El Debate de Ayer: La España que Viene

La sexta noche de la semana, la de ayer sábado, fue digna de mención: tuvimos un debate que anuncia una nueva generación de políticos, un estilo nuevo y muchos brillos.
Es cierto que se ha recuperado la pasión por la política y que muchos ciudadanos antes indiferentes ahora se acercan a los partidos emergentes y a los nuevos planteamientos sacudiéndose la indiferencia que se había apolillado en sus almas durante veinte años o directamente durante toda su vida, porque nacieron ya en la vieja y decadente política. Fue grato encontrarse a Samper en vez de a Cañete o Arenas, a Garzón en vez de a Cayo Lara y a Irene Lozano en vez de a Rosa Díez.

Hay una gran diferencia entre el debate que hubo antes de las europeas en la misma cadena, que si fue muy loable por dar voz a los partidos emergentes, no lo fue tanto por el mal planteamiento del mismo y la actitud infantil de Eduardo Inda haciendo una suerte de preguntas pueriles sobre Europa para poner a prueba los conocimientos de los invitados, que en muchos casos le sacaron los colores al demostrarle que sabían infinitamente más que él de los más variados temas. Afortunadamente en este debate, que sintomáticamente reunió a los antiguos partidos y a los que emergen con fuerza (PP, PSOE, UPyD, IU, Podemos y Ciudadanos), el planteamiento y el moderador (que tuvo una voluntad de imparcialidad notable), resultaron muy superiores.

Si una cosa quedó demostrada respecto a la disyuntiva República – Monarquía, es que no es el tema que interesa. Sí que sirve para plantear colateralmente otros asuntos que surgen en este debate como la corrupción, la reforma de la Constitución o la regeneración democrática, que sí están dentro de los intereses principales de los ciudadanos, pero como tema central, el replanteamiento del modelo de estado no es algo que esté en las prioridades de la agenda de nadie.

Ya entrando en los planteamientos que se expusieron, me llamaron la atención varias cosas. Antonio Carmona, más que un verso suelto dentro del PSOE me parece un párrafo inexplicable, pues estaba de acuerdo con casi todos los participantes del debate – insólitamente – y casi nada de acuerdo con su partido en general. Eso es algo que se debe mirar bien.
Borja Semper es un hombre inteligente, respetuoso y con aire de buena persona. Me gustó mucho y espero que el PP que venga se parezca más a él y menos a lo que le antecedió. Hizo una buena autocrítica de la corrupción en su partido, una buena defensa de la introducción del límite de gasto público en la Constitución – aunque no criticó la forma en que se hizo, que es muy criticable – y luego le entraron los pudores de no querer entrar en los temas internos de los partidos, más bien con un enfoque PPSOísta – no entró con el PSOE – que real, puesto que cuando le tocó el turno a Podemos no pudo resistirse a hacerlo. La maniobra fue sutil pero clara: si no entro en el PSOE ellos no entran en el PP, mientras que entro en Podemos y no hablo de Ciudadanos porque el silencio es lo mejor cuando veo que perdería en todos los aspectos. Hábil pero hipócrita. Maquiavelo reloaded.

Isabel Lozano presentó buenas maneras, debatió con serenidad y respeto y sufrió los ataques de un Antonio Carmona que ve por dónde se le pueden escapar los votos. Interesante que estuviera ella y no Rosa Díez, que o bien se siente demasiado poderosa para estar en el debate o en el partido la encuentran demasiado inoportuna para representarlos. Quizá los dos motivos estén relacionados.

En el caso de Pablo Inda, perdón, Eduardo Iglesias…vaya, que lío; Pablo Iglesias digo, no fue su día. Al final uno es víctima de aquello que utiliza, pues los medios y los fines suelen estar íntimamente ligados, y en este caso su medio tertuliano, inestimable ayuda para el éxito electoral, fue un Eduardo Inda encabritado y desbocado que le atizó por doquier reclamándole su declaración de la renta, su bolivariano clientelar y la falta de democracia interna en su partido. En los dos primeros temas no entró – lo del primero fue llamativo, pues reivindicó su exhibición de nómina pero no parece que quisiera traer su IRPF al siguiente programa -, pero se defendió con cierta solvencia en el último. En cuanto a lo de Monedero y el cotilleo de sus críticas al propio Pablo Iglesias, me pareció juego sucio.

Alberto Garzón fue combativo pero flojo argumentalmente. Albert Rivera es mucho Albert Rivera para Garzón, aunque Cayo Lara es su verdadero enemigo – de Garzón, digo -.
Por fin Albert Rivera. Tiene una rapidez y una claridad de ideas que no veo en ninguno, y la habilidad de presentar soluciones que intuitivamente siempre parecen las mejores, me van a disculpar los demás. Y es que cuando alguien plantea algo que ve positivo y que aporta, no duda en reconocerlo y sumar. Se deja copiar sin problemas, es más, lo celebra y no alardea, porque es un hombre que representa a un partido cuya vocación es mejorar la democracia de este país: todos los integrantes del Partido de la Ciudadanía estarían encantados de no tener que dedicarse a la política porque todos los partidos políticos hubieren incorporado la regeneración democrática a sus estatutos y de facto a su quehacer diario.

Gracias a La Sexta, porque está abriendo su espacio a nuevas voces y colaborando de manera importante en esta nueva etapa política de España.

jaime trabuchelli

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