Del voto en blanco a la isla C´s. Huir del sectarismo (decimotercer trabajo de Hércules)

Es fácil. No hay más que querer que te quieran con un poquito más de intensidad que la que te ata a tu compromiso con la verdad, con esa verdad tan falible que es la propia, y aterrizamos en el sectarismo.

En esto de la política todo se acentúa un poco más, como en la religión, aunque parezca exagerado, y no hace falta acudir a las castas más envilecidas por el profesionalismo decadente. Basta no querer desagradar, asirse mínimamente a lo políticamente correcto para desviar el rumbo ya de manera muy significativa, y aterrizamos en el sectarismo.

El prejuicio está tan arraigado, los lugares comunes tan establecidos, los códigos tan cerrados y desactivados que la simple claridad, el análisis más aséptico se convierte automáticamente en algo revolucionario. Aquí aparece el héroe, Albert Rivera concluyendo el ignoto decimotercer trabajo de Hércules: la abolición del sectarismo.

yo – perdón por la falta de ortografía pero la prefiero -, muy lejos del mito, de la perfección absurda, del agarrarme desesperado a volcar todas las utopías propias y ajenas hambrientas de realidad a un pobre ser humano decente y lúcido, me encuentro a un joven aseado, fresco y brillante, de discurso extraordinariamente fluido y sencillo dando una suerte de conferencia-coloquio en el Hotel Ritz de Madrid ante una audiencia bien nutrida de verbos sueltos de la política y fuerzas vivas empresariales de nuestro país… Tacaño en aplausos y con tedio de años acumulado en infinidad de rollos infumables, el público asistente – en el que me incluyo – arranca en un aplauso entusiasta ante este fenómeno de 33 años – “Vaya 33 años” José Bono dixit, presente -. Lo había dicho todo y lo había dicho bien: lo repitió de dos o tres maneras distintas, pero el núcleo de su mensaje contenía más política y más futuro que todo lo que se había dicho en una tribuna política en España en los últimos 25 años. Era 2013.

Me afilié esa semana a C´s. A regañadientes – huyo del colectivismo -, dando dinero a un partido político – manda huevos -, pero convencido de que no podía hacer otra cosa: era un deber ético. A partir de aquí, el gran reto de huir del sectarismo, de aportar día a día un discurso, una opinión genuinamente equivocada y convencida y un ojo siempre abierto para no perder el rumbo mientras el otro trabaja en lo concreto, en lo del día o en el futuro.

Desde el exilio del voto en blanco me siento extraño en esta nueva isla de Ciudadanos que estamos amueblando, que ya llevan amueblando muy respetables y brillantes compañeros hace más de un lustro.

Deseadnos suerte, que la vamos a necesitar. Y vosotros también.

jaime trabuchelli


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