorno bipolar.
La generosidad es un signo de sabiduría, de inteligencia sublimada, y naturalmente, empieza por el pensamiento, por aquello que elegimos creer. Toda actitud ante la vida se basa en creencias, porque la vida misma es tan cambiante que destroza las certezas de forma casi indefectible. Realizamos tal cantidad diaria de actos de fe, que la mera toma de conciencia de ello dinamita nuestra auto imagen de seres racionales. Venga ya… Pero podemos elegir el sentido que queremos darle a todo esto. Al fin y al cabo manejamos recursos infinitos en el tiempo limitado en que conservamos este fascinante artilugio dual que es el cuerpo. Y las posibilidades de que todo esto merezca la pena son enormes. No hace falta cargarse el sistema, sino pasar del blanco y negro al color.
Hala. A fluctuar entre querer creer y temer creer.
Se me olvidaba un apunte: el verbo creer y el verbo crear se declinan igual. Pero sólo en primera persona del presente. No parece delegable ni en el tiempo ni en el espacio.

jaime trabuchelli

Etica y Etiquética

Johann Sebastian Bach era un genio.
En una ocasión, fue retado por Federico el Grande, rey de Prusia del S XVIII, a improvisar una pieza musical a partir de un tema del propio rey. El resultado fue la Ofrenda Musical: un ricercar (una fuga) que ha quedado como obra maestra para la posteridad. Aquí quedó patente algo muy característico de Bach: su creatividad musical iba mucho más allá de la originalidad de los temas – que también aportaba -, pues su dominio de la armonía, el contrapunto, de todas las técnicas musicales y de aquello que no se enseña – el genio – era tal, que era perfectamente capaz de convertir cualquier materia bruta en algo sublime. En su línea, Michelangelo Buonarroti a partir del mármol.

A mí me parece que a la sociedad le pasa lo mismo. El ser humano en su conjunto, por mucho que algún congénere intente manipularlo desde dentro – y desde los más diversos ámbitos – imbuido de un curioso sentimiento de superioridad auto atribuida, acaba encontrando soluciones que van mejorando las precedentes, con el tiempo, en un proceso de adaptación asombroso que, quitando esa tendencia a la superioridad mencionada – y que no es poco -, resulta admirable.
Y así, con los temas dados, que fundamentalmente versan desde la supervivencia hasta la auto realización, pasando por la necesidad de reconocimiento social – como muy bien explicó A. Maslow en su famosa pirámide -, vamos conformando una manera de organizarnos política, social y económicamente, y desarrollando una cultura que habla de nosotros como ninguna otra cosa.

Hay un continuo que subyace a todas estas evoluciones y revoluciones que podríamos llamar “hilo ético” y que vendría a manifestarse como el paradigma que en cada momento dicta, de manera semiconsciente pero muy patente, lo que es correcto y lo que no, lo que va a ser apoyado por una mayoría y lo que va a ser rechazado por la misma. Indudablemente muchos pretendemos tener nuestra propia moral, nuestros propios principios – el humor de Groucho Marx viene a ser un caso aislado – de manera independiente a nuestro entorno, lo cual no deja de ser una pretension bastante pueril cuando falta generosidad y altruismo en el mejor sentido de la palabra. Y aquí llegamos al punto: el liberalismo se ha revelado en este momento de evolución ética de la humanidad como el sistema político y económico que mejor gestiona los equilibrios dentro de las sociedades. A medida que ha ido implantándose en los países, sus sociedades han prosperado y elevado sus condiciones de vida de una manera antes desconocida. Por otro lado, los territorios que mantienen o restauran sistemas autoritarios sean del signo que fueren – que no nos despiste el tema dado (ideología-excusa), que aquí lo importante es la obra desarrollada -, con un intervencionismo estatal que fagocita hasta su práctica totalidad toda iniciativa individual o colectiva independiente, ven como su población se empobrece política, económica, social y culturalmente de manera progresiva e implacable. Eso, es así.

Evidentemente este liberalismo en la práctica y sus consecuentes democracias, no son perfectos. Pero son mejores o menos malos, como quieran decirlo. Y esto, también es obvio que es así. Ahora hablemos de sus matices, sus distintas versiones, del modelo estadounidense, el europeo y dentro de este, las social democracias nórdicas, el caso francés, el italiano o el español. Todos superan con creces aquél sistema del que procedían: los poderes absolutos.

