El Tesoro de la Democracia

La democracia es un gran sistema para organizar la convivencia. Si miramos hacia atrás un poco, y no sólo hacia el futuro impacientemente (no hay riesgo de estancarse) podremos comprobar cómo nunca en la Historia de la Humanidad ningún otro sistema consiguió un bienestar y una equidad mayor (aunque incompleta). Por otro lado, en el mundo, hay una tendencia perversa hacia sistemas autárquicos en los que un pequeño grupo que pretende, en el mejor de los casos, conocer las soluciones a todos los problemas, embarca al resto de su sociedad en un proyecto oscuro y no participativo donde el abuso de poder y la corrupción acaban por ser la seña de identidad de su “gestión”.

En las democracias con mayor tradición, aparecen problemas que pertenecen a un orden de cosas cuantitativamente distinto a las democracias más jóvenes, y cualitativamente diferentes a los que surgen en los regímenes autárquicos. Esto, que puede parecer una obviedad, a menudo se pasa por alto. Por poner un ejemplo reciente, el Sr. Meyer habló en la campaña de las europeas de que en Cuba no había presos políticos y que los Estados Unidos mantenían cierta suerte de guerra a través de su bloqueo económico a la isla. Del mismo modo algunas formaciones recientes vuelven a poner sobre la mesa planteamientos neo-marxistas como soluciones a la redistribución de la riqueza cuando la experiencia nos ha mostrado que acaban funcionando exactamente al revés. Y por irnos a su próximo contrario, formaciones de extrema derecha en Francia y Croacia – en auge – vuelven a plantear el cierre progresivo de las fronteras al enemigo extranjero siguiendo el mismo camino autárquico que muchas naciones africanas.

Todo esto es un aviso a la clase política y a la sociedad en general. Cuando la democracia no avanza, retrocede. No hay estancamientos. Cuando la desidia, el conformismo y la mediocridad medran en las instituciones, cuando el debate político deja de ilusionar a través de ideas potentes y diseños del futuro audaces y avanzados, que amplíen las libertades y fomenten el bienestar social, económico y la solidaridad, las tentaciones de romper la baraja acaban cuajando en salvapatrias organizados y todo tipo de movimientos basados en emociones primigenias: la derrota de la razón. La democracia es más frágil de lo que imaginamos y las libertades han sido muy difíciles de conquistar como para que ahora vengan iluminados a tirar por tierra todo lo alcanzado al grito de que tienen la nueva solución a todos los males. Lo más curioso de estos personajes es que para diseñar las nuevas soluciones utilizan los mimbres de los que ahora critican y desprecian. Muy curioso.

Qué magnífico favor nos haríamos si apreciáramos en toda su dimensión la herencia democrática que hemos recibido y le diéramos un nuevo y gran impulso. Primero sanear. Hemos heredado un árbol fuerte, que ha crecido de forma a veces admirable y a veces caótica, que ha dado frutos magníficos y otros extraños y amargos. Ha sufrido y sufre plagas, talas incomprensibles y desviaciones peligrosas que han hecho peligrar su supervivencia. Porque la libertad es el camino, y cuando es así, sólo podemos ir hacia mejores metas. La generosidad comienza en el pensar, en un pensar en nuestros hijos, en nuestro futuro y en una sociedad que avance de manera armoniosa, en la que el poder se distribuya de la manera más extendida posible. Al final, la utopía anarquista está más cerca de la democracia que del marxismo; y no lo digo yo, sólo hay que observar la realidad sin prejuicios.

Dentro de nuestra democracia, la economía de mercado sigue siendo un misterio cambiante en muchos aspectos, porque depende de unos pocos en la misma medida que depende de todos. Ha demostrado ser posible incluso dentro de regímenes extrañamente autárquicos como el chino, lo que da idea de su capacidad de adaptación. El problema es que cuando se regula demasiado resulta disfuncional en la misma medida que cuando se regula demasiado poco. Y ahí andamos, sintonizando al son de varias músicas que son los distintos sectores de la sociedad y los grupos de poder. Y mientras intentamos afinar – desde una perspectiva histórica hoy muy necesaria y en desuso – otros vienen con terremotos y sacudidas varias que nos obligan a sostener con fuerza el tesoro de la democracia.

En eso estamos.

jaime trabuchelli

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *