El voto no se busca, se encuentra

El político que va en busca de votos como principio, es decididamente un peligro para la sociedad, porque corremos el riesgo de que los obtenga. Como decía Steve Jobs, “El cliente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestras”. Por tanto, los demagogos que dicen a las masas lo que quieren escuchar – en la masa el ser humano pierde su esencia como individuo -, no hacen más que aludir al hipotálamo, a las pulsiones más básicas y rudimentarias que llevan a nuestro género a su más baja expresión. Muy lejos del neocórtex, donde se halla lo más evolucionado de una persona, la tecnología punta que la experiencia ancestral ha ido desarrollando en nuestro pool genético, las emociones primarias desoyen por completo las sutilezas del intelecto que nos llevan a discernir entre lo verdadero y lo falso, entre la honradez y la corrupción.

La política, en su más noble versión, es una vocación en la que una persona quiere ver realizada una necesidad superior de contribuir a la mejora de la calidad de vida de sí mismo y las personas que le rodean, en sociedad. Como bien sabemos que la libertad es el camino y no un fin para el que cualquier medio es válido, esta noble vocación de la política ha de fundamentarse en el profundo respeto al otro y en la difícil asunción de la posibilidad perenne de estar equivocado. Con sólo mantener estos dos principios presentes y activos en la conciencia, la mayoría de las tentaciones del poder que se tuviere, pudieren combatirse con éxito.

Es muy obvio como en la praxis política nacional y mundial, la búsqueda del voto ha llevado a la práctica totalidad de las formaciones y los líderes políticos a ir sintonizando sus mensajes y propuestas al ritmo de las encuestas y sondeos de opinión. Es tan lamentable este hecho que a nadie debiera extrañar la profunda desafección del ciudadano hacia la política, los políticos y los partidos e instituciones. Mejor debiéramos decir ante la praxis de todas estas categorías y funciones, pues es indispensable salvar la función y la institución, cuyo instinto y origen respectivos son lo que nos queda como punto de partida para la regeneración.

Vuelvo a la máxima de Jobs porque me parece realmente genial, y muy lejos de ser tan arrogante como parece. Nadie pone en duda la inspiración y visión de un artista sea cual sea su disciplina, como motor de su obra y de nuestra realización como seres humanos en la contemplación de la belleza. No nos resulta ajena la belleza aunque nos sorprenda, porque el hecho es que hay un momento de re-conocimiento en el que tenemos la experiencia de ser mejores, más felices y más plenos. La política debe recuperar el arte de generar la posibilidad de un futuro más pleno como sociedad, y para eso hace falta con urgencia una regeneración absoluta de los principios que mueven a los políticos a desarrollar su labor. No es fácil pero es más sencillo de lo que se podría imaginar. No hacen falta prisas, hace falta voluntad. No hace falta perseguir el poder, sino recuperar el poder de atreverse a soñar con un mundo claramente mejor, claramente más libre, claramente más honesto y confiable. Y para esto, cosas muy concretas:

– No busquemos el voto, busquemos un proyecto viable y valiente, sin concesiones a lo políticamente correcto, que raramente coincide con lo más honesto.
– No vayamos a la política a hacer dinero.
– No vayamos a la política buscando el reconocimiento de los demás sino para obrar en conciencia con un propósito de realización personal.
– No mintamos como medio para un bien mayor, porque es uno de los autoengaños más mezquinos que podamos hacernos.
– Escuchemos a los demás pero no caigamos en la complacencia ni en la arrogancia, porque sin un criterio propio no merecemos la confianza de nadie.
– No nos creamos en posesión de la verdad ni busquemos la superioridad, sino más bien aprendamos de todos y de todo, porque sólo juntos podemos alcanzar la solidaridad, la libertad y el crecimiento real de la humanidad.

Esta declaración de principios puede parecer un tanto mesiánica, no lo discuto. Pero, ¿Cuál es la alternativa?

Estamos en una encrucijada, y no nos engañemos, no es sólo en nuestro país, es en el mundo entero. Tendemos a compararnos con las democracias más avanzadas para criticarnos entre nosotros, pero los males que nos afectan no son muy distintos de los de nuestros vecinos más “avanzados”. Este complejo internacional tan nuestro no ayuda mucho, porque sin una autoestima razonablemente fuerte difícilmente se puede tener la audacia necesaria para saltar hacia nuevos retos.

Así que vuelvo al título, tan prosaico, de este artículo, por ser concreto y alejarme de la demagogia. El voto no se busca, se encuentra; y es que me refiero al voto poderoso que es el voto de la ilusión, el voto de confianza que te da un ciudadano ilusionado, que vislumbra un futuro mejor porque le ha calado tu mensaje, porque le parece posible aunque difícil, porque necesita creer en que las dificultades de la vida merecen la pena, ya que hay gente con una mente lúcida y bienintencionada, con un corazón sano y honesto que es capaz de organizarse para llevar a su país a nuevas cotas de bienestar material y emocional.

Para mí fue el mensaje de Ciudadanos a través de Albert Rivera el que despertó mi ilusión y mi confianza. Del neocórtex al hipotálamo, y no al contrario. Y lo agradezco. Te invito a que busques tu opción.

Que tengas un buen día.

jaime trabuchelli


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