¿Quién habla en nombre de Europa?

Una inmensa mayoría ve que Europa es el futuro, una inmensa minoría ve que Europa es el presente y leer la Historia y aprender de ella es algo que está cayendo en desuso.

Creo que los clásicos escribieron tanto porque sabiamente previeron que no íbamos a tener tiempo para pensar en el futuro, pero a lo mejor nos quedaba un ratito para leer. Y así andamos, leyendo un poco y pensando aún menos, porque a tenor de lo visto y el nivel dado en todos los medios y sectores, profundizar una mica puede hacerte parecer un pedante o lo que es peor, un inadaptado en el círculo menos pensado. Hablo de los menores de cincuenta años, que a los otros se les perdona por mayores.

Y la cuestión es que andamos de elecciones europeas, unas elecciones con un significado histórico indudable que van a configurar un panorama político y unas iniciativas que deben ser revolucionarias en todos los ámbitos. Aún así, esta pre-campaña y lo que se supone vendrá está inundada de referencias nacionales, regionales y locales…y casi despoblada, insólitamente, de un discurso en clave de Europa con contenido verdaderamente relevante. Sólo un partido minoritario pero con un pedigrí muy notable, el Partido de la Ciudadanía, está dando contenido verdaderamente relevante en esta línea.

Europa tiene el deber de aunarse de tal manera que presente una cara común y plural ante el mundo. Ese fue el sueño fundacional y ese debe ser su logro. Desde un punto de vista político, económico y social el reto es grande, pero el camino está trazado. Desde un punto de vista cultural esto apenas se ha considerado seriamente.

En esa perspectiva histórica europea en su conjunto de la que tanto hemos de aprender, la cultura debe ser lo que vertebre nuestra unión, ya que esta vocación en los demás aspectos más vale que se labre desde nuestro camino más reciente. Pero aquí, en la cultura europea, es donde vamos a hallar una riqueza y unos mimbres que nos van a hacer comprender cómo presentarnos ante el mundo desde una comprensión mucho más amplia de quiénes somos y que además, es una comprensión nueva entendida como un fenómeno socialmente generalizado.

Todo aquello que nos hizo auto destruirnos en siglos y milenios anteriores puede y debe llevarnos a una confraternización adulta – ¿no somos la vieja Europa? – que sirva de guía y modelo a un entendimiento transcultural global de nuestro mundo.

Ha llegado la hora de ser audaces, de ser valientes y dar pasos importantes en el camino de una identidad más amplia e inclusiva, Europa, permítanme la redundancia, que debe ser primeramente cultural, pues ese es el ámbito más natural para liberar lo mejor del ser humano e impulsar todos los demás aspectos de lo público y lo privado.

¿Porqué no empezar, si puede ser, en mirar hacia Europa en una campaña electoral europea? A continuación podríamos plantearnos ser audaces.

jaime trabuchelli

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