Steve Reich: la música natural.

Steve Reich acaba de recibir el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de música contemporánea, una de las ocho que abarca esta singular y extraordinaria iniciativa – de los pocos oasis culturales que nos quedan en este erial de la cultura que es hoy España y que a título póstumo nos retrata con inigualable maestría Gerard Mortier en su versión de “Los Cuentos de Hoffmann”-.

Reich crea la música como experiencia concentrada de los ritmos de la naturaleza, recreando una amplísima belleza de la que los músicos participan plenamente, él incluido, como canales saturados de la experiencia. Armonía en el sentido más holístico.

Poseedor de una cultura y una formación musical que abarca todas las épocas, no es de sorprender que considere a Bach el compositor más grande de siempre. Así parece que en una comparación destemporalizada y paradójica, alcancen ambos la cumbre de la experiencia musical por caminos opuestos, donde la variación y la repetición se buscan mutuamente, una desde la otra y viceversa.

Los pocos de mi generación que disfrutábamos del minimalismo – bautizado así por Michael Nyman – de Philip Glass y otros músicos que tuvieron menos trascendencia mediática, fuimos viendo como iban incorporando sus temas al cine, el propio Nyman con su extraordinaria BSO de “El piano”, y Glass con su “Koyaanisqatsi”, dirigida por Godfrey Reggio, ambas muy distintas pero coincidentes en el estilo que Reich ha llevado a una excelencia incontestable. Las raíces se hunden en la música mística oriental, que hizo de la repetición – las ragas indias son una suerte de climas musicales – el puente para acceder a una experiencia sonora más profunda, y en su recorrido contemporáneo su influencia llega a la música electrónica, dance y en general a casi toda la música experimental de cualquier tendencia.

No se equivoca Reich cuando declara que el minimalismo es la música más importante actualmente, y sin duda ha sido la más influyente de las últimas décadas, recogiendo las influencias más diversas, desde la ya mencionada música india tradicional, la música tribal africana, la música qawali persa – el más conocido, el gran Nusrat Fateh Ali Khan, que cosechó una ovación histórica en su actuación en el Teatro Monumental de Madrid a principios de los noventa -, los cantos gregorianos o el propio Satie, para cristalizar en un estilo notablemente novedoso y moderno en el mejor sentido de la palabra.

Enhorabuena al acertadísimo criterio de la Fundación BBVA.

jaime trabuchelli

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *