Virgencita, virgencita… o el “voto útil”

“Otro vendrá que bueno te hará”, “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy” o la famosa “Los experimentos con gaseosa” del Sr. D´Ors. Todo esto – y asimilados – ronda en el imaginario colectivo en los momentos en los que un modelo se agota y se inicia un nuevo ciclo.

Las ideologías van evolucionando, como no podría ser de otra manera, a medida que van siendo puestas a prueba por la realidad en sus distintos campos. Sin embargo hay una ética que como ley natural – coherencia, honradez, responsabilidad… – más que evolucionar nos observa como una madre a su bebé, a su niño, a medida que va creciendo. A todos nos gusta presentarnos como un modelo de esta ética y casi ninguno lo somos. No digo que seamos todos corruptos o desviados, y cierto es que hay grandes distancias entre unos y otros, del mismo modo que las hay en otros atributos o saberes. Pero dado que todos estamos en el mismo proceso de evolución ética, nos haríamos un gran favor evaluando los comportamientos y dejando lo que la persona es en un respetuoso distanciamiento. Ha cometido tal, se ha comportado de manera deleznable… mejor que es un tal, o esa persona no merece cual. Es difícil, pero así dejaremos abierta una rendija vital para que entre aire fresco en algo que necesitamos imperiosamente: seguir creyendo en el ser humano. Y es que esta confianza, esta fe es el necesario punto de apoyo para todas las demás: una Europa renovada, una sociedad más justa, una economía al servicio del ciudadano, una política que cuide de y vele por todos.

Este nuevo ciclo que está en plena génesis, y no sólo provocado por la reciente crisis sino por la revolución del conocimiento, la ciencia y la información en la que estamos inmersos, tiene en lo político el mayor reto para canalizar lo que el ciudadano crea que debe ser el nuevo paradigma. Y en este contexto es donde quiero insertar el secular dilema del “voto útil”.

En primer lugar, desde un punto de vista democrático esta expresión es redundante: lo único inútil es la abstención. Señoras y señores, la abstención informa poco porque envía multitud de mensajes muchos de ellos contrapuestos: enfado, desinterés, indiferencia, pereza, oposición a la democracia, enfermedad, partidarios de un golpe de estado, nacionalismo… El voto, sea cual sea, en blanco o a una formación política, por mucho o poco que te guste, es infinitamente más interpretable, y por tanto podemos todos aprender de él, tanto del propio como del ajeno. El “voto útil” es una expresión acuñada por los interesados en mantener el Status Quo de turno – por turnos – basada en estrategias corto-placistas, vacuas e ideológicamente anti-democráticas; su única finalidad es mantenerse en el poder.

En segundo lugar, la Historia nos enseña una y otra vez que no hay nada más útil que luchar por una causa imposible cuando es garante de un futuro mejor; y no hay otra manera de ser garante de algo que con hechos. El Sr. Cañas, diputado de C´s, ha hecho lo que en este país no hace nadie: dimitir sin parpadear ante una imputación por mera y simple coherencia, sin más alharacas. Gracias Sr. Cañas, en esa autovía iba usted sólo.

En tercer lugar, para catalogar algo como “útil” tiene que servir a un fin. Efectivamente hemos apuntado lo que el voto nos da en el juego democrático. Pero lo que el voto a los partidos mayoritarios nos ha dado hasta la fecha, más en las últimas fechas, es una sensación de indefensión ante el abuso de poder político y económico, la corrupción y las medidas que deberían servir para combatirlos. No entremos en el simplismo de que todos son iguales porque no es cierto y todos lo sabemos; pero la proliferación e escándalos ha puesto de manifiesto que no hay un control efectivo sobre los abusos y el inmovilismo y clientelismo de las viejas estructuras de poder no muestra una voluntad real y determinante para acabar con todo ello. Todos los días vemos ejemplos de corporativismo sectario que suponen una falta de respeto inaceptable para el ciudadano. Ninguna acusación de corrupción política hasta la fecha ha venido del propio partido en el que ocurre. Este dato es suficiente de por sí.

Por último, una invitación. Vayan a votar; aún no ha surgido una alternativa mejor a la democracia, ningún sistema de organización del poder ha dado mejor fruto en la Historia de la Humanidad. Voten más y mejor democracia, según su criterio, y háganlo conociendo lo mejor posible el mayor número de opciones. Ese es, en mi opinión, el verdadero voto útil, el que nos ofrece a todos el mayor aprendizaje, el que no necesita la disculpa de las comillas.

jaime trabuchelli

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