Ahora está muy de moda practicar el innoble arte de la demagogia para proclamar que la solución a todos los males de este liberalismo económico que supone una tiranía del poder financiero, se soluciona con un mayor intervencionismo estatal en todos los ámbitos: participación en las principales empresas de los sectores estratégicos de la energía, las comunicaciones, alimentación, transporte, etc; intervención del estado en los medios de comunicación porque están en manos de perversos multimillonarios – estigmatización de la riqueza – y una subliminal justificación del uso de la violencia para vencer a ese enemigo que es “la oligarquía capitalista” u otros culpables de estar alejados de su ideología. Lo más curioso, lo más chocante de estos planteamientos es que buscan devolver al estado un grado de poder que históricamente ha demostrado una y otra vez tener unas derivas devastadoras: el abuso del mismo y la corrupción que genera. Identificar un estado más poderoso y con un mayor control de los medios de producción y comunicación con una devolución al pueblo y al sistema de esos recursos y esa información, más justa y equitativa, en definitiva, una mejor redistribución de la riqueza y el conocimiento, es no saber trascenderse como individuo y obviar que el éxito en este tránsito no depende de cinco cabezas iluminadas sino de la capacidad del ser humano en su conjunto de actuar por amor a la causa y no por intereses personales. Todo esto sin tener en cuenta que el mérito individual, tanto en capacidades como en valores, queda arrasado por el camino cuando se avanza por la vía de la expropiación indiscriminada y sin mediar más justicia de por medio que una idea vaga, difusa y a menudo prejuiciosa de lo que supone “tener”. Y destaco que este mérito personal es lo que la ciencia nos cuenta que va configurando nuestro ADN para grabar en lo más profundo de nosotros aquello que nos lleva a vivir más y mejor. Porque de eso se trata, digo yo.

Un ejemplo clarificador: si un anarquista tiene que optar por una forma de vida dentro de una sociedad liberal, lo lógico es que se decantara por la cooperativa, que es una especie de forma de ser autónomo en conjunto con otros trabajadores, y una iniciativa privada colectiva. Pues bien, piensen ustedes en las posibilidades de prosperar de una cooperativa en un régimen como el cubano, el venezolano (atípicamente), o el chino antes de la liberalización económica, donde el estado todopoderoso decide a sus anchas y de manera casi siempre arbitraria, cuando cambia las reglas de juego sin filtro alguno de la población civil. Recordemos, por cierto, que la sociedad comunista tal y como fue concebida era una sociedad sin estado. Ni siquiera consideremos otras opciones de iniciativa individual en esos contextos porque desgraciadamente, no hay. El anarquista convencido que hubiera vivido ambos regímenes ciertamente añoraría la democracia liberal mientras sufriere a sus falsos primos, falsos comunistas.

Vivimos un momento de cambio muy claro: la izquierda y la derecha ya nadie sabe qué son. Ambas están obligadas a vivir dentro del liberalismo imperante, político y económico, en los regímenes democráticos donde su actividad es posible. Y dentro de ese posibilismo buscan su identidad, sin darse cuenta de que al ciudadano le importan cada vez menos las etiquetas y cada vez más las realidades. La ideología que todos demandamos es la ética, el comportamiento honesto: no abusar del poder. Porque tener el poder da muchas más opciones para todo, tanto benéficas como perversas, y en la gestión del mismo es donde todos los votantes y conciudadanos esperan un comportamiento ejemplar. Aquí es donde se halla la paradoja: si el comportamiento de los comunistas hubiera sido ético, el estado no habría tenido lugar y todo el poder hubiera pasado a los ciudadanos, que éticamente también habrían trabajado duro para llevar al conjunto de su sociedad a una prosperidad y justicia de enormes proporciones. Si un régimen conservador actuase al igual con completa ética, completando y manteniendo unas reglas de juego justas y limpias y utilizando el poder de forma recta, no distaría mucho del éxito del régimen anterior. Y así con todas las opciones que se hallan entre medias.

La democracia y el liberalismo se han consolidado como los mejores garantes conocidos hasta ahora del equilibrio del poder. El intervencionismo del estado se debe centrar en legislar para corregir los defectos del sistema y garantizar que esta legislación en su conjunto se cumpla de manera efectiva. Por ello la Justicia, la Sanidad, la Educación las Infraestructuras y la Defensa deben ser sus mayores preocupaciones, así como su intervención constante en la defensa de los valores que la Constitución libremente votada por sus ciudadanos defiende y promueve.

Hoy día, en este país nuestro, la Constitución está pobremente custodiada. Y remediar esto es lo más importante. Abordar la crisis económica es urgente, pero es consecuencia de lo primero y no su causa. Este Gobierno no ha demostrado darle prioridad a este gran problema. Ni siquiera ha abordado la vergüenza de la corrupción política con voluntad y solvencia. Pero lo peor es la falta de dignidad: empezaron negando con irónico cinismo la necesidad de regeneración democrática y ahora quieren abrir un falso debate sobre ella. La realidad violada.
jaime trabuchelli

P.D.: la democracia la heredamos de los griegos y estamos eliminando esta lengua de nuestras aulas. La mayoría ignora el conocimiento que trae consigo.